Capítulo veintitrés: Corazón Roto Brina no podía ni mirarlo, no podía mirar al hombre que acababa de romperle el corazón. En vez de eso examinó la habitación, viendo los ramos de flores, el champán enfriándose en la cubitera, las velas encendidas y La Bohéme sonando por toda la sala, y finalmente miró donde estaba Fabio, con María a poca distancia, pues Fabio la había apartado de él rápidamente, pero no lo suficiente. La imagen de María en sus brazos, con la cabeza sobre su pecho, en el ambiente más hermoso de todos, se quedó en la cabeza de Brina para siempre. —He tratado de avisarle por el teléfono, señor. El italiano que empleó Vittorio fue rápido, pero no hacía falta ser Einstein para darse cuenta de lo que decía. Brina se quedó mirando sus caras de sorpresa y luego habló. —Lo cua

