• Capítulo 7 •

3343 Palabras
Dos semanas después, ya por fin había dejado las muletas. El dolor en mi tobillo era mínimo, así que no había nada de qué preocuparse. Yo estaba aliviada, pero mi mamá… Su reacción no fue linda. Estaba muy preocupada después de enterarse porque me había lastimado el tobillo, especialmente cuando le dije que me desmayé. Le pedí disculpas y ella las aceptó, pero se ha vuelto un poco más estricta conmigo en cuanto a comidas, lo cual no necesitaba (porque estaba poniendo de mi parte), pero lo agradecí. Violeta y Jennifer le pidieron a mi madre que se asegurara de que estaba comiendo bien. Resultó que la enfermera del instituto había hablado con ellas para pedirles que se comunicaran con mis padres, en caso de que estuviera dejando de comer por alguna razón en específico. Les dije que no tenían de que preocuparse. Yo no sabía que desmayarse sería una consecuencia de dejar de comer (lo sé, soy muy torpe), no sabía que podía traer consecuencias así y nunca tuve la intención de dejar de comer, solo sucedió. —Escucha, Heather. —dijo Dyl mirándome con atención—. A Tayler le gustan mucho las peras. —¿Ah? —solté una risa—. Eso no es importante. —¡Claro que lo es! —exclamó Dyl. Ese chico era más dramático que mi madre y mi madre era MUY dramática. Con razón ambos se llevaban tan bien. —Por Dios… Esas semanas que había estado mal del tobillo, recibí muchas visitas de mis amigos, ya que yo no quería salir de casa para poder recuperarme lo más rápido posible. Violeta y Jennifer me visitaban en las tardes después del instituto, Dyl lo hacía en la noches (más que nada para las tutorías, en las que me traía sus notas y me pedía que se las explicara) y Tayler a veces en las tarde, otras veces en la noche. —Solo imagina: Estas en una cita con Tayler y él está a punto de preguntarte si quieres ser su novia. Pero antes decide hacerte una prueba y te pregunta a que mundo le gustaría ir, ¿al mundo donde todos los árboles dan manzanas como frutos o al mundo donde todos los árboles dan peras? Dios, que pregunta más ridícula. —Al mundo donde los árboles... Espera ¿Qué? ¡No puedo creer que estoy siguiéndote el juego! Como sea, peras, su fruta favorita. Anotado. La "relación" que teníamos Dyl y yo había cambiado en esas últimas dos semanas. Lo que me recuerda otra cosa. Violeta y Jennifer me dijeron que cuando me desmayé, fue Dyl el que me encontró y me llevó a enfermería. Tayler llegó después porque no sabía lo que estaba pasando. La doctora me dijo que un chico me trajo en brazos y luego otro chico se unió a los demás. Yo no tenía ni idea de que había sido así, pensé supuse que había sido al revés. También me dijeron otra cosa (estas chicas aman el chisme). Cuando salí con las muletas fue Dyl el que me preguntó si estaba. Había sido él y no Tayler, como él mismo me había dicho. Fue tonto de su parte querer ocultármelo, ya que preguntarme si estaba bien no era la gran cosa, pero supuse que lo había hecho por su orgullo. También me dijeron que él se veía un poco preocupado ese día, pero no me lo creí. —Su deporte favorito es el fútbol. —continuó. —Lo sé. Oye, han pasado dos semanas y tú recién me hablas de lo básico... Cada vez eres más raro para mí. Lo había llamado “raro” pero, sin duda, me divertía con él. Incluso preferiría hablar con él sobre cualquier cosa, en vez de hablar solo sobre Tayler. Porque, a pesar de que me gustaba, era aburrido hablar de una persona por horas casi todos los días. Y hablando de gustos. En muchas de nuestras conversaciones, me ponía a pensar en la novia de Dyl, ya que todos los descansos lo veía con ella. Pero nunca me atreví a preguntarle sobre ella y él tampoco la mencionaba. —Te recuerdo que estamos hablando de como "conquistar" a tu mejor amigo. —Okay. Ya te dije mucho por hoy, creo que debo irme. —dijo Dyl inesperadamente. Sinceramente, no quería que se fuera. Me divertía tanto con él, que me aburría