Prólogo
VERONIKA
Me encontraba muy emocionada y satisfecha de mí misma por haber logrado ciertos logros en mi vida, y lo último que me faltaba era realizar mi maestría en Alemania. Gabriela se movía de un lugar a otro desesperada y gritándome cosas para que yo no me fuera, pero era inútil de su parte y entendí en el fondo su desesperación. En el fondo yo sabía de que nos íbamos a hacer falta una a la otra, pero no era para tanto drama, e incluso le sugerí de que se viniera conmigo, pero ella se negaba.
—Estás loca, Carolina. Definitivamente. ¿Acaso quieres ligarte un alemán?
Me reí inmediatamente al es luchar sus ocurrencias.
—Obvio que no, tú sabes muy bien de que yo amo profundamente a mi novio Osman.
—Por lo tanto, tú no debieras de marcharte. Y dejar todo atrás. Además, tú puedes cursar la maestría aquí, y no tienes necesidad de viajar a otro país.
Rodé los ojos fastidiada. El mismo dilema de siempre, ya era un hecho de que yo me iba a marchar.
—Sólo te voy advertir una cosa, evita rotundamente a Ken.
Volví a reír.
—Obvio, Gabriela. Ya investigué sobre él; sobre todo en sus r************* , leí noticias en diversas páginas y de hecho que es un desastre totalmente. Pero muy guapo.
—Guapísimo amiga, no sabes como me gustaría pasarme un día con él —se mordió los labios Gabriela, Ken era definitivamente una verdadera tentación—. Pero en serio amiga —suspiró apasionadamente—. Lo digo porque no creo que tú vayas a resistirte a aquella tentación —suspiró de nuevo.
—Lo intentaré, Gabriela. De verdad que sí —dije entré dientes cansada de lo mismo.
De hecho el Ken era muy guapo y sexy. Pero su vida personal muy desastrosa. Él era un rico empresario, diseñador y actor alemán muy famoso.
—¿Qué crees que haríamos tú y yo en Alemania? —cuestionó Gabriela luego de haberse sentado en el mueble tranquilamente—. Me imagino tú y yo de cazadoras en aquel país conquistando a hombres guapos.
—¿Todavía piensas en desacatarte? —le pregunté sonriente—. Según tú; ibas a dejar de estar con muchos hombres para concentrate en uno sólo.
—A ver Veronika —pausó y me miró fijamente—. Yo no pienso dejar de vivir sabiendo que la otro parte no quiere poner de su parte.
—Como tú digas —finalicé.
***
Varios días después...
Ya me encontraba en el aeropuerto de Francia, haciendo tránsito para llegar a Alemania y la fila estaba bien larga. Me acomodé detrás de un sujeto que se encontraba discutiendo por el móvil, se movía constantemente y decidí permanecer no muy cerca de él. Me di cuenta de que habían mujeres que se quedaban mirándolo maravillada. Al parecer era guapo. De un momento a otro él se movió de una manera que quedó frente a mí con el móvil en la mano, me topé con una sorpresa de quien se encontraba en frente de mí.
«Wow, esto no puede ser». «Pero que guapo».
Nada más y nada menos que a Ken. Lucía verdaderamente muy sexy, tenía un lindo arete en la nariz. No me lo esperaba. Él tenía una gorra roja y llevaba el pelo suelto. Nos miramos por unos segundos, no pude negar de que en seguida mis fluidos empezaron a salir de mí y mi cuerpo se calentó tan sólo por aquella mirada, hasta que él mismo rompió el silencio.
—Disculpa —pronunció, luego se giró y continuó conversando.
Era increíble íbamos a tomar el mismo avión rumbo a Alemania, y le rogué a Díos por qué él no se sentara a mi lado. Todo marchó bien durante el transcurso del viaje, cuando llegué a Alemania inmediatamente me movilicé hacia el hotel que yo había reservado, luego me desplacé por la ciudad y me movilicé para comprar un móvil.
En la noche le escribí a Gabriela y a mi novio ambos me reprochaban por lo mismo. Pero yo obviamente los ignoraba, iba a permanecer por dos años estudiando en Alemania. Por el momento decidí no contarle a Gabriela sobre lo de Ken, porque sabía que ella de iba a alarmar.