Cata casi llegaba a su departamento y aún no podía olvidar esa escandalosa mirada que Matías le había arrojado. Su mente le estaba jugando una mala pasada. Ella no era así. Estaba claro que se trataba de un hombre atractivo, recordaba haberlo visto un par de veces en el edificio, siempre impecable e inalcanzable, pero nunca había imaginado que podría entrar en su campo visual con otra intención. Sacudió su cabeza intentando evadir el calor que afloraba en su cuerpo al recordar su entallada camisa y estacionó su auto en la cochera del subsuelo. Pablo, pensó, no se merecía aquello. Subió en el ascensor y antes de cruzar el umbral de su casa se deshizo de los zapatos de taco bajo que solía usar para ir a trabajar. Las luces apagadas, con la penumbra instalada en el exterior llamaron su at