estando con Tayler. Tayler siempre era el chico lindo y tierno, en cambio Dyl era el divertido y despreocupado. Después de que pasaran unas semanas y conociera mejor tanto a Dyl como a Tayler, podía reconocer que algo lo que estaba cambiando en mí. Pero no me gustaba la idea. Sí Dyl no existiera, Tayler sería el chico perfecto. —Bueno. —respondí y lo acompañé hasta la ventana. Sí, la ventana. Por fin me hacía caso cuando le pedía que entrar por allí. Él y yo sabíamos que mi madre igual notaba cuando él se escabullía por mi ventana, pero no decía nada y yo prefería ahorrarme las incómodas conversaciones entre Dyl y mamá, así que dejamos las cosas como estaban. —Heather, antes de irme quiero asegurarme de algo. —¿Qué sucede? —¿Tú estás enamorada de Tayler? ¿Al cien por ciento? Me quedé callada pensando en lo que iba a responder. ¿Qué si estoy cien por ciento enamorada de Tayler? —Sí. —respondí como un robot. De pronto, la situación se había vuelto incómoda. —Okay. —dijo él saliendo por la ventana. Luego se fue, sin decirme nada más. Fruncí el ceño y cerré la ventana poniéndole seguro. No quería que volviera a pasar hasta que entendiera todo lo que acababa de suceder. Pero yo sabía que al siguiente día, lo dejaría entrar una vez más. Como excusa para no pensar más en Dyl ni en lo que me acaba de preguntar, ni en su reacción a mi respuesta, decidí acostarme. Buenas o, mejor dicho malas, noches. * * * —¡Despierta! Si no lo haces te tiraré una jarra con agua fría. —¿Acaso quieres que me dé una pulmonía? No sé si esa es la enfermedad adecuada, pero mi cerebro no era capaz de procesar muchas cosas en ese momento, ya que aún no despertaba por completo. Me moría de sueño, además, no quería ir al instituto. No quería ver a Tayler, ni enfrentar a Dyl (aunque no sabía si eso va a pasar). —Heather. Ahora. No vas a faltar. —Por favor mamá... Hoy es viernes. —Mañana no tienes clases, podrás dormir cuanto quieras. —respondió. Me tapé con la manta y cubrí mi cabeza volviendo a cerrar los ojos. Luego sentí como unas manos me jalaban de los pies, así que aferré mis manos a la cabecera de la cama y soporté—. Ya fue suficiente. —renegó soltando mis pies. Sonreí y volví a cerrar los ojos. Parece que esta vez gané. Estaba tan dormida que ni siquiera había notado cuando mi madre quitó la sábana con la que me estaba cubriendo. Lo último que sentí antes de ponerme a gritar y a sacudir como loca fue… Agua fría... Muy fría. —¡Mamá! —Te lo advertí. Ahora apresúrate, que vas a llegar tarde. —Yo nunca gano... —dije cruzándome de brazos y haciendo un puchero. —Claro que no. Después de hacer lo necesario para estar limpia y calentita, salí de casa para ir a clases. Mamá me había levantado muy temprano, por lo que no me tuve que apurar tanto. Me encontré con mis dos mejores amigas en el pasillo. —Hola. —dije un poco de mal humor. El agua helada me había despertado, pero yo quería seguir durmiendo. —¡Hola! ¿Qué te pasa? —saludaron ellas al unísono. Amaba cuando hacían eso, se les veía tan conectadas. —Solo quiero dormir... —respondí escondiendo mi cabeza entre mis brazos que estaban cruzados sobre la mesa. No quería ver a nadie, pero cuidé de no dormirme, ya que si el profesor me descubría sería capaz de mandarme a castigo (ese profesor era muy estricto, además de viejo). —Tierra llamando a Heather. —dijo Violeta. Levanté la cabeza—. Sabemos que quieres dormir, pero el anciano llegará en cualquier momento, no te arriesgues a que te vea. —asentí. Antes de que pudiera hacer algo más, Tayler y Dyl entraron por la puerta. Detrás venían unos chicos y tenían la pinta de ser los otros chicos populares. En ese grupo venían dos chicas y una de ellas era la novia de Dyl, eso era seguro. Dyl pasó de frente, me miró a los ojos como por cinco segundos, lo que se me hizo extraño, pero agradable a la vez, y se pasó de frente. La novia de Dyl vio esa "escena" y parecía estar celosa, cosa que me