Que.
¿Qué?
¡¿Qué!?
—A Tayler le gustas. —repite al ver mi reacción.
—Dyl. No digas tonterías. —dije nerviosa y emocionada, pero por dentro—. Además, ¿eso que tiene que ver con demostrarme que eres su "mejor amigo"? —pregunté esperando que pudiéramos cambiar de tema.
—Conozco a Tayler. —responde encogiéndose de hombros. No le creí—. Es mi lógica de mejor amigo. Él no me ha dicho nada porque sabe perfectamente que no me agradas.
Lo dijo de cierta forma que lo hacía sonar más creíble y poco a poco le estaba empezando a creer. Pero sabía que solo le creía porque quería que fuera cierto.
—¿Es por eso que ayer no fuiste tan desesperante como siempre? —pregunté—. ¿Lo hiciste para…?
—Traté de ser mejor persona contigo. —interrumpió—. Por Tayler.
Oh.
Oh, wow.
Un momento. ¿Qué?
Sonaba muy lindo para ser real, por lo que decidí seguirle el juego. Él era capaz de inventar esta mentira solo para fastidiarme.
—Te creo. —miento y él niega con la cabeza.
—No. Yo sé que no me crees. —dice cruzándose de brazos haciendo notar sus músculos casi instantáneamente. Me sentí tonta por siquiera fijarme en ese aspecto de él—. Te voy a demostrar que si es mi mejor amigo.
—Sí te creo, Dyl. —él negó con la cabeza una vez más. Me rendí—. Bueno, entonces ¿cómo quieres demostrarlo? —pregunto.
—Voy a ayudarlos. —responde. Lo miro confundida—. Yo sé que los dos se gustan, pero son tan tímidos que no hacen nada.
—Primero: Él no me gusta. Segundo: Eso es falso y deshonesto, tratar de "juntarnos". —aclaré.
—No tiene nada de malo. Solo es una ayudadita y es para demostrártelo.
—¡Te creo! En serio. Si eres capaz de hacer eso, entonces te creo. No tienes que ir tan lejos, Dyl.
—¡Oh! Ya acabó el castigo. Adiós. —responde sonriéndome. Se levanta de su asiento y se va dejándome preocupada.
¡No! ¡Él no puede meterse en esto! Iba a arruinarlo todo, ¡apenas podía hablarle y ya quería juntarme con él! Estaba loco, loco de remate y tomate.
Me levanté del asiento y corrí detrás de Dyl.
—¡Oye! En serio. No te atrevas. —le pido a Dyl agarrándolo por los hombros.
—Ya es tarde. —responde mirando algo detrás de mí con una sonrisa.
—¿Qué?
—¡Tayler! —grita con una sonrisa burlona. Volteo la cabeza y veo a Tayler acercándose a nosotros. Me empiezo a asustar con solo imaginar que podría decir Dyl.
—Hola. —me saluda con ternura. Le sonrío y él me devuelve la sonrisa.
—Hola a ti también, Tayler. ¿Saben qué? Deberíamos ir por unos helados, ¿sí? Okay. Oh, no, no puedo ir con ustedes, es una pena. Bueno, no hagamos problemas, vayan ustedes. Traten de divertirse sin mí, ¿okay? Oh, chica sexy... —dijo Dyl súper rápido y se fue detrás de una chica como perro faldero. Puse los ojos en blanco, luego me concentré en Tayler.
—Eh... —empecé a tartamudear sin saber que decir.
—¿Deberíamos hacerle caso? —preguntó divertido. Reí negando con la cabeza.
—No lo sé.
—Yo creo que sí. —dijo—. Entonces, ¿te gustaría ir por un helado?
No puedo creer que esto está pasando.
—Me encantaría. —respondí mientras sentía lentamente como me sonrojaba.
—Pues vamos. —dijo. Entonces recordé algo.
—¡Oh, lo siento! No puedo ir. Es que tengo planes con mis amigas y no voy a...
