—Hola, Tayler. Eh... Volví porque me olvidé mi USB —dije completamente embobada. Busqué con la mirada lo que había olvidado pero ya no lo podía ver en la mesa—. Aunque ya no lo veo. —continué con una sonrisa nerviosa.
—Ah, sí, está en mi cuarto. —responde. Yo inconscientemente frunzo el ceño, confundida—. ¡No te enojes! Lo llevé porque tengo una mascota, un perro, y no quería que agarrara tu USB como si fuera un juguete.
—¡Ah! —respondo con una sonrisa—. Está bien.
—Sí, creo que olvidé decirte que tenía una mascota cuando me pediste que te hablara sobre mí.
Suelto una pequeña risa—. No te preocupes por eso.
Me mira sonriendo.
Dios, que deje de hacerlo o moriré aquí mismo.
No, no. No quiero que deje de hacerlo.
—Bueno... ¿Me la puedes dar...?
—Sí, sí. Ven. —me dice mientras camina hacia las escaleras. ¿Me está pidiendo que vaya con él?
Pues, claro, si me dijo "ven".
Bueno, no puedo negarme.
Me apresuré y subí las escaleras detrás de él. Llegamos al segundo piso, en donde noto que hay muchas puertas, lo cual era raro considerando que solo eran sus padres y él, pero, bueno. Eran millonarios después de todo. Tayler se detiene en frente de una puerta y entra.
—Ven. —repite saliendo de su cuarto al ver que me había quedado parada en la puerta.
—Okay... —respondo dando un paso, nerviosa.
Su cuarto es lindo, típico de un adolescente.
Seguramente me veía como se veían Jennifer y Violeta al ver mi cuarto, pero mi cuarto no era nada comparado con la habitación de Tayler. Ahí todo estaba ordenado, pero no lo parecía. De alguna manera el lugar se veía ordenado y desordenado al mismo tiempo, y no se veía mal en lo absoluto. Mis ojos se toparon con su escritorio, en donde mi USB se encontraba.
—Tu cuarto está genial. —digo. Él me sonríe otra vez.
Sé que seguramente te aburre leer eso a cada rato, pero a mí no me aburre. Que un chico tan lindo me sonría es emocionante.
—Aquí está tu USB. —Tayler se acerca a su escritorio, toma mi USB y me lo entrega—. Sano y salvo.
—Gracias. —sonrío tomando mi USB. Por un segundo nuestras manos se rozan y siento un cosquilleo recorrer mi piel, especialmente en mi mano. Me pregunté si él lo sentiría también—. Eh... Ya me voy. —digo y sin dejar de mirarlo señalo con mi dedo la puerta de su cuarto.
—Te acompaño.
Bajamos al primer piso, en donde se encuentra una mujer adulta, por lo que me empecé a poner nerviosa por décima vez en el día, ya que supuse que era su madre.
—Hola, hijo. —dice la señora. Mejor dicho, la mamá de Tayler, y le da un beso en la mejilla—. ¿Y quién es esta chica? —pregunta con una sonrisa. Le devolví la sonrisa y miré a Tayler para que me presentara, ya que, aparentemente, yo estaba demasiado nerviosa como para hacerlo yo misma.
—Mamá, ella es Heather, una amiga. —respondió Tayler y asentí acercándome a la hermosa mujer.
—Es un gusto. —estreché su mano tratando de lucir linda y no boba, como siempre me veía cuando estaba cerca a Tayler.
—El gusto es mío, Heather. —me responde amablemente.
Esta señora es súper diferente a mi mamá.
—Bueno, no molesto más. —digo con otra sonrisa ridícula, solo porque quería caerle bien a la señora—. Yo me voy.
—Oh, sí. Te acompaño. —me dice Tayler.
—Adiós, señora. —digo despidiéndome con la mano—. Fue un placer.
—Igualmente. —responde ella con una sonrisa.
Caminé hasta la puerta con Tayler a mi lado. Se hizo un ligero silencio incómodo, pero aún así no me animaba a hablar.
—Gracias por cuidar mi USB. —dije. Él se encogió de hombros con una sonrisa. Sonreí una vez más, pero esa sonrisa fue más genuina—. Chau.
—Adiós. —me dice mientras salgo de su casa. Volteé de reojo disimuladamente y me di cuenta de que él no quitó su mirada de mí hasta que cerró la puerta.
* * *
Cuando llegué a casa me encontré con mi madre, quien me esperaba en el sofá. No se molestó, pero si me preguntó a donde había ido, así que le respondí con la verdad, pero rápidamente me arrepentí.
—¿Esta vez sí te cuidaste?
