Residencia Dorne, Holstein. Jardín lleno de flores y promesas pequeñas. Hoy no lo perdoné. Pero lo escuché. Lo vi. Y eso, honestamente, ya es más de lo que pensé que haría nunca. No sé si esto va a funcionar. No sé si él va a aguantar el ritmo. No sé si yo voy a querer quedarme cuando esto se vuelva real. Pero hay algo nuevo en el aire. Una especie de calma. No la que da el olvido… sino la que nace cuando decides que no vas a pelear todo el tiempo. Hoy le di una taza de café. Le permití caminar a mi lado en el jardín. Le dije mi flor favorita. No fue una cita. No fue una promesa. Fue una migaja. Pequeña. Irónica. Intencional. Si quiere volver a encontrarme, tendrá que seguirlas todas. Y no perderse en el camino. Día uno terminado. Día dos… por escribir. DÍA DOS – 7:4

