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1111 Palabras
El lugar era inmenso, la música de Erasure sonaba en los gigantescos parlantes a un lado de la improvisada pista y diferentes jóvenes, en su mayoría desconocidos, iban llegando con entusiasmo y algarabía. Clara se aferró un poco más al brazo de su amiga María, mientras caminaban en medio de los desconocidos con la idea de encontrar algún rostro familiar. -Tranquila Clara, ya vi la batería en el escenario, seguro toca la banda de Esteban.- le dijo María al oído mientras levantaba su mano para saludar a sus compañeras del secretariado. Se acercaron al grupo de jóvenes, bastante parecidas a María. Llevaban el cabello ondulado, con reflejos dorados y un maquillaje suave que las hacía lucir profesionales, como si fueran azafatas de una línea aérea. Rosa bajó la mirada y de repente, su intento por parecer alguien con clase, pareció derribado por un misil. La frustración comenzó a crecer en su interior y antes de entablar conversación con aquellas cuasi modelos, decidió ir en busca de una bebida que apagara aquel ardor que comenzaba a sentir en su pecho. Ana por su parte, centraba su atención en los detalles. Se imaginaba cómo sería una crónica de aquel evento, pensaba cómo describiría el lugar y las expresiones de las personas que allí se juntaban. Amaba la profesión que había elegido, a pesar de lo difícil que le estaba resultando abrirse camino en el ámbito laboral. Había recorrido los diferentes periódicos y canales de televisión en busca de una oportunidad que parecían no estar dispuestos a darle. Era una chica normal, ni muy alta ni muy baja, de cabello castaño y ojos marrones. Si bien muchas veces habían destacado sus largas pestañas y su mirada profunda, nunca había oído más halagos que aquellos. Sin embargo no era su naturaleza darse por vencida, cuando había algo que quería, sabía como luchar por ello. María continuaba charlando con sus compañeras cuando un grupo de jóvenes se les acercó. Llevaban chombas de pique de una marca costosa y el cabello corto. Se movían con la seguridad de quien cree que puede conquistar el mundo y a juzgar por las risas nerviosas y las miradas al piso de las compañeras de María, lo estaban consiguiendo. Clara, desde su baja estatura intentó comentar algo, pero uno de los jóvenes habló sobre su voz y todos le prestaron mayor atención a él. Otro de ellos se adelantó al círculo en el que conversaban para tomar la mano de María en un intento de sacarla a bailar y Clara quedó de pie frente a su espalda con la sensación de estar de más. Si bien era una chica optimista, también era demasiado inteligente, de inmediato supo que no pertenecía allí y dio unos pasos hacia atrás para luego perderse en la multitud. Recorrió el lugar en busca de Rosa o Ana, pero tampoco las encontró, cansada de sentirse invisible decidió sentarse en uno de los extremos del improvisado escenario. Llevaba unos minutos allí, con sus pies comenzando a demostrar su dolor, cuando uno de los responsables de la seguridad del lugar la tomó del hombro para que dejara libre aquel espacio. Algo sobresaltada por aquella forma despectiva intentó protestar, pero el hombre ni siquiera la miró. -¡No podes estar acá!- le dijo una vez más con un tono autoritario. Clara se puso de pie y lo miró con el ceño fruncido y los puños apretados. -Me lo podrías pedir bien.- le dijo en voz baja, como si no tuviera el valor de decirlo realmente. El hombre ni siquiera la miró, pero había alguien más allí. -Está conmigo.- dijo una voz masculina, que Clara hubiera reconocido incluso en medio de aquel ruidoso espacio. Miró a Esteban y su gran sonrisa iluminó su rostro. Llevaba una campera de cuero negra y su cabello largo caía sobre los lados de su rostro. Le tendió su mano desde el escenario y ella no dudó en tomarla. Con un gran esfuerzo subió su pierna, forzando al límite su ajustado pantalón y agradeció que no se hubiera roto en el intento. -¿Viniste a vernos?- le preguntó Esteban alzando sus cejas con impaciencia al ver que no le respondía. Conocía a Clara del colegio, era la chica aplicada y alegre que siempre llegaba primera. Le producía una mezcla de ternura y necesidad de protección. No era su tipo de chica, él no era alguien a quien le importaran los demás y sin embargo en ese momento, verla sola, sentada sobre aquel escenario y siendo echada como si molestara despertó una especie de instinto protector que creía no poseer. Al ver que Clara continuaba sin responder colocó su mano en su cintura y comenzó a guiarla. -Podes vernos desde acá, si querés.- le dijo mientras prácticamente la sentaba en uno de los laterales sobre una de las cajas de transporte de instrumentos. Clara por fin reaccionó. -Gracias Esteban.- le dijo en voz baja pero depositando su mando sobre el brazo que la tocaba. -Stevie.- la corrigió él. Desde hacía unos meses ese era su apodo. -¿Stevie?- respondió ella sin poder evitar la carcajada. Cambiarse el nombre y sobre todo hacerlo por uno en inglés le parecía algo tonto. Se lo había intentado decir a Rosa, cuando pidió que la llamara Rose, pero con él no se atrevía. -¿Se puede saber que te causa tanta gracia?- le preguntó Esteban algo irritado. Su inteligencia lo había intimidado en el pasado, pero que se riera de él era demasiado. -Nada, nada. Gracias de nuevo, Stevie- le respondió ella intentando sonar seria. Esteban volvió a mirarla, aquella camisa le sentaba bien, sus generosos pechos se dibujaban debajo de la tela y la curvatura superior asomaba provocadora a través de los botones desabrochados. Era una linda chica, pensó y colocando su mano sobre su mejilla rosada, le regaló una caricia con su pulgar. -Me voy a tocar, si queres esperame y nos vemos cuando termine.- le dijo y sin esperar la respuesta desapareció entre los otros músicos para buscar su guitarra. Clara festejó en silencio, colocó una mano sobre la mejilla que él había acariciado y cerró sus ojos como si quisiera grabar aquel tacto en su memoria. Intentó buscar a sus amigas desde el escenario pero no tuvo éxito. Volvió a mirar a aquel hombre de seguridad y le envió un gesto de satisfacción. Se sentía poderosa, llena de valentía y esperanza. Todo lo que había soñado era poco al lado de aquella escena. Su amor secreto la había rescatado, la había acariciado y la había invitado a continuar luego. Se creía en las nubes y estaba dispuesta a continuar allí un largo rato.
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