—¡MAMÁ!
Fui a mi habitación y me tiré en mi cama. Después prendí la laptop y coloqué el USB para revisar el trabajo y ver que todo estuviera bien.
Sipi. Todo estaba bien. Sin duda Tayler y yo tendríamos una buena calificación.
Ya eran las 6:00 p.m. y yo no tenía nada que hacer, así que, después de tener una discusión conmigo misma, decidí llamar a Dyl para que viniera a casa a tratar de estudiar lo mismo otra vez. Iba a tenerle un poquito de paciencia, solo un poquito.
Algo que no había mencionado antes, porque no me importaba en lo más mínimo, era que tenía el número de Dyl. Él mismo me lo había entregado en un papel de manera "seductora". Ugh, idiota.
—¿Hola? Idiota, ven a mi casa... ¿Qué...? ¡Pervertido! ... Decidí darte una segunda oportunidad... ¡Oh, lo siento! Había olvidado que tú solo piensas en perder el tiempo con chicas descerebradas... Okay, bye.
Por alguna razón decidió aceptar. Pensaba que me diría que no, ya que la razón por la que soy su tutora solo es porque él quería fastidiarme, no aprender, y solo lo había llamado porque no tenía nada más que hacer.
Y estaba renegando con solo pensar que iba a tener que pasar más tiempo con él, pero tenía que admitir que, de alguna forma, también me divertía estar con él. Discutir, insultar, esas eran cosas que solo hacía con él, porque se lo merecía, claro, pero no dejaba de ser divertido.
Estuve un buen rato esperando a que llegara, hasta que por fin lo hizo. Fui rápidamente a abrirle la puerta,
—¿Tan desesperada estabas por verme? Ni siquiera esperaste a que toque la puerta.
—No quiero que mi madre te vea.
—¿Entonces planeas que estudiemos en tu sala y que ella no me vea?
—No, estaremos en mi habitación.
Sin esperar respuesta caminé hacia las escaleras esperando que él viniera detrás de mí. Y así fue.
—Linda... —dijo pensativo. Esperé que dijera "Linda habitación", pero dijo otra cosa—... Cama. ¿Podemos estudiar ahí, no?
—No. Cállate.
Me senté en el sofá de mi habitación y lo miré para que se acercara. Dyl vino y se sentó a mi lado, pero invadiendo mi espacio personal. Le golpeé en el brazo y él, sorprendentemente, se apartó con una mueca de dolor.
—¡Auch! Como golpeas, mujer...
Reí ante su comentario—. Sí, sí. Ahora voy a ver qué puedo hacer por tu pequeño cerebro.
—Eso también dolió. —dijo. Lo miré con cara de "¿really?
—Deja tus bromas a un lado y abre ese libro. —respondí señalando el libro de Matemáticas que estaba sobre la mesa que había en frente de nosotros.
—¿Por qué me pediste que viniera? —me pregunta, por lo que volteo la mirada—. Se supone que odias pasar tiempo conmigo.
—Es como matar a dos pájaros de un tiro. —me encojo de hombros para restarle importancia a la situación—. Acabo con mi aburrimiento y a la vez ayudo a que tu cerebro almacene más información aparte de la que tienes sobre... Dios sabe que. Aunque admito que es un sacrificio, porque, sí, tienes razón, detesto pasar tiempo contigo.
—Okay, fue una gran idea entonces. —responde prácticamente aceptando que lo que dije es cierto—. Haré que tu sacrificio no sea en vano.
—¿Prometes no interrumpirme durante la tutoría?
—Lo prometo.
—¿Y también prometes esforzarte por entender aunque sea el 1% de todo lo que te enseñe?
—Lo prometo.
Parecía que íbamos por buen camino, realmente esperaba que cumpliera su promesa.
Este chico es extraño. Primero actuaba como un cretino y luego actuaba... Diferente.
No digo que sea mejor, sólo un poquito mejor.
Poquito.
* * *
Al terminar la tutoría me sentí gratamente sorprendida al ver que Dyl había cumplido su promesa. En ningún momento me interrumpió, ni se detuvo a hacer cosas estúpidas.
—Entonces dime, Dyl... ¿Entendiste?
—Sí. —sonrió—. Un momento, ¿qué dije? Dije "sí". ¡SÍ! —continuó aplaudiendo mientras daba saltitos.
¿Porqué no me sorprende?
—No es la gran cosa, Dyl.
—Pues para mí lo es.
—Okay, entonces ¡felicidades! —exclamé sarcásticamente a lo que él respondió con una pocker face—. Oye, quiero preguntarte algo.
—¿Qué?
—¿Por qué hoy no fuiste tan desesperante como siempre?
