Después de un segundo round inevitable en el baño, donde mis gemidos eran tapados por el agua de la ducha, este estaba masajeando mi cabello con el shampoo, mientras que yo cubría mi cuerpo con el gel de baño y después lo hacía en su cuerpo, delineando cada músculo. Me hacía babear como era de fornido, como si se hubiese vuelto un hombre de ensueño. Enredó sus brazos en mi cintura y yo hice lo mismo en su cuello, antes de volver a juntar nuestros labios en un beso. —¿Ya te había dicho que eres la mujer más hermosa que he conocido? —cuestionó en voz baja. —Desde que tenías diez —aclaré, levantando los hombros y este sonrió. —Al menos no te caben dudas. Me mordí el labio inferior, observándolo de igual manera que él a mí; como un tesoro precioso. Terminamos el baño y procedí a

