CAPÍTULO: El Lobo Despierto El golpe en la puerta del despacho del Rey Kael Draven lo sacó de sus pensamientos. Desde el amanecer, el día se le había ido entre informes militares, reuniones estratégicas y documentos sellados con la urgencia del Reino. El reloj marcaba el mediodía exacto cuando Elías, su Beta, irrumpió sin pedir permiso. Llevaba un sobre sellado con cera roja. Su rostro tenso, la mirada baja, el pecho contenido. —Majestad —anunció con voz grave—. Llegó la correspondencia y es urgente. Esta no pasó por el Consejo. Me pareció importante traerla. La recibió Ramira hace una hora. Kael alzó la vista, frunciendo el ceño. —¿De quién es? Elías no contestó enseguida. Solo señaló el sello en el sobre. Cera roja. Cuervo blanco. Kael lo reconoció de inmediato. Márquez. Sinti