—Porque me enteré de algo, pero...
—¿De qué te enteraste?
—No puedo decírtelo.
—Mhh... Okay. —respondo tratando de tragarme la curiosidad.
—Sip. —suspira. Nos miramos y todo se vuelve incómodo—. Ya debo irme.
—Te acompaño.
—¡Qué linda!
—Lo hago para que mamá no te vea.
—¡Sigues siendo linda!
—Cállate que así no vas a conquistarme. —bromeo.
—No quisiera hacerlo.
Salimos de mi cuarto y caminamos hasta llegar a la puerta.
El Dyl de hoy sí que me sorprendió.
Pero, ¿qué será esa cosa de la que se enteró?
Por desgracia no podía saberlo, y no era una persona chismosa, pero definitivamente sentía curiosidad. Y la curiosidad me estaba matando en ese momento.
Supongo que me quedaré con el beneficio de la duda, como dicen.
Solo que ahora no hay ningún beneficio.
No lo soporto, tengo que saber.
No, no, no voy preguntar nada.
—Dyl, ¿qué cosa no puedo saber?
Mierda.
Él solo negó con la cabeza en modo de respuesta. Decido cambiar de tema, para no volver a pasar un momento incómodo con él.
—Misión cumplida. Mamá no te vio.
—Promesa cumplida. Aprendí.
Ambos reímos, pero de momento a otro acarició mi mejilla con su mano.
—¿¡Qué te pasa !? —exclamo apartándome bruscamente. Él suelta una gran carcajada mientras yo lo fulmino con la mirada.
—Pues solo quería comprobar si te vuelvo loca. —hago una mueca de asco al escuchar eso—. Ya me di cuenta de que no.
—Pues no, Dyl Daniels. —retrocedí un paso para alejarme de él—. Eso nunca pasará.
—Me alegra. —responde Dyl.
—Yo me alegro más.
Después de eso se fue, pero no sin antes mostrarme una sonrisa divertida que, por alguna razón, terminé correspondiendo.
Suspiré mirando la puerta ya cerrada. Subí a mi cuarto y me tumbé en mi cama cual costal de arroz para dormir. Odiaba admitirlo, pero pensé mucho en Tayler. Empecé a recordar toda la tarde que estuve en su casa y sonreí. Simplemente no podía sacarlo de mi cabeza
¿Sonrojarse? ¿Qué?
* * *
Abrí los ojos gracias a los rayos de sol que se colaban por la ventana. Y aunque sonara muy poeta, era cierto. ¡El maldito rayo de sol me estaba dejando ciega!
Salí de la cama apretando los ojos para tratar de eliminar la molestia. Entonces cuando me sentí más despierta, me acerqué a ver el reloj (y bastante porque no traía los lentes) y era tarde.
¡Es tarde!
Me bañé, cambié y cepillé lo más rápido que pude. Bajé las escaleras corriendo y con un “¡adiós, mamá!” salí de la casa. Ella me miraba con sus manos apoyadas en sus caderas como toda una mamá, reí mientras corría. Como la quiero, con sus problemas cerebrales y todo.
A mitad de camino escuché a alguien gritar mi nombre.
¿Sería Tayler?
Voltee esperanzada. Pero no, no era Tayler.
Era Dyl.
—Ven, cariño, no te voy a tocar. A menos que tú quieras.
—Ugh. —respondí mientras me acercaba a su lindo auto—. Pero que quede claro: solo me subo a tu auto porque voy llegando tarde y estoy desesperada. No quiero llegar tarde a clase. Y me dejas una cuadra antes. —aclaré.
—¿No qué ibas tarde?
Tenía razón. Estaba actuando de manera irracional, pero no hice nada por cambiarlo. A veces soy así de estúpida.
—Porque no quiero que me vean llegar contigo.
—Ah, pero si estabas feliz llegando con Tayler. —se burló.
—Tú solo déjame una cuadra antes. —respondí amargada—. Y si no quieres, no te preocupes. Me bajo del auto.
—Está bien. —dijo rendido. Le traté de mostrar una sonrisa que dijera: “gracias por entender”, ya que, después de todo, Dyl me iba a hacer el favor de llevarme y ya estaba actuando bastante grosera.
Pasó un rato hasta que llegamos a la cuadra en la que me bajaría.
—Okay... —suspiré mientras bajaba del auto—. Gracias por traerme.
—Cuando quieras. —respondió seductoramente. Puse los ojos en blanco al mismo tiempo que reía con ligereza, luego seguía caminando.
Llegué al instituto y en la entrada me encontré con Violeta y Jennifer.
