Capítulo 2

2726 Palabras
Alice Smith Pare en seco y cerré mis ojos con fuerza conteniendo un bufido. Sabía que algo tenía que salir mal. Jake me miro desconcertado y en realidad no pude decirle nada cundo una pequeña pero brusca mano me tomo del brazo y me arrastro hacia ella. Gire mi cabeza y una rubia apareció en mi campo visual, tenía su ceño fruncido mientras miraba de arriba hacia abajo a Jake. Morgan, la conozco desde que entré en la secundaria, nuestros padre son socios de negocios lo que inevitablemente hizo que nos hiciéramos "amigas", ya que eso se traduce en que mi madre me ordenó que me acercara a ella y nos volviéramos cercanas, en realidad siempre me hacía cercana a los hijos de los socios de mis padres (por órdenes de mi madre) pero Morgan fue la única que se quedó pegada a mi como una garrapata. Y es que esa pequeña chica rubia era la persona más irritante y caprichosa que hubiera conocido en mi vida. Ella siempre consigue lo que quiere y no le importa hacer algún berrinche para obtenerlo, siempre logra salirse con la suya, sea cual sea la situación. — ¿Oye, que haces con este? ¿Y dónde estuviste toda la primera hora?— Pregunto en un tono para nada amigable mientras apretaba más el agarre de mi brazo. Cuando sus uñas empezaron a clavarse en mi piel sacudí bruscamente mi brazo y quite su mano de mí, ella me miro sorprendida dispuesta a decir algo pero la interrumpí antes. — Me estabas haciendo daño. — Dije “dulcemente” con una sonrisa mientras la miraba fijamente y al parecer la logre intimidar ya que logre observar cómo se estremeció bajo mi mirada. — El director me pidió darle un recorrido al chico nuevo, así que eso es lo que estoy haciendo. — Hablé con simpleza por lo que me devolvió una mirada incrédula. — Ahora me tengo que ir si quiero asistir a la próxima clase, nos vemos en el almuerzo. Le di la espalda y seguí mi camino escuchando como soltó un audible bufido. Voltee hacia a Jake y vi que nuevamente tenía su cabeza gacha viéndose intimidado, fruncí el ceño aguantando las ganas de decirle algo, si tan solo no hubieran tantas personas mirando... Seguí nuestro camino en silencio, bueno a excepción del escándalo de los pasillos claramente, aún había gente que miraba a Jake con desprecio y luego me miraban a mí con una mezcla de confusión y asombro. Cuando vi la puerta donde se supone que teníamos que entregar el justificativo juro que escuche a los ángeles cantar. Toque la puerta dos veces hasta que escuche un leve "adelante" al otro lado de la puerta. — ¡Alice! ¿Cómo estás? No te vi hoy en mi clase. — Saludo la profesora dejando los papeles que al parecer estaba firmando de lado para mirarme a mí. No creo que sea necesario explicar porque me conoce, en realidad la mayoría de maestros e incluso estudiantes superiores saben quién soy y es que venir aquí al menos una vez a la semana (aunque no fuese necesario) hizo que la mayoría de personas conocieran al menos mí nombre. — Muy bien, gracias por preguntar. Sobre eso, el director me pidió darle un pequeño tour al nuevo estudiante. — Dije así que ella despegó su vista en mí y la posó en el chico a mi costado. — Oh ya veo, tú debes ser el becado, espero que no me decepciones, vi tus notas y... Whao son impresionantes. — Alago dando una pequeña sonrisa, el mencionado se sonrojó mientras murmuraba un leve agradecimiento, mordí mi labio en un intento algo vago e ocultar mi sonrisa. — Aquí están los justificativos. — Dije y le entregue los dos trozos de papel que la profesora procedió a firmar. — Espero verte por aquí pronto Alice, saluda a tu padre de mi parte. — Dijo cuándo terminar de firmar y guardar los papeles. Yo asentí levemente y me encamine afuera del salón asegurándome