dio gracia. Tayler también pasó, pero él me sonrió antes de irse a la parte de atrás, le devolví la sonrisa y volví a mirar al frente. Volví a acomodarme en mi mesa y… Lamentablemente, en medio de mis pensamientos caí dormida. —¡James! Un grito hizo que me sobresaltara. —Así que durmiendo en mi clase. A detención ahora. Cuando por fin reaccioné me maldije a mí misma por haberme permitido dormir sabiendo cómo era el profesor ese. Me levanté de mi asiento y le mostré una mirada asesina al maestro. Antes de salir escuché una risa chillona y odiosa, volteé la cabeza y mi mirada asesina pasó del profesor a la novia de Dyl. La muy creída me miraba como si fuera un payaso, tuve ganas de ir y arrancarle el cabello de rubia oxigenada. Porque sí, tenía el cabello rubio. Simplemente salí del aula y fui a la sala de castigo. Me senté en una mesa que estaba alejada del pizarrón, así nadie veía que estaba ahí. Me acomodé en la carpeta dispuesta a volver a dormir. Creo que de todas maneras haber sido castigada no es tan malo. * * * Por fin era salida. Después del castigo y mi pequeña siesta, me sentía mejor. Con más energías para poder cargar mis libros y no querer tirarlos al tacho junto al maestro de Literatura que me había castigado. Violeta había tenido que correr a su casa para su tarea, ya que era para el día siguiente y no había hecho nada. A Jenn la recogió su mamá y tuve el placer de conocerla. Era muy linda, pero algo me llamó la atención sobre ella. Tenía una cicatriz en la mejilla izquierda, pero por educación no pregunté. El asunto es que hoy me iría sola. Había pensado en pedirle a Tayler que me llevara pero por alguna razón no lo hice. Tampoco se lo pedí a Dyl. De todas formas, él jamás lo haría. Supuse que sería un momento para pensar y aclarar mis ideas, pero la verdad fue que, en todo el camino, no pensé en nada. * * * Me encontraba otra vez en castigo. ¡Malditos maestros! Creo que esos ancianos tienen algo conmigo. Estaba sentada en una carpeta alejada e interrumpiendo mi aburrimiento entró una persona más a la sala de castigo. Para ser más específica, un chico. Era alto, tenía un cabello muy lindo de n***o. Sus ojos eran de un marrón muy claro, seguramente se verían color miel en el sol. Era, sin duda alguna, un chico muy guapo. No lo había visto antes así que supuse que era nuevo. —¿Por qué te castigaron? —preguntó sentándose en una carpeta algo alejada. Parece que no es tímido para nada. —Me dormí en clase... Otra vez... En la misma clase, con el mismo maestro. —confesé haciéndolo reír—. Bueno, al menos alguien se divierte, ¿a ti porqué te castigaron? —Hice lo mismo que tú, aunque en mi primer día. —respondió encogiéndose de hombros. Asentí soltando una ligera risa. —Soy Heather, hace unas semanas llegué aquí. —me presenté—. Creo que dormirte en tu primer día de clases es dar mala impresión a los maestros. —Joe. —respondió—. Bueno... Ahora me conocen y saben lo que les espera el resto del año. Reí. Crucé mis brazos sobre mi carpeta y escondí mi cabeza intentando dormir, justo como había dicho el día anterior. Después de que tocara el timbre no volví a hablar con Joe. A pesar de haberlo visto en una clase, se presentó, justo como yo tuve que hacer en mi primer día. Cuando pasaba por las carpetas dejaba un montón de chicas derretidas por él. Y con razón. No podía negarlo. Era extremadamente lindo. En el descanso me encontraba estaba en mi mesa comiendo con las chicas cuando alguien se sentó junto a mí en la mesa. —¿Dyl? —¿Ves a otro chico guapo por aquí? —preguntó sarcástico. Reí y le pegué con mi mano en el brazo—. Ouch, ¿siempre tienes que hacer eso...? Hola chicas. —saludó a mis amigas y ellas le sonrieron. Más que nada Violeta. —¿A partir de ahora te sientas aquí? —bromeé. —No, ni loco... ¡Sin ofender! —gritó cuando le volví a pegar en el brazo—. Solo bromeaba, lo juro. —Como sea... ¿Qué quieres? —Quiero saber cuándo tengo que ir a