—¿¡Qué!? —escuché detrás de mí. Volteé algo sobresaltada y me encontré con Violeta y Jennifer—. No, no. No te preocupes por nosotras, Heather. Tú ve, tranquila. —dijo Violeta cortésmente. Jennifer negaba con la cabeza con una sonrisa divertida en su rostro.
—¿Segura Violeta? ¿Jennifer? —pregunté porque, de todas formas, no tenía otra opción. Además, sí quería ir con Tayler.
—No hay problema. —respondió Jennifer mientras Violeta asentía con la cabeza con emoción.
—Gracias, chicas. —dijo Tayler. Violeta lo miró más emocionada.
—Sí, sí. Ahora váyanse. —respondió Violeta y nos empujó suavemente hacia la salida.
Me despedí con la mano y salí del instituto con Tayler. Unas miradas se posaron en nosotros, lo cual me hizo sentir más incómoda, pero traté de disimularlo. ¿Cómo podía Tayler estar tan acostumbrado a toda esta atención?
—Mis amigas están algo locas. —dije algo avergonzada.
—Para nada, se ven divertidas. —respondió con amabilidad—. Violeta es...
—Lo sé. Ella es la más loca. —completé su oración. Él me miró no muy convencido de lo que dije, pero no dijo nada. Ambos entramos a su auto—. ¿Ya la conocías? —pregunté por si acaso.
—¿Ah? La verdad no. Pero me da la impresión de que es bastante… Agradable. No la llamaría loca... ¡Pero sé que bromeabas!
—¡Ah! Sí, totalmente.
—De acuerdo, entonces vamos por ese helado. Esto será divertido.
* * *
Todo había salido bien. Tayler me llevó a una heladería muy bonita, conversamos y, por suerte, no hubo silencios incómodos. Él fue muy amable, como siempre.
Me encontraba echada en mi cama pensando en la linda tarde que había pasado gracias a Dyl. Aunque no quise aceptarlo, su “ayudita” realmente ayudó, valga la redundancia. Y todo para demostrar que sí era amigo de Tayler.
Debo dejar de ser tan prejuiciosa.
Me había decidido a dejar de poner etiquetas a las personas luego de darme cuenta que había hecho eso con Violeta y Jennifer, pero lo había vuelto a hacer una vez más. Incluso si no son amigos de verdad, eso no me incumbe.
Unos golpes en mi ventana interrumpieron mi reflexión. Fruncí el ceño y me acerqué a ella con un bate de béisbol (típico de las películas).
¿Por qué tengo un bate de béisbol?
Hablando del rey de Roma…
—Dyl. —dije al verlo a través de mi ventana. Estaba ahí trepado.
—Abre la ventana. —murmuró.
—¿Qué haces aquí?
—¡Abre antes de que me rompa la columna! —exclamó, pero en voz baja, lo cual me alivió. Parecía que de pronto iba a cooperar con hacer silencio para que mi madre no supiera que estaba en mi casa. Dejé mi bate de béisbol a un lado y le abrí la ventana.
—¿Qué haces aquí? —repetí dejándolo saltar por mi ventana.
—Vine a ver que tal fue su cita. —respondió con una sonrisa de orgullo—. Y a seguir con el plan.
—Primero: No fue una cita. Segundo: No hay ningún plan, Dyl. Solo olvídalo.
—De acuerdo, háblame de ti. —dice ignorando por completo lo que le acababa de decir—. Para hablarle de ti a Tayler cuando no estés.
—¡No voy a seguir con esto, Dyl! —aclaré, o mejor dicho, traté de aclarar, una vez más.
—Si lo harás. Además, tú no tienes que hacer nada. Yo haré el esfuerzo. Deberías sentirte agradecida. —acató con una sonrisa en su rostro. Lo miré entrecerrando los ojos.
—¡No! —grité.
¿Grité?
Oh, no. Mamá.
—¿Sucede algo, hija? —escuché detrás de la puerta.
Arrastré a Dyl hasta el baño de mi habitación. Él solo se dejaba arrastrar y no hacía nada por ser más rápido. Y yo que pensaba que a partir de ahora iba a cooperar.
