• Capítulo 4 •

2526 Palabras
Después de mi dramático, pero sincero, comentario empecé a enseñarle matemáticas a Dyl... O mejor dicho, traté de hacerlo. Dyl se cruzó de brazos una vez más—. No entiendo. —¡Trece por trece es igual a ciento sesenta y nueve! —grito frustrada—. ¿Qué es lo que no entiendes? —A ver, a ver, Heather. No te confundas. —replica con voz intelectual y yo frunzo el ceño—. Estamos hablando de la raíz cuadrada, no de la multiplicación. Apreto los puños y suelto otro grito de frustración. —¡La raíz cuadrada de ciento sesenta y nueve es trece porque trece por trece da ese número! Dyl reaccionó lentamente. —Ahh... —sonríe orgulloso—. Claro, ya entendí. Debiste decirme eso antes, Heather. —¡Te lo vengo repitiendo desde que empezamos! —Pues no te escuché. —Acabó la clase. —Pero acaba de empezar. —Acabó la clase. —repito y lo jalo hasta la puerta. Cuando Dyl y yo estamos en la puerta, él se da la vuelta y me mira levantando el mentón, hice lo mismo. No sé en qué momento nos habíamos acercado tanto, pero decidí no moverme, ya que no quería mostrar debilidad ante él. Después de un rato decido romper el silencio. —¿Por qué me haces esto? Se acerca más a mí y murmura—. Porque yo siempre gano. Abre la puerta y se va, pero yo le grito desde la entrada. —¡No creas que me quedaré de brazos cruzados! ¡Me vengaré! ¡Ya verás que pronto te volveré loco! Sí. Fue muy de película y la gente que estaba paseando por las calles me miró raro, pero era en serio. Me voy a mi cuarto, tomo una ducha, me quito los lentes de contacto y finalmente me meto en mi cama para descansar. Era temprano, pero ya había tenido suficiente de Dyl y quería meterme en el mundo de los sueños de una vez. Después de todo el día siguiente sería un nuevo día, valga la redundancia. Además, iría a la casa de Tayler. Oh, Dios. ¡Iré a la casa de Tayler! * * * Abrí los ojos y me sorprendí de que, por primera vez, no los quería volver a cerrar para seguir durmiendo. Parecía que dormir temprano me había ayudado. La única cosa que le tenía que agradecer a Dyl definitivamente era eso. Me alisté para un nuevo día y bajé a la cocina a desayunar. —Buenos días, mamá. Ella voltea con una sonrisa—. Buenos días, Heather. —dice y me da un hueso en la mejilla. Mentira, me da un beso en la mejilla. Solo quería confundirlos. Como una manzana y tomo un vaso de jugo de naranja. Cuando termino me despido de mamá y camino hacia el instituto pensando en cosas sin importancia. Pero algo emocionante pasó después. —¡Heather! Al oír mi nombre, miro alrededor confundida. Rápidamente veo un carro y dentro de él, estaba Tayler conduciendo. —Hola... ¿Quieres qué te lleve? —pregunta frenando a mi lado. Rápidamente acepto. ¿Quién le diría que no a ese rostro? Al entrar lo primero que hice fue saludar y sentirme nerviosa. Me sonrojé. ¡Y yo nunca me sonrojo! —Hola. —repito. —Hola. —dice él siguiendo el juego con una linda sonrisa. —¿Hola? —Hola. —Ya deberías arrancar el auto. —dije cuando oí un claxon sonar detrás de nosotros. —Oh, cierto. —dice. Yo río—. No te rías de mi torpeza. —inconscientemente suelto otra risita. No dijimos nada más hasta llegar al instituto, pero en ningún momento dejé de sonreír como tonta. ¿Qué me estaba pasando? Bueno, ya no podía seguir negándolo. Tenía que reconocerlo. Me gusta. ¡Me gusta! Me gustaba el mejor amigo del idiota... Eso sonaba raro. Pero no se lo iba a decir a nadie hasta que me sintiera cien por ciento segura de mis sentimientos por Tayler. —Gracias por traerme... —digo bajando del auto. —No te preocupes. —responde él con una sonrisa amable. Una sonrisa muy diferente a la que Dyl solía mostrarme. Cuando quité mi mirada de Tayler me di cuenta de que varios compañeros del instituto nos estaban viendo. De entre ellos estaba Dyl, quien nos miraba frunciendo el ceño. No pude evitar sentirme incómoda. —Mhh... Adiós, supongo. —murmuro con torpeza y él asiente también, algo incómodo. Por un momento me había olvidado de que él era uno de los chicos más populares aquí, obviamente llamaría la atención. Empecé a caminar entre la gente y vi como Dyl se acercaba a Tayler. Lo último que escuché antes de irme fue... —¿Qué hacías con la pesada? ¿Pesada? ¿En serio? Ugh, Dyl tiene el cerebro de un niño. Caminé entre los pasillos hasta llegar a mi casillero. Cuando lo encontré abrí la puertita y saqué el libro para mi siguiente clase. Entonces cerré la mini puerta del casillero y terminé encontrándome con las caras acosadoras de Jenn y Violeta. —¿Qué? —pregunto. —¿Tayler te trajo al instituto? —pregunta Jennifer con una sonrisa divertida. —¡Tayler te trajo al instituto! —repite Violeta con más emoción, —Sí, pero... ¿Cómo se enteraron? —Los chismes viajan rápido... —responde Jennifer. ¡Pero eso fue hace menos de cinco minutos! —Okay. —digo extrañada—. Bueno, estaba viniendo hacia aquí y me lo encontré, él se ofreció a llevarme y... Acepté, obviamente. —terminé