primero de que Jake me estuviera siguiendo. — Dame tu teléfono. — Le pedí al estar afuera del aula. Jake me miro confundido pero en realidad no pregunto nada y me lo entrego. Vaya ¿No debería preguntar al menos por qué lo quiero? Pase por alto eso y agregue mi número a sus contactos. — Si necesitas ayuda no dudes en escribirme. — Le dije entregándole su teléfono. En realidad no tenía muy claro por qué hacía esto, pero vamos el chico no conoce a nadie aquí y por regla todos lo están excluyendo, tampoco es como si fuéramos a ser amigos, solo voy a ser una compañera de clases solidaria, si eso. Oh vamos ¿cuándo has sido alguien considerada por cuenta propia y no porque estés obligada a hacerlo? Me recrimine a mí misma. — Muchas gracias, lo tendré en cuenta. — La voz de Jake me saco de mis pensamientos. Estaba sonriendo dejándome ver por segunda vez sus ojos en medialuna y sus hoyuelos. Iba a sonreír hasta que vi a algunos estudiantes caminando hacia nosotros con miradas curiosas. Sin quererlo realmente me despedí por fin del castaño tomando mi propio camino. Y es que vivir en una ciudad tan pequeñita como lo es Blueside tiene sus desventajas y una de ellas es que la mayoría de personas te conocen y aún más si eres parte de una familia adinerada, así que casi todos conocen mi rostro aquí, la única hija de los Smith, la niña perfecta... Y digo casi todos ya que esa pequeña parte que no conoce ni mi rostro ni mi nombre es en uno de los lugares más ocultos de Blueside. Si, donde se disputan mis tan amadas carreras clandestinas y algunas otras cosas que no creo que sean muy legales de nombrar. Ese era el único lugar en el que podía ser yo misma, quitar mi fachada de chica perfecta y simplemente ser Alice, allí nadie te juzga, simplemente se trata disfruta el momento, sin importar las dificultades por las que estés pasando. Creo que esta demás decir que ninguna persona de clase alta va a esos sitios, de hecho estoy casi segura de que ni siquiera saben de la existencia de este lugar, aunque claro esto me excluye a mí. Aún recuerdo cuando fue la primera vez que conocí ese lugar... Flashback Tenía 15 años y todo fue gracias mi hermano Sam... El intento por mucho ser el hijo mayor ejemplar tanto como mis padres deseaban, pero Sam no era aquello. Siempre fue un alma libre desde que tengo memoria, fascinado por la música, en específicamente por la batería. Desde que tengo memoria Sam amaba ese instrumento y mis padres inicialmente cumplieron sus deseos comprándole su primera batería e inscribiéndolo en clases. Para mis padres esto no fue un gran problema ya que mi hermano era un estudiante estrella y siempre superaba las expectativas en todo sentido… Eso hasta que un día Sam reprobó varios exámenes importantes por el hecho de quedarse ensayando toda la noche… En el momento que mis padres se enteraron de esto una discusión comenzo, Sam en ese entonces tenía 17 años y yo tan solo 11. Recuerdo con claridad los gritos que hubo esa noche, incluso el golpe seco de la batería siendo destrozada brutalmente por mi madre en un ataque de ira y como olvidar sus frías palabras que aún siguen grabadas en mí como una marca que arde cada vez que el recuerdo llega a mí. — ¿Crees que llegaras lejos tocando esto?