—No, mamá. —respondí abriendo la puerta. Dyl estaba escondido y con una mirada asesina le indiqué que no saliera.
—¿Y entonces por qué gritaste?
—Es que… Ya sabes... —tartamudeé—. Hablo sola.
Que buena respuesta.
—Okay... —me respondió con extrañez. Se quedó parada en el marco de la puerta y yo la miré confundida.
—¿Pasa algo, mamá?
—No, nada. Me voy a mi cuarto. —dijo yéndose.
Uf, mamá no se dio cuenta. Lo había logrado.
—Ah, por cierto. Saluda a Dyl de mi parte.
Mierda.
No respondí nada. Solo cerré la puerta. Luego me di la vuelta y recargué todo mi peso en ella. Dyl salió del baño con la misma sonrisa estúpida de antes.
—Eso no salió como esperabas.
—No importa. De todas formas no se va a enojar.
—Adoro a tu madre. —rodé los ojos ante lo que dijo, no porque yo no la quisiera, sino porque sabía que él solo lo decía porque le dejaba entrar a mi habitación—. Bueno, Heather, ¿a qué hora empiezas a hablarme de ti?
—Me considero una chica divertida. Me divierte golpear a los hombres en sus partes. —amenacé, burlándome de él.
—Agresiva. —dijo pensativo—. Eso podría gustaría a Tayler.
Ahora él se estaba burlando de mí.
—Dyl, ¿no entiendes? No necesito esto. Mira, lo que hiciste hoy resultó bien y fue “amable” de tu parte. Y también te creo, en serio, eres su mejor amigo. —dije tratando de sonar lo más honesta posible, pero él solo negó con la cabeza.
—Estás diciendo la verdad, pero, aun así, no voy a parar.
—¿Por qué no te rindes y ya?
—De acuerdo. Háblame de ti. —repitió ignorando por completo nuestra discusión. Sentía que iba a explotar por su terquedad.
—¿Podemos hacer esto otro día?
—Mañana.
—No, mañana no puedo.
—¿Qué? ¿La señorita "me vale v***a la vida" tiene planes?
Tomé tres respiraciones profundas para contener las ganas de golpearlo con él bate de béisbol. ¿Por qué me llamaría así?
—Así es, sólo vete.
—Como quieras. —dijo dirigiéndose a la ventana—. Tomaremos una de nuestras clases para hablar sobre ti... Wow, nunca creí que diría eso.
—Yo nunca creí que escucharía eso.
—... O tal vez podríamos... —bromeó mirando mi cama— ¡AH!
Ese hermoso sonido salió de su boca al sentir mis manos sobre su espalda. Así es, lo había empujado por la ventana.
—Si a Tayler no le gustan las agresivas, pues a mí sí. —dijo desde abajo guiñándome. Al ver mi cara de asco rió y se dio la vuelta para irse.
Cerré la ventana (esta vez con seguro) y entré al baño para cepillarme los dientes. Después de eso me quité los lentes de contacto y me quité el maquillaje de la cara. Me tiré en mi cama boca abajo y jugué a aguantar la respiración. Iba diez segundos y ya había separado la distancia entre la almohada y yo. Sin duda, no sirvo para estos juegos.
De la nada empecé a recordar "momentos tontos" que había pasado con Dyl.
Así es, Dyl.
¿Y por qué? No tengo ni la menor idea. A veces el cerebro hace estas cosas.
¡Alguien ayúdeme, por favor!
Sonreí un poco cuando todos sus comentarios volvieron a mi cabeza. Principalmente el de “La señorita "me vale v***a la vida"”. Y el último que acababa decir “Si a Tayler no le gustan las agresivas, pues a mí sí”. Tayler nunca me haría bromas así, ya que necesitaríamos un poco más de confianza. Pero el hecho de que Dyl lo hiciera, no significaba que teníamos confianza, solo significaba que ÉL era un confianzudo.
