Capítulo 1
Alice Smith
Me desperté por el estruendoso ruido de la alarma, tanteé sin abrir mis ojos la mesa de noche hasta que pude apagar lo que estaba martillando mis oídos.
Me reincorpore y me tome la cabeza con las manos al sentir un mareo y una punzada de dolor. Sabía que no tenía que haber bebido tanto.
Respire profundamente unas cuentas veces y como si fuera rutina saqué unas pastillas que estaban en un frasco de chicles de menta. No me quiero imaginar la cara de mis padres si se enteraran que casi todos los días ocupo una pastilla para la resaca y para dormir.
Coloque la pastilla en mi boca y la trague sin mucha dificultad.
Me levante de la cama y suspire pesadamente mientras arrastraba mis pies hasta la ventana, tome los extremos de las cortinas y las deslicé dejando que la luz natural inundara todo el cuarto. Cerré los ojos momentáneamente disfrutando los cálidos rayos del sol contra mi piel, bufé y a regañadientes fui a mi armario, como si estuviera programada para hacerlo tomé las prendas que mi madre la noche anterior había acomodado y planchado minuciosamente.
Sí, tengo 19 años pero mi mamá aún sigue escogiendo mi ropa como si tuviera 8, irónico ¿no?
Luego de haberme dado una buena ducha y hacer mis necesidades me coloqué las prendas con algo de cuidado para no arrugarlas, que en realidad consistía de un vestido floreado con una chaqueta de mezclilla, acompañado de unas zapatillas con algo de tacón. Y no es que desagradara por completo el estilo, pero joder, vestir lo mismo todos los 365 días del año me hacía aborrecer cada cosa que se relacionara con flores o colores claros.
Le eche un vistazo a la hora, más por costumbre que por otra cosa, sabía que tenía tiempo de sobra, siempre me aseguraba de eso, levantarme dos o tres horas antes de la hora de entrada no era algo nuevo para mí.
Me hice un maquillaje sencillo y me rocié un poco de perfume, me asegure de que todo estuviera en su sitio y perfecto antes de salir.
Perfecto... Creo que esa palabra sería un excelente antónimo para lo que en realidad soy.
Hice un mohín con mis labios cuando mi celular recibió una notificación, de mala gana lo tome, pero al ver que era un mensaje de Sam, mi hermano, una sonrisa se formó en mis labios.
"Buenos días princesita ¿Qué tal esa cabeza? Te advertí que no tomarás demasiado"
Aunque pareciera que me estuviera riñendo estoy segura de que internamente se está burlando de mí, pero vamos, un idiota casi le choca con mi moto, si no hubiese tenido el suficiente alcohol en mi sistema lo hubiese estrangulado ahí mismo.
“No es tan malo, puedo soportarlo.
Ahora mismo tengo que ir a la universidad, nos vemos hoy en la noche ¿De acuerdo?
¡Y te dije que dejarás de llamarme princesita!”
No espere respuesta y tome la mochila que la noche anterior había preparado para que no faltara nada y estuviera todo en orden.
Vaya, primer día de universidad, lo que significa volver a ver a niños mimados que solo son tus amigos base a cuanto dinero tienes en el bolsillo con los cuales mantengo una "amistad" solo para mantener las apariencias.
Oh y claro no podemos olvidar que voy a estudiar algo que no me interesa en lo más mínimo.
Y es que ¿Administración de empresas? ¿Es enserio?
Igualmente si iba en contra de los deseos de mis progenitores no me iba a ir muy bien, de igual manera estudiaría eso me gustara o no, así que prefería no gastar energía refutando algo, al fin y al cabo soy Alice la hija perfecta que nunca iría en contra de lo que decidieran sus padres ya que es lo mejor para ella, ¿no es así?
Una carcajada amarga brotó de mi garganta y de pronto unas ganas de vomitar me inundaron.
Respire profundamente y sin ponerme a pensar en algo más realmente salí de mi habitación en dirección al comedor, donde estaba Edward, mi padre tomando una taza de café mientras leía un periódico, por otro lado Emma, mi madre terminaba de preparar el desayuno.
La escena fue tan cliché que un nudo se instaló al fondo de mi estómago.
Pero sin aparentarlo entre a la cocina con una sonrisa deslumbrante.
— Buenos días, mamá y papá — saludé.
— Oh buenos días cariño, estás hermosa como siempre. — Hablo mi madre y oculté en lo más profundo de mí ser el hacer una mueca.
— ¿Estas lista para tu primer día? — Pregunto esta vez mi padre quitando la vista de su periódico para verme a mí.
