CAPÍTULO 41 Bostezo abriendo mis ojos dando bienvenida al maravilloso día porvenir sin nimiedad de sueño restante como lo es usual en mi desgastado sistema ajetreado todos los días, en esta aislada ocasión, no tengo mi cara somnolienta. Me atrevería a deducir que no seré dependiente del café para mantenerme de pie, he descansado lo suficiente. Como si la luz solar fuera adivina sobre nuestra conversación antes de sumirnos en el sueño, entra por los ventanales abiertos dando la bienvenida a las, ¡¿Dos de la tarde?! Ese reloj en la mesita ha de estar averiado. Recién despierta y ya me llevo mi primer sobresalto, quisiera decir que tenía años sin dormir tanto, lo cierto es que nunca lo había hecho. Una sensación de abandono me posee, volteo para encontrar la soledad desesperanzada entre las

