Capítulo veintidós: Hora de la verdad Brina consiguió llegar al baño justo a tiempo para expulsar bilis, porque en su estomágo ya no quedaba nada más. El dolor en el abdomen iba de mal en peor y comenzaba a sentir fuertes punzadas por intervalos de tiempo. sintió el sudor frío recordarle la espalda. Algo iba mal. Tras aclararse la cara en el lavabo, Brina se miró en el espejo. Estaba totalmente pálida, pero en su interior sentía como si ardiera. Apoyó la mejilla contra el espejo y cerró los ojos en un intento por que la habitación dejase de dar vueltas y el dolor de estómago desapareciese. No podía estar perdiendo al bebé. La pequeña vida parecía que tomaba proporciones gigantescas. Decirle a Fabio que lo amaba sería más fácil sin llevar un bebé dentro, menos complicado sin tener que c

