CAPÍTULO: El Umbral del Desastre El auto n***o se detuvo frente a una casona de piedra antigua,estaba con las ventanas cerradas y un aire sombrío colgando de la fachada. Ubicada en el corazón de Mirelda, pero parecía exiliada del tiempo. La pintura de las rejas se veía descascarada , el jardín estaba seco, y una única lámpara en el porche iluminaba de forma tenue el portón principal. Kael Draven descendió sin apuro. No vestía uniforme. Solo chaqueta negra, pantalón oscuro y botas de cuero. Pero cada paso que daba —seguro, firme, silencioso— anunciaba lo que era: el Rey, aunque nadie en esa calle lo supiera. Se acercó a la puerta. Golpeó dos veces. Esperó.Nadie respondió. Golpeó una tercera vez, más fuerte. A través del cristal vio una figura moverse, pero la luz no se encendió. —Dan

