Capítulo 3

2128 Palabras
Alice Smith Me deje llevar por el desconocido mientras pensaba que en realidad no tenía ni la más mínima idea de dónde íbamos, pero cuando iba a preguntar pude divisar a Sam sentado en el capó de un auto, estaba cabizbajo y con una lata de cerveza en la mano, el chico que salió con el del edificio también estaba allí, este tenía su mano en el muslo de mi hermano, el parecía estarle diciendo algo, quizás demasiado cerca de lo normal. El chico peliazul sonrió pero pareció más una mueca que nada, apresuró el paso hasta que estuvimos en frente de ellos, este carraspeo llamando la atención de los otros dos chicos que parecían inmersos en su propio mundo. Ellos voltearon hacia nosotros y sentí que iba a llorar por décima vez en el día cuando vi el rostro de Sam, sus ojos estaban rojos de tanto llorar al igual que su nariz, sus labios estaban rotos de tanto morderlos, habito que hacia cada vez que se sentía nervioso o triste. Camine hacia él y me aferre a su cintura mientras pequeños sollozos empezaron a salir de mis labios. El bajo del capó y me rodeó con sus brazos. — ¿Cómo llegaste aquí pequeña?— pregunto con la voz algo rota mientras me apretaba más contra su pecho. Después de unos susurros que no logré escuchar realmente comenzamos a caminar, me aferré al brazo de mi hermano y lo seguí. Sentí como alguien me colocaba una chaqueta, deteniendo los temblores que no sabía que estaba teniendo, mi cuerpo lo agradeció gratamente pero yo no pude decir nada y me limité a caminar aferrada a Sam. Después de uno cuantos minutos llegamos al edificio en el que anteriormente Sam y el otro chico más alto habían salido, nos adentramos a él y en realidad quizás no era tan horrible como se veía por fuera. Nos subimos en el ascensor y en ese momento me di cuenta que el chico de pelo azul también estaba con nosotros, me devolvió la mirada pero la esquive llevando mi vista a mis zapatos. Después de unos segundos en ascensor este se detuvo dejándonos en el piso 4. El primero en bajarse fue el chico que estaba con mi hermano, luego Sam conmigo y finalmente el chico que me ayudo minutos atrás. Nos adentramos a un apartamento y este era en realidad muy bonito, nada ostentoso pero tenía una calidez rara de describir. Los cuatro nos sentamos en la pequeña sala de estar, yo al lado de mi hermano, el otro chico al frente de nosotros que ahora viéndolo bien tenía algunas pecas en todo su rostro concentrándose en la zona de su nariz, también tenia unos bonitos ojos color miel, el en realidad era muy apuesto y en parte tierno, todo lo contrario del peliazul que estaba en una esquina observando la escena mientras jugueteaba con el arete que tenía en su labio inferior, el en serio podía ponerte la piel de gallina con una mirada. Después de tomar un vaso de agua y relajarme un poco Sam comenzó a hablar. — ¿Me seguiste hasta aquí? Cerré los puños entorno de su camisa sin quererme alejar de él y asentí levemente con la cabeza gacha. — Y-yo bueno, tú te fuiste y yo — tartamudee sintiendo como mis ojos comenzaban a cristalizarse nuevamente. Sam me abrazo y froto mi espalda intentando relajarme, cosa que logro. — Digo ¿Dónde te quedarás ahora? Yo... ¿Tú vas a regresar verdad?— pregunté con algunas lágrimas acumuladas en mis ojos, haciendo que mi vista se nublara. Sam simplemente suspiro y se aferró más a mí. — No voy a volver cariño. En ese preciso momento sentí como mi mundo se derrumbó frente a mis ojos. Mi hermano siempre había sido mi lugar seguro, él siempre había estado para mí, él era la razón por la que seguía esforzándome cada día. Cuando llegaba con alguna mala nota y mi mamá me reprendía por ello, él siempre estaba allí para recordarme lo orgulloso que siempre estaría de mí, sin importa que. ¿Cómo podría vivir sin él? Negué frenéticamente y me aferré aún más a él como si eso fuera posible, sintiendo como lagrimas gruesas de