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1029 Palabras

Cata manejaba sin un rumbo claro. Sus ojos empañados no podían dejar de llorar, aún no había logrado recuperar el aire que sentía que faltaba en sus pulmones y la escena de su cuarto se repetía con insistencia en su mente, sin tregua, sin explicación, sin vuelta atrás. En ese momento pesó más de lo habitual que su familia viviera en Córdoba. Ella había crecido en el pequeño pueblo de Villa General Belgrano, a unos 80 kilómetros de la capital de la provincia. Había completado la primaria y secundaria en el colegio Alemán de la villa, lugar en el cual aún contaba con varios amigos. Pero ya en su último año, un proyecto de ciencias que ella había propuesto llamó la atención de la comunidad científica, cuando gracias a un concurso logró ser publicado en Buenos Aires. Entonces comenzó a recib

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