— pregunto llena de cólera mientras pateaba un trozo de la ya rota bateria— No, no lo harás, no logras nada en la vida tocando esto, despierta y deja de ser tan estúpido. Esa noche Sam escapó por primera vez de casa, claro volvió a la mañana siguiente, siendo menor de edad y sin un lugar a donde ir no podía hacer mucho. Desde aquella vez Sam nunca volvió a ser el mismo, ya no era el chico alegre que recordaba y aunque siempre intentaba sonreír para su pequeña hermana simplemente nada era igual. Sus notas mejoraron, pero se convirtió en una bomba de tiempo, todos los días llegaba con un moretón nuevo y escapar de casa se volvió una rutina para él. Mis padres estaban cada vez más hartos de su comportamiento, hicieron infinidades de cosas para que dejara de escapar de casa y "corregirlo" pero Sam siempre encontraba la manera de ser más astuto que ellos. Esto siguió así por 4 años, hasta que un día Sam llego borracho, los gritos no se hicieron esperar, ese momento fue simplemente aterrador para mí, yo estaba escondida en las escaleras esa noche, presenciando todo, sin saber las horribles secuelas que eso traería después. Mi madre le grito cosas horribles a mi hermano mientras que mi padre estaba en una esquina observando sin hacer nada. Mi hermano le devolvió los gritos, el alcohol en su sangre lo volvió más valiente y les grito todo lo que reprimió por 4 años. Pero mi madre encendida en cólera estampó su mano contra la mejilla de Sam, el golpe resonó por toda la sala, este solo atinó a verla con los ojos cristalizado, entró a su habitación que se encontraba en la planta baja y salió con dos maletas en sus manos, como si estuviese decido a irse aquella fría noche de invierno. Ella lo miro con los ojos desorbitados, tomándolo de la muñeca dispuesta seguir discutiendo, pero las palabras de Sam la dejaron helada. — Me largo de aquí y más les vale no buscarme, a menos que quieras que vaya a la prensa y ensucie tu hermoso apellido. — Escupió con los ojos inyectados en rabia y una marca roja empezando a formarse en su mejilla. Sin poder aguantar más corrí directo a mi habitación sintiendo mi corazón golpear fuertemente contra mi pecho. Las lágrimas no tardaron mucho en salir de mis ojos sin control y mi cuerpo comenzó a temblar, sentía que cada vez me costaba más respirar, mientras que la opresión en mi pecho solo crecía. Mi hermano se había ido ¡Él me había abandonado! De pronto escuché unos pasos en las escaleras así que con dificultad fingí estar dormida y parece que lo creyeron porque escuché mi puerta cerrase y los pasos alejarse. No sé qué pasó por mi cabeza en ese momento exactamente, pero en un acto impulsivo me levante de la cama aun temblando un poco, tome unos jeans y me los coloqué e hice lo mismo con un suéter que se encontraba por ahí, me puse los primeros zapatos que vi mientras observaba la ventana, luego de ponérmelos me acerque hacia ella y la abrí mientras miraba hacia abajo, había un árbol allí, siempre había sido buena escalando, así que ¿Por qué no intentarlo? Sin pensarlo mucho baje por el árbol sin gran dificultad para mi sorpresa. Corrí lo más que pude hasta que logré ver la silueta de mi hermano subirse a un taxi. Moví cabeza de lado a lado y logré ver un taxi pasando, subí a este sin saber si tenía dinero o no pero le pedí que siguiera el auto donde se encontraba Sam. Se tardó unos 30 minutos en llegar a su destino y a esas alturas no sabía dónde estábamos, habían edificios en muy mal estado al igual que sus calles, todo daba un aire muy tétrico y poco seguro. Por suerte cargaba algo de efectivo en mis bolsillos y le pude pagar al taxi. Sam se adentró a uno de estos edificios algo viejos, así que no lo pude seguir más, después de unos 10 minutos entendí que todo esto había sido una mala idea, no tenía dinero y estaba en medio de la nada. Cuando estaba a punto de irme vi a Sam salir del mismo edificio pero ahora acompañado de un chico pelirrojo un poco más alto que él. Algo confundida decidí seguirlos, no caminamos mucho cuando se empezaron a ver más personas, algunas claramente borrachas o con sustancias ilícitas en sus cuerpos. Algunas pocas personas se empezaron a fijar en mí y es que era una chica