deslizaban por mis mejillas. — Yo me voy a quedar contigo. — No puedes Alice, tienes que volver. — respondió separándose levemente de mi para mirarme a los ojos. — Aguanta un poco más, solo se fuerte por mi ¿sí? Te prometo que te sacaré de allí. — prometió mientras limpiaba las lágrimas que seguían cayendo... Fin del Flashback Ese día conocí a Félix, la persona que apoyó a mi hermano y le dio alojamiento cuando su familia le dio la espalda. También conocí a Peter su hermano menor, que con el pasar de los años se convierto en algo así como mi confidente. Y así pasaron otros 4 años, yo no podía dejar de ver a mi hermano así que a veces lo iba a visitar, pero esas escasas veces se volvieron cada vez más frecuentes, al principio Sam siempre me regañaba y me decía que no podía ir a ese lugar tan seguido, pero cuando se dio cuenta de que iba a seguir volviendo sin prestar real atención a sus palabras empezó a aceptar que ese lugar que conocí cuando tenía 15 empezó a convertirse poco a poco en mi verdadero hogar, mientras esto sucedía mi atención por las carreras clandestinas que se diputaban cada noche fueron en aumento y en cuestión de quizás un año logre ahorrar para comprar mi propia motocicleta. Sam casi se desmaya la primera vez que me vio en la línea de salida arriba de mi nueva adquisición y no lo culpo ya que en ese momento aún no sabía controlarla muy bien, pero por suerte no pasó nada más grave que unos cuantos frenazos bruscos. En ese momento él se dio cuenta de que yo no podía ni quería vivir la vida perfecta que mis padres planearon para mí. Pero afortunadamente yo era mucho mejor actriz que él y sabía que tenía que esperar, solo tenía que esperar el momento perfecto para comenzar a vivir mi propia vida y no la vida que mis padres querían para mí. En esos cuatro años aprendí a ser fuerte, aprendí a no mostrar mi verdadero yo a nadie ni mis verdaderos sentimientos. No podía demostrar debilidad en ningún momento y menos estando en el ojo del huracán, luego de que Sam se fuera mis padres lo apostaron todo por mí. Y yo se los di, calificaciones perfectas, destacando en todo lo que hacía, educada y con modales, aceptando todo lo que dijeran sin poner peros. Yo fui su mayor fantasía. Pero... ¿Cuánto más duraría eso? Sacudí brevemente mi cabeza intentando despejar mi mente de esos recuerdos. Camine despacio por los pasillos saludando amablemente a los estudiantes que se detenían a hablarme mientras observaba de reojo mi reloj asegurándome de tener tiempo de sobra para llegar a la próxima clase — ¡Oye tú!— Logré escuchar a alguien gritar a mi espalda, pero realimente no le preste atención, lo más probable es que no estuviera refiriéndose a mí. — Tu eh, la de lindas piernas. — Fruncí el ceño y me giré brevemente solo para asegurarme de que en verdad se estuvieran refiriendo a mí. — Si es contigo. Una mueca quiso formarse en mi rostro al escuchar el tono tan despectivo con el que me hablo pero en lugar de eso lo examiné de arriba a abajo con una expresión neutra, no parecía ser de aquí, quizás un alumno nuevo. Bueno, eso explicaría por qué me llamo de esa manera, no tiene ni la menor idea de con quien está hablando. Ah, qué lástima mi día no estaba siendo tan malo hasta ahora. — Mmh ¿deseas algo?— pregunté con falso interés. Vamos a ver cómo termina esto... — ¿Qué tal tu número preciosa? Todo el pasillo pareció mantener la respiración por un momento, la mayoría de personas presentes empezaron a ver al nuevo chico con mala cara. Este de hecho parecía bastante confundido y consternado. — ¿Disculpa?