— Por supuesto ¡estoy emocionada! — exclamé y solté una pequeña risilla que hizo que mi padre relajara un poco su ceño fruncido.
Fingí ver mi reloj y puse una cara se sorpresa.
— ¡Oh!, Mira la hora que es, creo que es hora de que vaya marchando.— Dije con fingida prisa, aún faltaba casi una hora para entrar pero quería salir de allí ahora mismo, por alguna razón ese día se sentía todo más incómodo y falso que se costumbre.
— Pero no tocaste tu desayuno. — refutó mi madre con cara de preocupación.
Preocupación.
Ja, por supuesto.
— Me comprare algo de camino hacia allá, en verdad tengo que ir, es mi primer día. — insistí haciendo un puchero.
— Está bien cielo, cuídate. — Termino por acceder mi madre.
Asentí sonriendo y agite mis manos en señal de despedida y les lancé un beso volador.
Mi padre rio y agito su mano imitando mi acción.
Me encamine al estacionamiento y me subí a mi Audi blanco, deje caer mi cabeza contra el volante y un gemido de dolor salió de mis labios.
— Patética, jodidamente patética. — Gruñí.
Suspire mientras colocaba la llave en la abertura para encender el auto. Cuando el ronroneo del motor llegó a mis oídos cerré los ojos momentáneamente.
— Solo aguantemos un poco más, solo un poco...
[...]
Llegue a la universidad unos 20 minutos antes de la hora de entrada y en realidad no había casi nadie o al menos en la parte de afuera. Así que por una parte me sentí aliviada de poder disfrutar mi desayuno en paz.
Salí del auto y me di un sorbo a mi café y un mordisco a mi sándwich que había comprado de camino aquí. Giré mi cabeza hacia los costados mientras buscaba donde sentarme.
Encontré una banca y me dirigí con tranquilidad hacia ella, me senté y mis pies quedaron colgando levemente ya que la banca era algo alta (por no decir que quizás yo era bajita) balanceé mis pies levemente mientras disfrutaba de la tranquilidad del día.
Tome otro sorbo de mi café y un suspiro de satisfacción salió de mis labios cuando sentí el dulzor del mismo en mis papilas gustativas.
Pero antes de poder seguir disfrutando de mi café unos zapatos deportivos algo desgastado se cruzaron en mi campo visual, fruncí el ceño levemente mientras levantaba mi mirada.
Y lo que vi me dejo sin aliento.
El chico que estaba delante de mi podría medir fácilmente más de 1.80, unos cuantos mechones castaños caían rebeldemente por su frente dándole un aire despreocupado, sus ojos esmeralda me miraron fijamente y sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo, haciendo que no pudiera seguir analizándolo.
— Disculpa que te moleste pero creo que me acabo de perder, y supuse que tú estudiabas aquí. — hablo y note que sus mejillas se tiñeron de un leve rosa haciendo contraste con su pálida piel.
Su cambio de actitud hizo que mi estómago se cerrara, hace literalmente dos segundos su mirada me dejó helada ¿Y ahora se sonroja?
Intentado ignorar eso me puse de pie y pase mis manos por el vestido quitando las pocas migajas de pan que pudieron haber caído allí.
— Por supuesto, ¿a dónde te diriges?— pregunté sonriendo mientras tomaba en empaque del sándwich que ya había comido y lo tiraba en la papelera que estaba allí cerca.
— A lo oficina del directo, en verdad muchas gracias ¡Mi nombre es Jake por cierto!— Sonrió haciendo que sus ojos se cerraran levemente y unos bonitos hoyuelos salieran a la vista mientras estiraba su mano en forma de saludo.
Y por un momento juré sentir mis mejillas calientes. Seguramente es la resaca, sí.
Sacudí un poco mi cabeza y estreché mi mano con la suya dándome cuenta que su mano era mucho más grande que la mía.
— Mi nombre es Alice, un gusto.
— Alice, lindo nombre.
Un cosquilleo recorrió mi estómago y sentí mis mejillas aún más calientes.
Creo que me voy a enfermar.
Retire mi mano de la suya y le hice una seña para que me siguiera. Comencé a caminar a la entrada mientras él estaba caminando a mi par, cuando más nos adentrábamos a las inmensas instalaciones más estudiantes se comenzaban a ver, algunas caras conocidas me saludaban y otras simplemente se me quedaban mirando.
Seguí caminando importándome poco las miradas que la mayoría me daba.
Pero hice una mueca al darme cuenta de que las miradas y los susurros no iban dirigidos exactamente hacia mí, si no hacía el chico a mi costado.
