―¡Dios mío! ―se ensombreció Lucia ―Tenía sólo veintiocho años. Si es verdad lo que decís, hagamos lo posible para recuperar su cuerpo, para darle una digna sepultura en una iglesia, aquí en su ciudad. ―Me ocuparé, Madonna. Es más, me he permitido ya dar las disposiciones al respecto. Pero debo añadir a la noticia un detalle que os pondrá todavía más triste. Parece ser que en una de las barcas estaba también el noble Franciolini. Si alguien en ese momento le hubiese dado una puñalada en pleno pecho quizás se hubiera sentido mejor. Sintió cómo su corazón se sobresaltaba, los latidos aumentar en frecuencia e intensidad hasta sentir las pulsaciones en las sientes. Sentía que se ahogaba, parecía que la voz no quisiese salir de su boca para pedir al marqués Angelo Colocci que siguiese. ―¿Andr