Mientras que pensaba en Dyl, empecé a notar que a veces las conversaciones con Tayler se podían volver un poco… Aburridas. No quiero decir aburridas. Si estaba con él, si reía, pero no era el mismo tipo de diversión que tenía con Dyl, ya que, sí, tenía que aceptarlo. A pesar de que técnicamente no me sentía la más feliz cuando estaba cerca de él, cuando pasaban las horas, lo recordaba todo y sonreía. Era otro tipo de diversión. Tayler seguía siendo perfecto en todos los sentidos, pero solo en ese momento… Cambié mi manera de pensar sobre Dyl y me permití recordar cómo se veía cuando se acomodaba el cabello, en cómo sus tonterías siempre me parecían molestas pero… Luego ya no tanto.
Dios. ¿Realmente estoy comparando a Tayler con Dyl?
¿Qué está pasando? ¿Por qué hago esto? Y lo peor de todo...
¿Por qué no puedo responder ninguna de mis preguntas mentales?
Creo que en vez de golpear a Dyl con el bate de béisbol (como quería hacer) debería golpearme a mí.
Después de un tener un gran dilema entre Tayler y Dyl... No llegué a ninguna conclusión. Tampoco tenía porque hacerlo, simplemente podía dejar las cosas como estaban, así que dejé de pensar en eso rápidamente.
—¡Heather, camina más rápido! Llegaremos tarde a clase. —me dijo Violeta.
De repente, ya no me sentía tan bien como antes. Me sentía extrañamente débil y con un ligero mareo. Seguí caminando, pero el mareo se iba intensificando cada vez más. Sentía que me salía de la realidad, pero acompañada de ese dolor.
Y de pronto, todo se oscureció.
* * *
—Está despertando... —oí.
Lentamente abrí los ojos y lo primero que sentí fue un dolor en el tobillo.
—Ouch, ¿qué… Qué pasó? —pregunté confundida. Una mujer con bata blanca se acercó a mí—. Disculpe, ¿qué pasó?
—Tranquila, cariño. Te desmayaste.
¿Me desmayé? ¿Y cuando sucedió eso? Yo solo recordaba que Violeta y Jennifer me apuraban y me hacían caminar rápido para llegar a clase, luego me sentí mareada y... Oh, ya entiendo, me desmayé.
—¿Te siente mejor? —pregunta la doctora al verme tan callada.
—Oh… Sí, lo siento. Es solo que mi cerebro estaba "cargando". —traté de bromear para eliminar cierta tensión que suele haber en los consultorios o, en este caso, la enfermería de la escuela. Porque estar en la enfermería de la escuela, ¿verdad? No creo que me hayan llevado al hospital—. ¿Entiende? ¿No? Bueno.
Creo que mi chiste solo empeoró la situación.
—Okay, cariño. Solo te digo, por si tu cerebro sigue "cargando", que estás en la enfermería del instituto. Un chico te trajo en brazos diciendo que estabas desmayada y que no sabía porque, también vinieron dos chicas preocupadas. Todos deben estar afuera esperándote. —aclaró—. Ah y otro chico también se unió a su "espera". Tienes buenos amigos.
—Ah, sí, supongo.
Me senté en la camilla. Quise pararme, pero sentí un dolor en el tobillo otra vez. Por instinto miré mi tobillo y me di cuenta de que estaba vendado.
—Creí que solo me había desmayado.
—Al parecer, mientras caías por tu desmayo, diste un mal paso y te golpeaste el tobillo. Descuida no es tan grave. Solo vas a tener que usar esto. —dijo y me mostró unas muletas.
—¿Qué? Pero usted misma dijo que no era nada grave. Solo esta vendado, no necesito eso. —respondí y para demostrarle que estaba bien me levanté de la cama y traté de caminar, pero sentí un dolor más fuerte que antes.
Mierda.
—No es grave. —repitió la doctora, bastante comprensiva frente a mi terquedad—. Lo que sucede es que no puedes pisar sin sentirte adolorida, para eso son las muletas. No te preocupes, estoy segura de que solo tendrás que usarlas por una semana.
