Capítulo 11

884 Palabras
SALOMÓN Se me había hecho tarde, ya era hora de yo haber llegado al instituto. Rápidamente me movilicé para poder llegar a tiempo y así lo hice. Cuando llegué al aula a pocos minutos, recibí un papel en mano, al parecer era una nota de alguien. La abrí y leí lo que había escrito en ella. "Salomón necesito conversar contigo privado, búscame en el receso o en la salida. Atentamente: Veronika". Me quedé sorprendido al ver su nota y en mi mente divagaba interrogantes. Esperé ansioso durante el resto de las clases por querer saber que Veronika me iba a decir. En el horario del receso la busqué de inmediato y la vi comprando algo para comer, yo hice lo mismo y me dirigí hacia ella que se encontraba con algunos compañeros. Después de haber terminado ambos nos trasladamos hacia un lugar más privado. —Entonces, cuéntame Veronika. —Discúlpame, es que mi amiga Gabriela está empeñada en conocer a tus amigos. Por eso quise conversar en privado. Quiero saber como podré ponerlos en contacto. —Bueno —me rasqué la cabeza—. Mis amigos tambien preguntan por ella. —No es casualidad. —Dame el número de ella para ponerlos en contacto. Luego de aquello nos separamos y me trasladé hacia el aula, una vez allí le teclée a mis amigos. Ya en la tarde me encontraba en mi casa, de pronto mi hermana Martha llegó y cerró la puerta de una patada. Ni caso le hice y continúe arreglando algunas cosas en mi habitación, la vislumbré que se había acomodado en mi cama en silencio, entonces me molestó su silencio. —¿Por qué demonios has venido? —le pregunté de mala gana. —¿A caso no puedo entrar idiota? —me refutó. —Si no vas a hacer nada, preferiría de que te marcharas. ¿Está claro? —le dejé bien en claro. —Sácame aburrido. En seguida la miré mal, decidí abandonar mi habitación pero ya casi abriendo la puerta, sus palabras me detuvieron. —Salomón espérate —me llamó ella. Pero no le hice caso y continúe avanzando. Percibí la presencia detrás de mí y me topé con su cuerpo en la sala de estar. —¿Por qué no le regalas a tu novia el splash que tienes guardado? En seguida me enfurecí más de la cuenta. Mi hermana se había atrevido de indagar entre mis cosas. —¡¿Cómo te atreves?! —le reclamé furioso—. No quiero volver a verte en mi habitación. Ella me miraba confundida. —¿Hermano por qué te enojas? —Eso no es asunto tuyo, atrevida. Y de inmediato retorné hacia mi habitación, recordando el atrevimiento de mi hermana. Coloqué seguro a la puerta para que nadie me molestara. En la hora de la noche escuché que alguien tocaba a mi puerta, me movilicé para abrirla y me topé con mi novia Raquel. Nos quedamos mirándonos como dos idiotas hasta que ella misma rompió el silencio. —¿No vas a hablar? —¿No vas a hablar? —le repetí su misma pregunta. —Eres un idiota —masculló ella y luego rodó los ojos. Respiré frustrado. Yo quería estar solo pero Raquel rompió el silencio y mi estabilidad. —En serio Raquel. Hoy no estoy para nadie así que te pediría el favor de dejarme solo —le pedí sin intenciones de herirla o molestarla—. Si quieres quédate conversando con mi hermana o mi madre. Ella me miraba confundida. —De acuerdo —dijo al fin y cerré la puerta de mi habitación. Pude meditar y respirar por unos minutos hasta que escuché que alguien tocaba la puerta de mi habitación. Me movilicé sin ganas a abrir la puerta y era Raquel quien se encontraba en frente de mí, en seguida ella se me tiró encima y me abrazó. Aborrecí ese momento pero decidí tener paciencia con ella y la dejé adherida a mí. Por un momento sentí lástima. Ella era mi novia y yo no la amaba. Pensé terminar nuestra relación pero decidí esperar un tiempo más. Luego sin darme cuenta ya nos estábamos besando, terminamos haciendo el amor. Al día siguiente William y Jonathan me tenían harto, querían que saliéramos juntos, y para sumar querían que Veronika fuera, les advertí de que la dejaran fuera de liga. Al final según ellos aceptaron. Me dejaron en paz. En la noche cuando yo iba a ir a cenar, mi hermana volvió a acercarse a mí y supuse con que intención. Por si acaso la miré mal, pero ella no tuvo la intención de hacerme caso. —Y cuéntame hermano... —me pareció inoportuno e impertinente—. ¿Por qué no me cuentas sobre ti? —la miré extranado—. No soy estúpida. Puedo percibir de que estás enamorado de otra persona. A mí tú no me engañas. Podrás engañar a tu novia pero a mí no. Me quedé neutral observándola, pero yo no iba contestarle a ella y mucho menos a darles explicaciones de mi vida. —No pienso contarte nada. Y puedes pensar lo que quieras. Después de ahí no hubo más palabras entre nosotros, cada quien se sirvió la cena, e incluso mi madre no habló mucho esa noche.
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