El pelimenta se removió incómodo en la silla de la sala de espera, habían llegado hace un par de minutos y habían entrado por urgencias. Aún no sabía nada de la chica y eso comenzaba a preocuparlo. Por otro lado a la adolescente sentía que estaba prácticamente en un interrogatorio. — Puedes contarlos lo que ocurrió ¿él te golpeó? — preguntó una enfermera y la menor sólo frunció el ceño y rodó los ojos fastidiada. — Ya les dije que no ¿Qué les importa que me paso? ¿Cuando me puedo ir? — Habló a la defensiva cruzándose de brazos. Los enfermeros se vieron entre ellos con una mirada vacilante y luego voltearon a ver nuevamente a la menor. — Necesitamos llamar a tu tutor, tus padres, hermanos o algún familiar. — Explicó ahora un chico y Leila chasqueo la lengua con fastidio, sorprendiendo