—Está bien. —dije en un suspiro. No quería sentir dolor—. Páseme las muletas, por favor.
La mujer se acercó a mí con las muletas y me ayudó a pararme.
—¿Tiene alguna idea sobre porqué me desmayé?
—Realmente no, pero, dime, cariño, ¿estás comiendo bien?
Me quedé callada por un momento.
—Pues… Creo que he estado pasando las cenas... Y algunos los almuerzos.
Que tonta me sentí. Claro, si no cenaba y solo almorzaba esos sándwiches de jamón y queso.
—¡Oh! Esa debe ser la razón. Debes comer mejor o volverá a pasarte esto. Prométeme que lo serás más responsable.
—Sí, sí. Lo prometo. —respondí poniendo una mano en mi corazón.
Agarré las muletas y, sintiéndome una torpe, empecé o, mejor dicho, traté de caminar con ellas. Daba pasos lentos, hasta que por fin entendí mejor como se hacía.
La doctora me abrió la puerta, le agradecí y salí. Ahí estaban Jennifer, Violeta, Tayler y... Dyl.
Caminé hacia ellos mirando solo mis pies por la vergüenza.
—¿Estás bien? —preguntó alguien. No pude saber si había sido Tayler o Dyl, ya que estaba concentrada en mis pasos.
—¿Quién preguntó eso? —pregunté levantando la cabeza y la primera mirada que encontré fue la de Dyl.
—Eh... Fue Tayler. —respondió Dyl desviando la mirada.
—Ah... Estoy bien, solo me duele el tobillo. Además, como ya vieron, tendré que andar con esto por una semana.
—Lo siento. Pero el tiempo pasará rápido, no te preocupes. —dijo Tayler. Le mostré una pequeña sonrisa. Él estuvo a punto de devolvérmela, pero la doctora interrumpió nuestro momento.
—¿Algún amigo de ella que sea de confianza? —preguntó mirando a mis amigos, miré a Violeta y a Jennifer.
—Somos sus mejores amigas. —dijeron ellas al unísono. La doctora les indicó con un dedo que se acerquen a ella, ellas hicieron caso y hablaron con la doctora. No podía escuchar nada, pero veía que ellas solo asentían y se encogían de hombros. Supuse que me lo dirían después.
Y si no lo hacían, pues las voy a obligar. Tenía un pequeño problema con la curiosidad, era muy curiosa y más si se trataba sobre mí.
Mientras ellas hablaban con la doctora, Dyl me habló.
—Vas a sufrir con las muletas.
—¿Por qué lo dices?
—Yo tuve que usarlas por un tiempo. Me lesioné en un partido de fútbol de la escuela, aunque, claro, quedé como el héroe. —dijo orgulloso. Puse los ojos en blanco y respondí.
—Voy a estar bien con estas cosas. Yo soy fuerte.
Y esa fui yo hace cinco minutos.
Les presento a la Heather del presente:
—¡NO PUEDO MÁS ! ¡QUÍTENME ESTA COSA!
—Heather, por favor. —dijo Jennifer poniendo los ojos en blanco, Violeta sólo rió.
—Siento que hubiera caminado una infinidad de calles... —dije desesperada, me dolían las axilas y una pierna.
—¡Acabamos de cruzar el pasillo! —aclaró Violeta riéndose.
—Oh, entonces siento que he caminado una infinidad de pasillos. —continué dramáticamente.
—Te dije. —habló Dyl, lo miré y reí.
—No será complicado, Heather, solo trata de acostumbrarte. —dijo Tayler. Le miré y asentí sin ganas—. Gracias por darme ánimos.
* * *
Estaba llegando a casa. Violeta y Jennifer decidieron acompañarme. De todas formas lo harían, ya que el día anterior íbamos a estar en mi casa pero como salí con Tayler no se pudo.
Llegando pensaba ya decirles que Tayler me gustaba. El problema era que, de alguna forma, estaba empezando a dudarlo. Y todo por Dyl, lo cual no tenía sentido alguno.
