Soraya había conseguido que Rosa le mostrara sus pinturas. Aunque le había costado horrores escoger sólo dos, se había decidido por fin. Llevaba casi tres semanas yendo al estudio y creyó que era tiempo de hacerlo. Al principio había sido una especie de asistente. La ayudaba a recibir a los alumnos o a acomodar los atriles y de a poco se había animado a dar algunas indicaciones y hasta corregir con buen criterio algunos trazos. No quería admitirlo, pero su humor había comenzado a mejorar desde que asistía al estudio. Solían charlar largas horas. Al principio conversaban de arte. Sus intereses eran tan similares que podían debatir acerca de una pintura por largas horas. Luego fue de la vida, de los logros, de los sueños. No conversaba como con sus amigas, eran conversaciones con una cuo

