Capítulo veintiuno: Se acabó —Ambos habéis sido maravillosos. La voz profunda de María aún hacía que Brina apretara los dientes pero trató de controlarse y le sirvió a María el tercer limoncillo, ofreciéndoselo mientras ella estaba sentada en el sofá, con su melena negra cayéndole sobre los hombros y su abrigo lo suficientemente desabrochado como para dejar ver su escultural figura. Decir que Brina había visto más de María que Fabio en los pocos días desde el ataque de Ricardo era quedarse corto. María aparecía en la cocina mientras Brina intentaba concentrarse y luego desaparecía con Fabio para luego regresar a cualquier hora para contarle a ella los progresos de Ricardo mientras Fabio desaparecía para hacer algunas llamadas. Su matrimonio, si se le podía llamar así, había pasado la f