Voltee a verlo y tenía su cabeza gacha mientras tomaba las correas de su mochila tan fuerte que sus nudillos empezaban a verse blancos.
Y por primera vez me di tiempo de examinarlo, ahí fue cuando me di cuenta de porque todas las mirada despectivas iban hacia él. Primero se notaba que su mochila no era precisamente nueva, su ropa era de lo más sencilla, nada ostentoso.
Y extrañamente el desentonaba en todo el lugar, pero ¿Por qué?
De pronto un recuerdo llegó a mi cabeza, más que un recuerdo las palabras que me dijo mi madre unos días antes.
— Escuché que este año entro un becado ¿Puedes creerlo? Es una universidad de alto prestigio y un pobretón logro entrar— Hablo mi progenitora con una mueca — No te quiero ver cerca de el en lo más mínimo ¿Entendiste Alice? Ese tipo de personas no están a nuestro nivel...
Un jadeo se quedó atascado en mi garganta y volteé nuevamente hacía Jake y me di cuenta de lo cohibido que se veía, ya no quedaba rastro del tímido pero intimidante chico que me pidió ayuda.
Las ganas de golpear a todos los que estaban soltando risillas y comentarios para nada disimulados me empezaron a consumir lentamente. Puse mis manos en puño sintiendo como las uñas empezaban a clavarse en mi piel, un leve ardor se centró en estas pero no le preste demasiada atención y respiré pesadamente intentando calmarme.
Me repetí mentalmente que eso no era de mi incumbencia y que no iba a lograr nada bueno formando un escándalo sobre eso.
Apresure el paso observando como al pasar de los minutos más personas empezaban a aparecer en los pasillos, un gruñido de frustración se quedó atorado en mi garganta.
Cuando vi la oficina del director pude respirar en paz, le hice unas señas a Jake para que entrara y me despedí de él sacudiendo mi mano mientras le reglaba una breve sonrisa.
Jake abrió su boca al parecer queriendo decir algo, pero la volvió a cerrar y bajó su cabeza mordiéndose el labio, limitándose a tocar la puerta de la oficina.
Pase una mano por mi azabache cabello perfectamente peinado y suspire, espero que no la pase tan mal, parece un muy buen chico...
Me di la vuelta y estaba a punto de salir de allí cuando la voz del director llegó a mis odios.
— Oh, Alice querida ¿Cómo estás?— preguntó.
Tense la mandíbula y cerré por un momento mis ojos, aquí vamos. Me volteé hacia el señor delante de mí y le sonreí.
— Señor director, buenos días, estoy muy bien gracias por preguntar. — Respondí aun manteniendo la sonrisa en mi rostro.
— Vamos, sabes que no hacen falta tantas formalidades, por cierto ¿ya que estás por aquí me podrías hacer un pequeño favor?
No.
— Por supuesto, ¿Que necesita?
Genial.
El director sonrió, tanto que por un momento pensé que le estaba dando una parálisis.
— Él es Jake, es nuevo aquí, me gustaría que le dieras un recorrido por la universidad, porque quien mejor que tú para hacerlo. — Explicó guiñando el ojo.
Desagradable...
Mire a Jake y al ver su expresión me dieron ganas de reír, estaba mirando al director con los ojos muy abiertos mientras que este lo ignoraba manteniendo su atención en mí.
— Ya veo, claro no hay problema director. — Accedí.
No creo que fuera a haber mucho problema en verdad, claro siempre y cuando no tuviera a cientos de estudiantes cuchicheando y tirándole miradas desagradables a Jake.
Eso por alguna razón me hacía sentir incómoda también a mí...
El castaño me miró con confusión al principio para después bajar su cabeza, pero eso no hizo que pasara desapercibido su leve sonrojo.
Tierno.
Fruncí el ceño por mis pensamientos pero rápidamente relajé mi semblante esperando que ninguno allá visto eso.
— Perfecto, verás ahora mismo tengo una reunión así que me tengo que ir, aquí están dos pases para saltarse la primera hora de clases, sé que los vas a utilizar bien. — Sonrío y me entrego dos pedazos de papel que vendrían siendo los pases.
— No se preocupe señor, ¡tenga un bonito día!— Me despedí con una sonrisa viendo como desaparecía por los pasillos.
Cuando desaprecio de mi campo visual mi sonrisa calló y solté un bufido, bueno saltarse la primera hora no suena tan mal, pero si mi madre descubría que me salté la primera hora solo para darle un recorrido al becado no creo que se ponga muy feliz...
Aunque claro siempre está la opción de decir que el director me lo pidió y yo no pude decir que no.
