39

1943 Palabras

CAPÍTULO 39 —No puedo salir de aquí sin bragas —indico con la molestia que se me había perdido hace mucho ya, a lo que él me observa durante lo que se siente como un rato largo para reír y besar mi nariz que se arruga al decir mi sentencia. —¿Sabías que arrugas la nariz y se te pone rojo hasta el cuello cuando estás avergonzada o intimidada? Desde muy pequeña. Te he visto hacerlo algunas raras y contadas veces a lo largo de los años, porque a ti nada te ha vergüenza, Abigail. Ven aquí. No te vas a escapar de tu castigo. Entrelaza sus dedos largos en los míos para guiarme a la salida de ese callejón. Su mano envuelta en la mía sube los decibeles de mis nervios, la sensación escasa me causa infinitas sensaciones indescriptibles. Calmate, Abigail, sólo ha entrelazado su mano con la tuya.

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