Rosa prácticamente corrió hasta su casa. Con dificultad introdujo la llave en la cerradura y agradeció el hecho de que no hubiera nadie. Sin detenerse comenzó a sacarse la ropa hasta que llegó al baño. Aún con su ropa interior se metió en la ducha y dejó que el agua comenzara a mojarla. No sabía si era agua fría o caliente, sólo el sabor salado de sus lágrimas llegaba a sus labios para luego perderse el suelo. Con sus ojos cerrados y sus manos en la cabeza, sintió como el mundo se derrumbaba a su alrededor. ¿Qué había hecho? ¿Cómo la había dejado llegar tan lejos? ¿Cómo podía disfrutar algo así? Un remolino de sensaciones inundó su pecho. No entendía nada y de repente entendía todo. La forma en la que había reaccionado su cuerpo con un simple roce le confirmaban lo que siempre había est

