La boda de Clara y Nacho fue planificada hasta el último detalle. Sus amigas eran las damas de honor y aquello sería algo que nunca olvidarán. Clara había reservado un pequeño hotel y las cuatro pasaron la noche previa a la celebración juntas. Como si el tiempo no hubiera pasado charlaron, rieron, bailaron sobre los muebles y se emocionaron. Tenían una hermosa amistad, de esas que se fundan sobre cimientos de amor verdadero, donde la premisa siempre es compartir. Recordaron tantos momentos juntas que fue la primera vez que Ana creyó que merecía la pena contar su historia, aunque luego pasarían años para que finalmente se decidiera a hacerlo, esa noche la recordaría como el inicio del cuento para siempre. Cuando se ama de verdad los lazos fluyen de manera natural, casi orquestados, com