de 15 años caminando aparentemente sola por un lugar para nada seguro. De un momento a otro perdí a Sam y eso solo hizo que comenzara a asustarme y los temblores regresaran, no tenía ni la menor idea de donde estaba o como salir de allí, ni siquiera había llevado mi teléfono conmigo. Todo indicaba que eso no iba a terminar bien. Vi como poco a poco la gente se comenzó a aglomerar en una parte de la calle así que me deje llevar por la corriente y los seguí. Allí fue donde todo comenzó... Habían varias motos en fila, como si fuesen a disputar una carrera, las personas que estaban montando las motos desprendían seguridad y arrogancia. Un silbido hizo que la carrera diera inicio, haciendo que las motos salieran disparadas hacia adelante con el fuerte rugido del motor, el sonido de las ruedas haciendo fricción con el asfalto hizo que mi piel se erizara y por alguna razón que los temblores cesaran, todo el mundo comenzó a gritar eufóricamente apoyando a su mejor postor. Mire por unos minutos embobada como las motos iban desapareciendo por las calles obscuras. En ese momento pensé en si estar allí arriba de una moto sería tan grandioso como se ve. Un silbido me hizo salir de mi ensoñación, voltee y unos chicos se dirigían hacia mí, así que algo alarmada intenté salir de allí pero uno de ellos tomó de mi brazo. —Vaya que tenemos aquí ¿Que hace por aquí una chiquilla como tú?— pregunto dándole una calada al cigarrillo que tenía entre sus dedos, expulsando el humo en mi cara haciéndome toser agresivamente. Los demás comenzaron a reír mientras yo me intentaba zafar de su agarre, pero mientras más me movía más apretaba su mano sobre mi sensible piel. Entre en pánico así que comencé a gritar, le dije que me soltara y esto pareció asustarlo un poco. Estaba a punto de estallar en lágrimas cuando un puño se impactó contra la cara del tipo que me tenía sujetada segundos atrás, este se tambaleó hacia atrás y me soltó. — Vamos Jared, que hablamos de estar haciendo tus baboseadas por aquí ¿eh?— Bramó un chico así que alce mi cabeza viendo a la persona que me había "salvado" estaba agitando su mano intentando supongo calmar el dolor de sus nudillos, el parecía muy joven en realidad, incluso podría tener mi edad cosa que me pareció algo extraña, tenía su cabello tintando de azul y tenía un porte algo intimidante, antes de seguir observándolo su gélida mirada chocó con la mía. — ¿Qué hace alguien como tu aquí?— pregunto el peliazul con una nota de seriedad en su voz cuando los otros chicos se habían ido. — Y-yo, bueno. — tartamudee y tragué duro — Estaba siguiendo a mi hermano pero en alguno momento lo perdí de vista. — murmuré sintiendo como las lágrimas comenzaban a salir de mis ojos. Todo esto había sido una pésima idea. — ¿Cómo se llama tu hermano?— preguntó pasando una mano por su cabello en aparente señal de frustración o quizás de desinterés. ¿Estará bien darle el nombre ese mi hermano a un desconocido? ¿Pero en realidad tengo opción? Suspire y mordí mis labios antes de hablar. — Sam, él se llama Sam. — termine por decir sin nombrar su apellido, aún no confiaba plenamente en el chico peliteñido. Este por alguna extraña razón se puso pálido. — ¿Sam? ¿Sam Smith? — pregunto con la voz temblorosa, por lo que asentí levemente confundida ¿Como él sabía eso? — Oh mierda. — murmuró por lo que fruncí el ceño — ¿Eres Alice?— preguntó mordiéndose el labio inferior. Asentí aún más confundida que antes ¿Cómo me conocía a mí y a mi hermano? El chico el cual no sabía su nombre aún soltó una carcajada incrédula y tomó mi mano guiándome a quien sabe dónde. Pero él sabía mi nombre y el de mi hermano ¿No podía ser malo cierto?
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