Iba a soltar un suspiro cuando la voz de Jake hizo que me sobresaltara.
— No tienes que hacerlo si no quieres. — Murmuro el chico a mis espaldas.
Por una fracción de segundo olvidé que él seguía allí. Me giré encarándolo mientras ponía una expresión de confusión en mi rostro.
— Sé que le dijiste al director que si por pura cortesía, se nota que no lo quieres hacer. — hablo o casi escupió las palabras con un tono amargo, algo que me hizo sentir incómoda.
¿Se notó?
Un escalofrío me recorrió y una sensación de vulnerabilidad llegó a mí.
Odie el sentimiento y lo intente enterrar lo más profundo que pude, pero cuando su intensa mirada chocó con la mía me sentí extrañamente pequeña.
— ¿De qué hablas? En verdad no tengo ningún problema con darte un recorrido. — Hablé lo más calmada posible intentando no verme afectada por esta situación.
El sentir por un momento que no tenía el control me hizo sentir increíblemente ansiosa.
— No hace falta que mientas, puedo arreglármelas solo, igual gracias por intentar ayudarme, antes de que descubrieras mi clase social...— Susurro lo último tan bajo que me fue muy complicado escuchar pero cuando sus palabras fueron procesadas por mi cerebro, exploté.
Jake me dio la espalda y estaba a punto de irse pero lo detuve.
— ¿En verdad crees que esto es por tu clase social?— Pregunté amargamente — Eso no me importa en lo más mínimo, ¿Por qué pretendes que no te quiero ayudar? ¿Por qué de pronto asumes que soy igual que las otras personas que estudian aquí?—Gruñí.
Iba a seguir despotricando hasta que me fije que su rostro reflejaba asombro puro.
Acabo de mostrarle mi verdadera cara, a alguien que acabo de conocer...
Oh no.
— B-bueno yo...— Tartamudeo mirando sus zapatos.
Quién lo diría, hace literalmente unos segundos me estaba acuchillando con la mirada y ahora parece un corderito en frente de un lobo.
Eso me hizo retomar la confianza y sonreír un poco, aunque el desagradable sentimiento de saber que me expuse con alguien desconocido seguía allí.
— Solo sígueme. — termine por decir soltando un suspiro mientras comenzaba a caminar.
Para mi buena suerte la mayoría de estudiantes y se encontraban en sus salones de clases así que los pasillos estaban casi desiertos.
Empecé con el pequeño recorrido explicándole donde quedaba cada cosa; como la biblioteca, la cafetería, los baños, los salones y otras cuantas cosas más.
La mayoría del tiempo se quedó callado exceptuando cuando hacía alguna pregunta puntual, así que fue bastante rápido.
Faltaban tan solo unos minutos para que la primera clase del día terminara y nos estábamos dirigiendo a nuestro salón de clases correspondientes para entregar el justificativo.
Los murmullos y los pasos apresurados empezaron a llegar a mis oídos, avisando que próximamente nos toparíamos de frente con una multitud.
Chasquee mis dientes y di un largo suspiro, esto no iba a ser nada divertido.
Instintivamente camine más lento poniéndome a la par de Jake, me acerque un poco más a él haciendo que nuestros hombros casi se tocaran.
Este me miro confundido pero no dijo nada.
Decir que me puse a su lado para protegerlo es absurdo porque vamos ¿Cómo podría hacerlo sin romper narices de por medio? Entonces quizás, solo quizás me acerque a él ya que estar a su lado por muy extraño que suene me hace sentir más tranquila.
Por dios, estoy casi segura de que en serio me voy a enfermar, estoy delirando.
Los pasos se escucharon cada vez más cerca, así que vi a Jake y hablé.
— No bajes tu cabeza, no les demuestres vulnerabilidad.
— ¿Huh?— soltó confundido. Y sin quererlo una pequeña sonrisa apareció en mis labios.
Seguimos caminando y fueron unos segundos los suficientes para que muchos estudiantes empezaran a caminar por los pasillos.
La mayoría miraba a Jake con desagrado y luego me miraban a mí con confusión y asombro.
Logré verlo por el rabillo del ojo y me sentí orgullosa cuando lo vi con la frente el alto y un semblante neutro. Él lo estaba haciendo increíble.
Ocultar la burlona sonrisa que quería salir de mis labios fue difícil cuando vi a varias chicas cuchicheando con cara de desagrado pero sus ojos posados en Jake brillaban de interés.
— ¡Alice!— Grito a mis espaldas una voz chillona que reconocería en cualquier sitio.
Oh no.