Brielle al instante frunció el ceño, sintiendo una punzada de frustración ante la típica terquedad de Sadrac. —Debe hacerlo —replicó con firmeza—. Me da igual sus principios Volcaris, va a bailar conmigo, quiera o no ¿comprende? Lo va a hacer. —Mujer… —¿Ahora qué? Mire ya todos están bailando, somos los últimos que faltan —susurró Brielle con Sadrac todo tieso a su lado, sintiéndose exasperada. —No… no sé bailar —admitió Sadrac entre dientes, agachándose para que las palabras llegaran directamente a su oído. Aunque Brielle había escuchado a la perfección su confesión la primera vez, decidió hacerse la que no había oído para ver si él tenía el coraje de admitirlo una vez más. —¿Perdón? ¿Qué dijo? —preguntó Brielle con una fingida inocencia. Sadrac sintió una punzada de irritación ant