—¡Hola! —saludé con algo de alegría. Realmente no sabía porque pero tanto pensar en Tayler y Dyl me había hecho extrañar a mis amigas un poco.
—Hola, Heather. —dijo Jennifer.
—Holi boli. —respondió Violeta.
—¿Tenemos clase juntas? —pregunté y para mi suerte ambas asintieron igual de felices que yo. Caminamos hasta el aula de Ciencias Sociales y al llegar nos sentamos en carpetas contiguas.
Nos miramos con una sonrisa. Al verlas sentí que poco a poco (y sin querer) ya confiaba en ellas más. Pensé en mencionarles que me gustaba Tayler, pero recordé como había reaccionado Violeta cuando le dije que haría un trabajo con él. Entonces decidí decírselos en mi casa, ya que era un lugar más privado para conversar.
—Oigan, ¿hoy quieren venir a mi casa? —pregunté mirándolas a los lados.
—¡Sí! —exclamó Violeta con emoción.
—Claro. —dijo Jennifer más tranquila.
No recordaba muy bien como las había etiquetado cuando conocí a las chicas, pero ya tenía ideas más claras. Violeta era una chica con mucha alegría para compartir y tenía un buen corazón. Jennifer no era tan alegra y siempre conservaba su actitud tranquila, pero, al igual que Violeta, tenía un buen corazón. Me sentí muy tonta por haber si quiera pensado en “etiquetarlas” cuando las conocí. Después de conocerlas a ellas, entendí que hacer eso era inmaduro y bastante prejuicioso.
En menos tiempo del esperado, se volvieron unas amigas que realmente quería mantener. Cosa que no creí que pasaría para nada, ya que yo me consideraba una persona muy lenta para depositar mi confianza en las personas, pero aún así ellas habían logrado lo casi imposible.
—¿Vienen conmigo o prefieren venir más tarde? —pregunto.
—Contigo. —respondió Jennifer—. ¿Violeta?
—Estoy de acuerdo.
—¿No estarán castigadas? —pregunto fulminándolas con la mirada, pero en broma.
—No, lo juro. —respondió Violeta rápidamente. Reí.
—Tranquila, solo estaba bromeando. No te acusaba de estar castigada. Además, ni que fuera tu mamá.
—Sí, tienes razón. —respondió con una sonrisa—. Estoy acostumbrada a ese tipo de preguntes, así que respondí automáticamente.
Nos quedamos calladas por un momento mientras Jennifer revisaba su libreta, Violeta miraba a Dyl, quien acababa de entrar al salón de clases con una sonrisa arrogante, como siempre. ¿Y yo? Yo estaba esperando como tonta a que llegue Tayler, pero no lo hizo.
—No te preocupes por él, no es tan malo como parece. —susurra alguien en mi oído. Tardé unos segundos pero reconocí su voz, era Dyl.
¿No es tan malo como parece? ¿Qué le pasó a Tayler?
—¿Q-qué? —pregunté algo preocupada. Intenté disimularlo, pero no pude.
—Sí, no es tan malo. —dijo parándose en frente de mí. Violeta lo observaba como si fuera la gran cosa—. Es solo que no tiene esta clase.
¡Maldito!
Me asustó a propósito, pero ¿qué más podía esperar de él? Era Dyl. Idiota.
—¡Te guiñó! —exclamó Violeta cuando Dyl por fin había regresado.
—Sí. ¿Y? —me encogí de hombros, restándole importancia—. Lo hizo por querer molestar, Violeta. Y lo logró.
—Okay, okay…—dijo Violeta en un suspiro, probablemente sabiendo que si seguía hablando me enojaría.
—Okay. —dije yo con una pequeña sonrisa.
—¡Aleluya! —habló Jennifer levantando los brazos—. Violeta aprendió a controlarse.
Jennifer y yo reímos y Violeta solo se cruzó de brazos, pero no aguanto más y se unió a nuestras risas poniendo los ojos en blanco.
* * *
La clase acabó haciéndome sentir libre otra vez.
¿A alguien se le vino a la mente Let It Go?
¿No? Okay.
Me encontraba comiendo con mis amigas tranquilamente. Hasta que una de ellas decidió hablar sobre Dyl y Tayler. Ya se imaginarán quien fue.
—¿Cómo lo haces? —preguntó Violeta. Al ver mi cara confundida continuó—. Ser amiga de los chicos más populares del instituto. Nadie habla con ellos así como si nada y tú lo haces. Vamos, hasta los insultas.
