Un nuevo jueves las reunía, pero no era un jueves más. De repente la vida que tanto les había costado conquistar y que por muchos años les dio la satisfacción de compartir la felicidad de las cuatro al mismo tiempo volvía a recordarles que aunque las dejara jugar, siempre tenía la última palabra. El primer libro de Ana se había publicado y era un éxito. Llevaba dos ediciones y se estaba preparando su traducción a varios idiomas. Ana tenía esa capacidad, tan extraordinaria, de narrar los hechos para transportarte justamente hasta ellos. Por eso la mayoría de las mujeres se identificaban con alguna de las cuatro o con trozos de cada una y su historia se había convertido en la de muchas de ellas. Juan Manuel estaba tan orgulloso como siempre. La valentía de dejarlo todo por amor había val

