La noche ya era avanzada, la música se había convertido en un murmullo de fondo y la vela de coco-clavo parpadeaba débilmente desde la mesita. La última ronda de locura había sido una manicura y pedicura improvisada en la que Freya insistió —sin negociar— en pintarle una sola uña del pie a Alexander “por estilo”. —Esto es humillante —había dicho él mientras ella sostenía su pie con cara de concentración quirúrgica. —Es adorable —respondió ella—. Tienes dedos CEO, jamás habían tocado una lima de verdad. —Voy a demandarte. —Primero tendrás que alcanzarme. Spoiler: no puedes correr. Risas. Sarcasmo. Un par de chispas en el aire. Cuando la pedicura terminó y el ambiente ya olía a menta, lavanda, y rendición emocional, Freya simplemente se dejó caer en el sofá, con los pies sobre una mant

