Al día siguiente Matt despertó con el sonido estridente de su alarma, como lo hacía cada día desde que su hija Paula nació, hace exactamente cinco años. Se levantó de la cama con cierta pesadez, pero con la determinación de comenzar el día de la mejor manera posible. Caminó hasta el baño y se preparó mentalmente para el ritual que llevaba a cabo todas las mañanas: un baño de agua fría.
Mientras el agua fría golpeaba su cuerpo esculpido por los mismos dioses, Matt cerró los ojos y dejó que la sensación revitalizante lo invadiera por completo. Cada chorro de agua parecía despertar sus sentidos y purificar su mente. Durante esos minutos en la ducha, Matt encontraba un momento de paz y claridad antes de empezar con las responsabilidades del día.
Después de secarse y vestirse, Mat bajó las escaleras y se dirigió a la cocina, donde ya lo esperaba Paula con una sonrisa radiante. Era increíble cómo esa pequeña niña podía iluminar su vida con solo una mirada. Matt la abrazó con ternura y le dio un beso en la mejilla antes de sentarse a desayunar juntos.
—Papito, buenos días, te estoy esperando para que me hagas un hermoso peinado— la princesa ordena y el hombre de traje obedece.
—Vamos, quédate quieta y ya empiezo— nadie podría creer como ese hombre guapo y con rostro serio hiciera tan hermosos peinados a su hija.
Susana, la única mujer que puede estar dentro de casa, una mujer mayor que se encarga de ayudar a Matt con el cuidado de la pequeña en casa, suele reírse a escondidas cuando observa al señor de la casa tan atento y dominado por una niña tan pequeña y adorable.
Mientras tomaban el desayuno, Matt reflexionaba sobre lo afortunado que era de tener a Paula en su vida. Ella había llegado en un momento en el que él se sentía perdido, y con su llegada, todo había cobrado sentido. Paula era su razón de ser, su fuente de inspiración y la luz que guiaba sus pasos en el camino de la vida.
—Listo princesita, ahora juntos al colegio— Matt le ofreció la mano a la niña y se despidieron de Susana, ellos subieron al auto y Matt se aseguró que el cinturón estuviese bien abrochado antes de conducir.
La princesita de papito se estaba preparando para su primera pregunta.
—Papito, ¿puedo hacerte una pregunta? — mirándolo por el espejo retrovisor.
—¿Qué pregunta tienes en mente? — Matt se preparó, pero jamás podía estar seguro de lo que ella pudiese preguntar, a veces piensa que es más madura para la edad que tiene.
—¿Puedo tener una fiesta de cumpleaños? Lo prometiste la última vez— con ojitos de gatos espera la respuesta de su padre.
—Tengo una sorpresa preparada para ti, es algo especial y debes de confiar en papá— sin tener nada planeado aún, Matt evitará cualquier contacto con aglomeraciones de personas, buscara un lugar más tranquilo para su hija y para él.
—Está bien papito— Paula siguió en su mundo de fantasías, ella solo tiene una meta este año, y es pedir su gran deseo a la velita que le traerá un año más de vida.
Al llegar al colegio Matt como todo caballero ayudó a bajar a su pequeña princesita y la dejó en la puerta con un enorme beso en la frente, Paula amaba el ritual diario con su padre.
—Anda papito, ya estoy grande y puedo entrar sola— Paula demandaba su confianza plena, pero hasta no verla dentro del colegio, Matt no estaba tranquilo.
Los niños miraban a Paula con desprecio, siendo ella una niña muy poco comunicativa con el resto, a ellos no les gusta ver que ella sigue siendo llevada a la puerta del colegio y a la salida por su padre, mientras a ellos los siguen enviando con un chofer.
—Buenos días Paula, toma tu puesto por favor— la persona a cargo de llevar a cada uno de los pequeños a sus aulas, recibe a Paula con mucha educación, la admira por su madurez.
Paula levantó su rostro y asintió mientras obedece a la mujer, ella busco su lugar en la fila, un año en ese colegio y aún no ha tenido ni un solo amiguito, los niños son groseros y no quiere que su papito la regañe y a las niñas no les gusta compartir con ella, sin embargo, sigue bien feliz cada día.
Siendo guiada, Paula camino despacio hasta llegar a su puesto, ella dejó encima de la mesa su estuche de princesas con su libro, sentada con una postura adecuada, ella trata de ignorar las miradas de los demás niños.
—Por favor abran la página 31— la maestra indica y los niños empiezan su primera clase.
A ella le gustaba la escuela aun cuando no tiene amiguitos, el momento más difícil es el receso, Paula empezó a trabajar hasta que el timbre sonó, ella suspiro antes de cerrar su libro y guardar todo dentro de su mochila, los niños corrieron hacia el parque, ella también quería jugar, pero sin correr.
Un área de juegos era el parque en donde los niños estaban corriendo de un lugar a otro, Paula se asomo su pequeño cuerpo y sus ojos brillaron con emoción, trató de unirse a los grupos de niños, pero por más que les hablaba, ellos preferían ignorarle y darle la espalda, ella decidió moverse a un lado y solo observar, un niño que siente molestia al ver como su padre la lleva y la trae, decidió que querían empezar a molestarla.
—¿Qué haces ahí muñequita? Vamos muévete—
Paula lo miró con molestia y decidió ignorarlo dándole también la espalda, pero no fue una buena decisión, ya que el niño le apretó con fuerza el brazo y la hizo voltear.
—Te estoy hablando—
Paula lo miró con molestia, ella se volteo con fuerza hasta soltar el agarre, pero el niño más grande decidió volver a sujetar, haciendo que ella reaccionara y con su mano le arañará el rostro, Paula al darse cuenta en lo que había hecho se colocó sus manos sobre su boca, mientras que el pequeño empezó a gritar del dolor, una cuidadora se acercó y se sorprendió por lo sucedido, llevando a ambos niños a dirección, Paula abrió sus ojos de par en par al escuchar a la directora hablar.
—Llamaré a tu padre ya mismo—
Matt estaba en una reunión muy importante, esta llamada lo interrumpirá, Paula empezó a llorar, su papito se molestaría con ella.