CAPÍTULO 38 La acumulación de abruma golpea en mis nervios, como si el mundo se me viniera encima en un colapso sísmico, asimismo, tiemblo aun con las placas tectónicas en su correcto lugar. El problema soy yo, que estoy aturdida ante lo inesperado. Es demasiada información para procesar. «No he dejado de pensar en ti desde que te vi llegando a la ciudad, aceleré para irme al aeropuerto.» De repente, todas las piezas empiezan a encajar en su lugar, fue por eso que llegó tarde a mi fiesta de cumpleaños. «Dejé que besara donde besaste tú en un desesperado intento de borrar tu rastro pero sólo lo intensificó. No pude besarla. No pude tocarla. No pude poseerla.» ¿No… pudo? «¿Te has puesto la lencería que te compré para venir a ver a Al Naimi?» ¿Ha sido él? Lo había olvidado, agradezco

