CAPÍTULO TREINTA Y CINCO Oliver miró dentro del pozo de las visiones. Era oscuro como boca de lobo y no podía ver el agua al fondo. —¿Estás seguro de que lo quieres hacer? —preguntó Ester, mirando del sombrío agujero hacia él. Él asintió. Estaba seguro. —es la única forma de salvar la escuela. Ester alargó la mano y le frotó el brazo con ternura. —Te estaremos esperando. Oliver se subió al muro de ladrillos que rodeaba el pozo. Se quedó quieto por un instante para calmar los nervios. Después saltó. De inmediato, Oliver se sumergió en la oscuridad negra como el carbón. Su pelo volaba por todas partes mientras el viento rugía en sus oídos. Estaba cayendo muy rápidamente, tan rápido que hacía que el estómago se le revolviera. El corazón le iba a un kilómetro por minuto. Entonces impa

