CAPITULO 64

1183 Palabras

Mientras preparaba el desayuno, Alexander la observaba. El ritmo. La forma en que hablaba sola mientras cocinaba. El desorden con propósito. La vida que parecía emanar de ella cuando tenía algo en las manos… algo que no fuera dolor. Y por un segundo, pensó: Quiero más de esto. No solo hoy. No solo en este desayuno. Siempre. —¿Vas a quedarte por más tiempo? —preguntó de pronto, sin filtros. Freya no respondió al instante. Solo giró un poco, con la sartén en mano y una sonrisa traviesa. —Depende. —¿De qué? —De si me dejas poner reggaetón mientras te doy de desayunar… y de si me dejas pintarte la otra uña esta noche. Alexander bajó la mirada… y sonrió. —Trato hecho. Freya encendió el altavoz. Sonó Bad Bunny. Y ese desayuno… fue el primero en mucho tiempo que no supo a rutina.

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