Si les decía eso a las chicas sabía que tal vez me ayudarían, pero también había posibilidades de que hicieran todo un drama. Especialmente Violeta.
—Bueno, ¿qué querías contarnos? —preguntó Violeta tirándose en mi cama como si fuera suya, lo cual no me molestó para nada.
—¿Tengo algo que contarles? —pregunté en respuesta, haciéndome la despistada.
—Estás jugando con tu cabello, Heather. Estás nerviosa. —confirmó Jennifer. Fruncí el ceño y me observé. Era cierto, estaba jugando con mi cabello.
—Yo... No sabía qué hacía eso. —dije soltando mi cabello.
Me pregunté si era normal ser tan despistada. No sabía ni eso sobre mí misma. Tampoco noté si quiera que estaba dejando las comidas. Aunque eso sí era una tontería. Actuar de manera tan irresponsable cuando lo único que tenía que hacer era servirme un almuerzo más completo, y una cena también. Me prometí ser más consciente y cuidar mejor de mí misma.
—Nosotras nos dimos cuenta hace unos días. —respondió Jennifer—. Normalmente lo haces cuando estas cerca de Tayler.
Volví a fruncir el ceño, pero esa vez no estaba confundida, sino avergonzada.
—Se supone que las chicas hacen eso para coquetear. —opiné.
—Pues... Tú lo haces cuando estas nerviosa. —respondió Violeta.
—Eres rara. —dijo Jennifer. Me encogí de hombros sin nada que decir.
Nos quedamos calladas unos minutos. Yo miraba el piso, pero sabía que ellas me estaban mirando.
—¡Habla! —exclamaron ellas al unísono, haciendo que de un pequeño salto en mi lugar. Con las muletas y todo, me paré para ir a sentarme en el sofá que tenía en mi habitación. Cubrí mi rostro con mis manos.
—Me gusta alguien.
—Sí, ya sabemos. —dijo Violeta y quité mis manos mirándolas anonadada.
—Por Dios. Todos lo sabemos. —hablo Jennifer. Yo sabía que era casi obvio, pero me sorprendió— Pero... Yo sé que todavía tienes algo que decirnos.
—¿Ah, sí?
—¿Ah, sí? —repitió Violeta. Jennifer la reprochó con la mirada.
—¡Violeta! Arruinas nuestro trabajo como detectives.
—Como sea... ¿Por qué piensas eso? —pregunté.
—Porque sigues jugando con tu cabello. —contestó Jennifer. Me quede quieta y luego me observé. Otra vez, tenían razón y, otra vez, yo no lo había notado.
¿Tengo algo más que decirles?
—Les juro que no sé porque lo hice. —dije frunciendo el ceño— No sé qué es lo que tengo que decirles.
Ellas me observaron y luego se observaron entre ellas. Asintieron.
—Es cierto.
—Te creemos. Pero que extraño. —opinó Jennifer y soltó una pequeña risa.
Entonces lo recordé. Era lo de Dyl. Que de la nada había empezado a compararlo con Tayler. Eso era extraño, pero me convencía a mí misma de que si no lo había recordado antes, era porque el asunto no era tan importante. Además, ya les había dicho que no lo recordaba y me habían creído, así que no tenía por qué mencionarlo. Decidí cambiar de tema y me aseguré de pegar mis manos a mis piernas para no volver a tocar mi cabello.
—Bueno... ¿Quieren helado? ¡Vamos a comprar helado!
—Heather, se supone que tienes que descansar la pierna. —comentó Jennifer.
—Lo sé, lo decía por ustedes. —respondí acomodando mi pierna en el sofá—. Vayan a comprar helado, yo las espero. —ordené en broma. Cerré los ojos y fingí relajarme.
De pronto, sentí un cuerpo sobre mí y luego sentí como esa persona me hacía cosquillas. Era Violeta. Abrí los ojos como platos y me retorcí de risa como gusano.
—¡La pierna mala! ¡La pierna mala!