No me había puesto a pensar en eso. Realmente ver a Tayler y hablar con él, no se me hacía nada especial hasta que empezó a gustarme. Y mis conversaciones con Dyl jamás eran especiales. Cada vez que lo veía quería golpearlo, así que, en realidad, agradecería no tener el "privilegio" de hablarle. Aunque sí agradecía tener el "privilegio" de poder hablar con Tayler.
—Dyl es pura obligación. —respondí—. Tayler no tanto.
* * *
Me encontraba mirando como tonta a Tayler en el salón de clases. Ya había acabado el descanso y después de explicarle muchas cosas a Violeta me tocó esta clase sola, aunque me alegró saber que Tayler también tenía esta clase, y luego me volví a desanimar cuando supe que Dyl también venía.
Mi momento se arruinó cuando por un momento desvié la mirada y me encontré con la de Dyl, quien me había “atrapado” observando a Tayler. Él me observaba con una sonrisa burlona. Lo fulminé con la mirada, pero a él pareció no importarle porque seguía sonriéndome de esa forma.
Escribió algo en una hoja, luego arrancó la hoja, la hizo bolita y me la mandó. Abrí la hoja frunciendo el ceño y leí lo que estaba escrito.
“Así que te gusta mi mejor amigo, ¿eh?”
Cogí el primer lapicero que encontré y respondí: “¿Tú mejor amigo? Personas como tú no tienen mejores amigos”.
Le lancé el papel y el al leerlo puso una cara que no pude definir. Pero no era una cara feliz.
Volvió a escribir en el mismo papel y me lo regresó. Decía: “Primero: No cambies de tema. Segundo”...
—James. Daniels. —dijo el profesor haciéndome levantar la mirada del papel. Agarré el papel y lo metí en el bolsillo de mi chaqueta—. Así que mandándose papeles en medio de la clase. No leeré su conversación, pero sí los mandaré a detención. Ahora.
Uno de mis primeros instintos fue mirar a Tayler. Él sabía que no nos llevábamos bien, pero aún así no quería confundiera las cosas y pensara otras cosas. De todas formas, era solo un papel. Tayler frunció el ceño, pero no me miró. Luego miré a Dyl, quien miraba al maestro como si no le importara que acabara de llamarle la atención. Simplemente se levantó de su asiento con un suspiro y salió del aula.
—¿Qué está esperando, James? ¡A detención!
—Ya, ya voy. —dije. Me levanté de mi carpeta y salí del salón evitando mirar a Tayler.
Caminé por unos pasillos un poco perdida, ya que no sabía en donde era el aula de detención. Luego vi a Dyl y corrí hasta llegar a él. Cuando estuve lo suficientemente cerca le di un golpe en la nariz.
—¡Mierda! —dijo, y, aunque me hizo muy feliz verlo así, continué fulminándolo con la mirada—. ¿Qué te pasa?
—¿Cómo qué, qué me pasa? —respondí—. Por tú culpa nos mandaron a detención.
—Tú empezaste.
—¿Cómo pude haber empezado yo? —lo seguí hasta entrar al aula—. ¡Tú mandaste el papel! —dije poniendo mi dedo índice en su pecho con fuerza.
—Lo hice porque estabas perdida en el rostro de Tayler.
Me quedé callada, pues no sabía que decir para defenderme. De todas formas, yo no tenía la culpa. Pero sí reconocí que había sido una tonta solo por responderle los papeles. Me senté en la carpeta y él se sentó en la carpeta que estaba a mi lado probablemente para seguir fastidiando. Entonces recordé que no había leído el papel por completo, así que quité la hoja arrugada de mi bolsillo y leí el resto.
“Primero: No cambies de tema. Segundo: ¿Por qué piensas que Tayler no es mi mejor amigo?”
Me reí al terminar de leer. Dyl estaba escuchando música con auriculares en sus oídos, así que para llamar su atención le arrojé el papel en la cara. Él, que estaba con los ojos cerrados, abrió los ojos de golpe y se quitó los auriculares.
—¿Qué?
—Voy a responder tu pregunta: Tayler no es tu mejor amigo, eres un chico que por ser popular cree tener mejores amigos, pero no es así. Tayler no es más que uno de tu lista.
—Tayler si es mi mejor amigo, ¿okay? Nos conocemos desde que somos niños y...
—Eso no importa, yo sé cómo son las personas como tú. Los de mi antigua escuela son iguales a ti.
—Tayler también es popular. —se excusó. Sonreí negando con la cabeza. Tayler era diferente.
—Él es tu sombra.
—Solo lo dices porque te gusta.
—Eso no es cierto...
—Oh, por favor ¿y sabes qué? Te voy a demostrar que es mi mejor amigo.
—¿Ah, sí? ¿Cómo?
—A Tayler le gustas.