tu casa para estudiar, ya sabes, hacer lo que siempre hacemos. —dijo Dyl y luego mordió su manzana. Se veía sexy haciendo eso. ¿¡En qué estoy pensando!? Bueno, ya. Lo que pensé es cierto. —Si quieres ven hoy. —De acuerdo. —contestó levantándose de la mesa—. Te veo en la noche. Asentí. Se fue a su típica mesa de populares, en donde se encontró con su novia y otros más, pero no veía a Tayler. ¿Y Tayler? Justo para responder mi pregunta llegó Tayler a nuestra. Se sentó a mi lado, en el mismo lugar que Dyl. Sonrió y dejó una manzana sobre mi bandeja. —Hola. —dijo y sonrió tiernamente, le devolví la sonrisa y tomé la manzana—. Hola chicas. —Hola... —respondieron algo aburridas por el mismo nombre que les habían puesto los chicos populares: “Chicas”. —Hola, ¿y esto? —pregunté levantando la manzana—. ¿Por qué? —Hace unos segundos te vi mirando la manzana de Dyl, supuse que querrías una, así que te la traje. —respondió encogiéndose de hombros. Oh, claro. Sí… Yo no miraba la manzana. —Aww. —dijeron mis amigas al mismo tiempo y me sonrojé, con Tayler se había vuelto una costumbre. —Pues, gracias. —respondí dándole una mordida—. Es muy tierno de tu parte. Sin duda, la palabra que definía a Tayler era esa. Tierno. Él siempre era muy tierno. —De nada. Oye... Lo siento, debo irme. Tengo que hablar con un maestro acerca de un trabajo, por cierto, mañana entregamos el nuestro ¿Verdad? —preguntó. —Sí, yo tengo el USB. Lo traeré. No lo olvidaré. —respondí—. Bye. —Adiós. —dijo y se fue. Lo seguí con la mirada hasta que lo perdí de vista. Cuando volví a ver a las chicas noté que ellas me miraban expectantes, como si yo tuviera que darles una noticia. Fruncí el ceño y continué mirándolas. —¡Dilo! —exclamaron emocionadas al mismo tiempo. —¿Qué cosa? —¡A quién prefieres! —volvieron a decir al unísono. Mi ceño se frunció más... ¿A quién prefiero? ¿Se refieren a Dyl y Tayler? —¿Se refieren a ellos? —pregunté. Ellas asintieron sin decir nada más—. ¡A Tayler! Creo que ya se los dije hace mucho... Un momento ¿Ustedes creen qué me gusta Dyl? ¡NO! —exclamé asustada. Dyl no me gusta. —¿Estás segura? —preguntó Violeta, insinuando que mentía. —¿Estás segura? —repitió Jennifer, pero más seriamente. —Muy segura, chicas. —respondí igual de seria que Jennifer—. Me voy por otro sándwich. —dije al notar que me había acabado la manzana. Me levanté de la mesa y fui al lugar donde se recogía la comida. Cuando llegué noté que sólo quedaba un sándwich de jamón y queso. —Gracias al dios de los sándwiches... —murmuré ridículamente y me acerqué al delicioso sándwich. Justo cuando iba a tomarlo alguien más lo hizo. Volteé a ver quién había sido para fulminarlo con la mirada. —Creo que tu Dios no te ayudó mucho esta vez. —murmuró Joe cuando volteé. Él era un poco más alto que yo, y al verme, se agachó. Nuestros rostros estaban a centímetros, pero eso no me detuvo para golpearle en el rostro y al mismo tiempo quitarle MI sándwich. —Creo que esto me pertenece. —dije y rápidamente le di una pequeña mordida al sándwich. —Bien jugado, Heather. —contestó Joe con una pequeña sonrisa en su rostro. —¿Qué tal tu primer día? ¿Te volvieron a castigar? —No, pero conocí a una chica que muy amablemente me invitó a su mesa. —¿Quién es? —pregunté curiosamente. —¡Joe, ven aquí! —gritó... La novia de Dyl desde su mesa. Él volteó y les hizo una seña indicando que iría pronto. —¡Wow! Tú primer día e iras a la mesa de los populares, parece que tuviste suerte... —él se encogió de hombros—. No te recomiendo ir con ella. Realmente no la conozco, pero desde siempre me ha dado la impresión de que no es muy buena persona. —Eso ya veremos, voy a ver qué tal me va. —respondió. —Bueno, respeto tu decisión. —dije amablemente. Me di la vuelta y volví a mi mesa. Jennifer y Violeta tenían la misma mirada de antes. Rodé los ojos. —¿Ahora qué? —pregunté. —¿Quién es ese chico lindo? —empezó Jennifer. —Muy lindo. —recalcó