Sentía que cada vez nos sometiamos de cabeza a un mar de lava caliente, donde la temperatura subía a velocidades inimaginables y los deseos se volvían demonios peligrosos, imposibles de controlar. Sin embargo, nos separamos para volver al auto, debido al frío constante del bosque. Theodore encendió el auto y así, conteniendo lo agitado de su corazón, condujo de regreso a casa, dejando una de sus manos en mi muslo. En todo el camino mi corazón y mi cuerpo se contenían a las tentaciones de un espacio pequeño y cálido, donde el deseo brillaba como estrellas en nuestros ojos. La casa de mis padres estaba apagada ya, por qué era muy tarde e imaginaba que el pelinegro les había mentido de nuevo para no prepcuparlos. Y lo agradecía. Él era como mi complemento, hacia cosas que no me hubies