— logré formular sin dejar el papel de inocencia. — Repite eso una vez más idiota. — hablo una voz gruesa a mi espalda. Oh, esto se va a poner interesante. No hizo falta que me girara para saber quién era el que estaba hablando, al solo ver la cara de terror del chico delante de mi pude deducir que la persona detrás de mí era Lucas, el capitán del equipo de fútbol de la ciudad. Vaya que cliché. Estudiamos juntos desde primaria y siempre estuvo pegado a mí como un chicle, desde la primera vez que se me confesó en secundaria y lo rechacé poniendo de excusa que estaba enfocada en mis estudios, pensé que dejaría de seguirme a todos lados. Pero oh que equivocada estaba, parecía tener una maldita obsesión conmigo y lo peor del caso es que mi madre lo amaba, así que aparte de tenerlo que aguantar cuando iba a la escuela también tenía que aguantar sus visitas constantes a mi casa. La mayoría de chicos mantienen su distancia conmigo gracias a él, eso desde el día que un chico de un grado menor coqueteo conmigo y al día siguiente llego con la nariz rota. Vamos, es el típico idiota con complejo de superioridad, así que supongo que rechazarlo hirió su ego, por lo que es muy orgulloso para dejarme estar con alguien que no sea él. Tampoco es como si me importara, no me interesaba formar alguna relación con alguna persona de allí, todos eran iguales en menor o mayor medida, también me daba totalmente igual a quien golpeaba o a quien no, siempre y cuando no se me acerque más de lo estrictamente necesario, claro está. Volviendo a la escena. Lucas se dirigió a pasos grandes hacia el chico nuevo, obviamente con su grupito de amigos detrás de él. El capitán de fútbol lo tomó del cuello de la camisa y lo alzó levemente. Algunas de las personas presentes jadearon sorprendidas y otras cuantas estaban incitando a Lucas a meterle un puñetazo. Oh por dios, esto parece una película de adolescentes de muy bajo presupuesto. — Atrévete a decirlo de nuevo, ¿piernas bonitas? ¿Si sabes con quien estás hablando?— Siseó Lucas muy cerca de su rostro. Para este punto y el chico estaba temblando levemente bajo las manos del más alto mientras murmuraba unas incomprensibles disculpas. ¿Cuándo traen las palomitas? Mientras tanto algunos pocos estudiantes me miraron con pánico esperando por algo. Oh... ¿Se supone que tengo que detener la pelea? ¡Vamos, me estaba divirtiendo! Chasquee los dientes asegurándome que nadie escuchará antes de hablar. — Detente Lucas, suéltalo. — Para mí mala suerte mi voz salió más aburrida que preocupada, pero parece que nadie se dio cuenta así que seguí mi papel. — No es para tanto ya bájalo. — ¿Que dices? ¿No escuchaste como te hablo?— gruño Lucas. Será terco. — Lucas, ya deten... — SOLO CÁLLATE Y SAL DE AQUÍ. — Vocifero. Todo el pasillo pareció congelarse y Lucas cuando se dio cuenta de sus palabras y su tono volteo a mirarme con un semblante de arrepentimiento. Y es que el jamás se había atrevido a alzarme la voz ni a hablarme de esa forma. Tanto así que hasta a mí me sorprendió por un momento su actitud. Si puede ser un idiota con muchos, pero siempre intentaba mantener una actitud “amable” conmigo. ¿Tanto le había enfadado que me dijera que mis piernas son bonitas? ¿Por qué siento que hay algo que se me esta escapando? Analice la situación brevemente y mis ojos no tardaron mucho en cristalizase. — Alice, no llores, y-yo perdóname en serio, no fue mi intención. — dijo Lucas con la voz ahogada. — Está bien, déjalo. — murmuré me di media vuelta y comencé a caminar. Solo legre escuchar como este maldijo por lo bajo mientras los presentes empezaban a cuchichear entre si y a mirarme con tristeza. También estaba la opción de confrontarlo, pero quedaban tan solo cinco minutos para que la segunda clase comenzara, así que tomar el papel de chica sensible fue la salida más rápida que se me ocurrió. Argh, no sé hasta qué punto esa idea fue buena. Bufé y seguí caminando pero una silueta ya algo conocida llamo mi atención, giré levemente mi cabeza y Jake estaba parado en una esquina observando todo con los brazos cruzados. Y su expresión juguetona me descoloco por unos segundos. ¿El acaso? No, no, vamos es imposible. ¿Verdad?
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