Violeta. —De acuerdo, muy lindo, ¿quién es? —Oh, él es Joe. Es nuevo. Lo conocí en castigo y si... Es lindo. —respondí con una sonrisa—. Pero no creo que se convierta en nuestro amigo, la chica esa se lo ha llevado a su mesa. Ellas voltearon sus cabezas en dirección a la mesa de los populares y observaron. —¡Qué mala suerte! —respondió Jennifer—. Es MUY lindo. Violeta y yo la miramos con una pequeña sonrisa. —¿Acaso te gusta? —preguntamos ella y yo. Jennifer nos vio y negó con la cabeza rápidamente. —No, es imposible que me guste, ni siquiera lo conozco. —Eso es lo que yo dije cuando ustedes me preguntaban acerca de Tayler. —comenté encogiéndome de hombros. Jenn rodó los ojos. —Bueno... Me interesa. —confesó Jennifer—. ¿Y? Violeta empezó a reírse. —Recuerdo tu promesa de no volver a enamorarte hasta la universidad. —dijo. —¡No estoy enamorada! —se defendió la pobre Jenn. —¿Volver a enamorarte? —pregunté confundida. Ellas dejaron de reírse y se miraron entre ellas "disimuladamente". —No es nada. —respondió Violeta. Asentí extrañada, pues si no querían decírmelo, no las voy a obligar. Pero definitivamente sentí curiosidad y esperé que se decidieran a decírmelo pronto. Cuando tocó el timbre fuimos a clase de Química, que, por suerte, no era con el profesor de Literatura. Ese maestro a partir de ahora es mi enemigo mortal. Estaba con una sonrisa boba porque Tayler estaba a mi lado, también sonreía porque Dyl estaba atrás solo. Incluso podría decir que se escuchaba su aburrimiento. Suspiraba cada tres minutos, chasqueaba la lengua, golpeaba su lapicero contra la mesa. Pobre. Él hacía eso mientras yo susurraba cosas con Tayler. —¡Fue a los diez años! —susurró defendiéndose. —Tayler... Estabas lo suficientemente grande como para saber que un río es peligroso. —respondí entre risas, también susurrando, pero se estaba volviendo difícil. —Pude a ver muerto y tú te ríes. —dice y me empuja suavemente con su hombro. Por el empuje mi cabeza volteó levemente y logré ver a Dyl, por fin. Había estado aguantándome toda la clase para hacerlo. Sus ojos reflejaban el enojo y el aburrimiento, su mandíbula estaba ligeramente apretada. Cuando lo vi apartó la mirada. Wow, debe odiarme mucho como para sentirse celoso de que yo me divierta su mejor amigo mientras él se muere de aburrimiento. Iba a decirle algo pero el sonido de una puerta abrirse nos interrumpió a todos. Sonreí y negué con la cabeza al ver a Joe llegando tarde. —Ya me hablaron de usted. —dijo el profesor con cierto desprecio, reí—. Solo entre, no habrá presentación, su compañero a partir de ahora será Daniels. Volteé a ver a Dyl y noté que seguía enojado. Creo que hoy ha estado de mano humor desde que llegó Joe. Se me hizo raro que reaccionara así, pues supuse que se habrían vuelto amigos en el descanso, ya que a Joe lo habían invitado a su mesa. —Joe. —fue lo único que dijo antes de caminar hacia su mesa con Dyl. Y como era de esperarse muchas chicas se quedaron congeladas al verlo, por lo hermoso que era. Parece que tienes competencia, Daniels. Cuando estuve en la salida del instituto suspiré ya que estaba sola otra vez. Todos mis amigos se habían ido. A Jenn la había recogido su madre otra vez y Violeta tuvo que ir al dentista, así que se fue casi corriendo. Una vez más decidí escapar de Tayler en lugar de pedirle que me llevara, como él había dicho muchas veces que haría si se lo pedía. Había mucha gente en el estacionamiento y yo estaba sola, lo cual no me molestaba, pero si me aburría. Salí del instituto y cuando quise irme un cuerpo muy femenino se paró en frente de mí impidiéndome el paso. Di un paso a la derecha y ella también lo hizo, di un paso a la izquierda y también lo hizo... Esto había dejado de ser juego para mí, así que no pude evitar fulminarla con la mirada. Principalmente porque esa persona no me caía nada bien. Era la novia de Dyl.
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