CAPÍTULO TREINTA Y CUATRO Chris marchaba por el callejón. Sus nuevos amigotes le seguían. Se sentía genial. Más poderoso que nunca. Había puesto clara y verdaderamente en su lugar a Malcolm. El chico andaba dando largos pasos con una cara como si hubiera chupado un limón. Pero cuando llegó al final del callejón por el que Oliver había escapado, se detuvo y miró a su alrededor. El camino seguía por dos direcciones diferentes. —¿A dónde vamos ahora? —preguntó. —¡Por allí! —dijo de golpe la chica pelirroja que había arbitrado su duelo con Malcolm. Se adelantó corriendo y cogió algo del suelo. Parecía una horquilla. Una horquilla de pelo de chica. Una que, evidentemente, no se había inventado en la época en la que estaban actualmente. —Esto es de ellos —dijo la chica pelirroja—. Deben de