encogiéndome de hombros para restarle importancia al asunto. —Heather, ¿no tienes algo que decirle a Violeta? —molesta Jenn. —¿Ah? —pregunta Violeta confundida y a la vez emocionada. Le doy una mirada de reproche a Jennifer y ella se encoge de hombros. —Ah, sí. —suelto "tranquilamente"—. Haré un trabajo con Tayler. Y eso significa que iré a su casa. Y, bueno... Tayler... —Tayler le gusta. —interviene Jennifer rápidamente. Frunzo el ceño cuando veo a Violeta aguantar la respiración. Jennifer abre los ojos más de lo normal y luego nos jala hasta una pequeña habitación con cosas de limpieza, más conocido como armario del conserje. —Pero, ¿qué...? —comienzo a preguntar pero justo en ese momento Violeta suelta todo el aire contenido en un fuerte grito—. ¿¡QUÉ!? —De nada. —dice Jennifer sonriendo de lado. —¡Tú y Tayler! —Solo es un trabajo. —respondo mirándola como si estuviera loca, porque lo está. —Sí, claro. Empezó como un trabajo, ¡y ahora te trae al instituto! —exclama dando pequeño saltos como un niña. —No me "trae" al instituto... Solo fue porque me encontró, nada más. —repliqué fingiendo tranquilidad, pero la verdad era que pensar en eso también me emocionaba a mí. Aun así, no iba a decirlo—. Esta conversación acabó. Rápidamente fui a mi clase, que, por suerte, no llevaba ni con Jennifer ni Violeta. Cuando llegué al salón vi a Tayler sentado en su carpeta, así que me acerqué a él, saludándolo con la mano y una sonrisa. —Hola otra vez, solo quería saber a qué hora debo ir a tu casa. —No sé, cuando tú quieras. —responde con una sonrisa ladina. —Okay... ¿A las cuatro te parece bien? —Si eso es lo que quieres. —responde. Tayler es demasiado amable. Asentí y me fui a una carpeta un poco alejada. Si él me gusta no voy a demostrarlo tan rápido. Luego veo como llega Dyl. Cuando me ve gruñe y yo también lo hago. Se acerca a Tayler y se sienta en la carpeta que está a su lado. Decido olvidarme de ellos y miro al frente esperando a que llegue el profesor. —Espérame en tu casa. Tal vez hoy decida no tocar el timbre... O tal vez si lo haga. —murmura el idiota. —Pues lo siento, ella hoy irá a mi casa. —responde alguien de atrás y frunzo el ceño, pero estaba segura de que era Tayler. Sonaba como si estuvieran compitiendo. —Ajá. —digo yo, dándole la razón a Tayler. Finalmente llega el profesor y me obligo a concentrarme en su aburrida clase. * * * Estaba nerviosa. Muy nerviosa. Ya iba de camino a la casa de Tayler y ya que sabía que me gustaba, era difícil no sentirme ansiosa por querer darle una buena impresión. Esperaba poder mantener la calma. Nunca me había gustado alguien, al menos, no como esta vez. Para mí los chicos nunca habían sido tan importantes en mi vida. Claro que sí me habían "interesado" chicos pero nunca llegué a tener una relación seria o a enamorarme. Eso era diferente. Tayler era diferente. No sabía cómo me comportaría. ¿Y si mis nervios llegaban a ser más fuertes que yo? Recen por mí. No pude evitar pensar en cómo serían las cosas si a Tayler también le gustara yo. En el futuro, claro. Estaba pensando en lo incómodo que serían todo con Dyl, ya que él era su mejor amigo y pues... Yo lo detestaba. Además de que el odio, en realidad, era mutuo. De todas formas, decidí no emocionarme con la idea de que Tayler correspondiera mis sentimientos. ¿Por qué un chico como él gustaría de mí? En menos tiempo del esperado estaba ya frente a su casa o, mejor dicho, mansión de Tayler. Me acerco y un hombre de seguridad me recibe. Finalmente me deja pasar, pero no sin antes avisarle al "joven Douglas" que tiene una visita. Camino por un lindo jardín y siento como mis nervios van creciendo cada vez más. Después de una corta caminata me encuentro parada en la puerta del hogar de Tayler. Estaba a punto de tocar el timbre pero vi como alguien se acercaba a la puerta desde adentro, obviamente para abrirla. —Hola. —saluda él. —... Hola... —respondo sonriéndole. —Pasa. Entré a su casa y me quedé con la boca abierta al ver que su sala era hermosa. Tenía hermosos cuadros, hermosos sofás y una hermosa alfombra... Era la sala de estar más grande que había visto en toda mi vida. Quise decir algo amable sobre su casa, pero antes de poder si quiera decir pío... Tropecé con mis propios pies. Dios, que estúpida me comporto cuando me gusta alguien. —¡Oh! Cuidado. Sonreí como si no fuera nada y seguí caminando con una expresión asustada, pero… Vuelvo a tropezar. Repito: Recen por mí. Joder. Seguro no rezaron por mí. De pronto, haber tropezado, aunque no estaba planeado, dejó de ser una mala idea cuando noté que Tayler me estaba sosteniendo. Eso sí que había sido un cliché. El primero de toda mi vida. Y me alegré de que pasara. Principalmente porque si no hubiera sido así me hubiera ido de cara contra el suelo. —Lo siento. —murmuré con timidez. —No te preocupes. —respondió dedicándome otra de sus sonrisas. Me obligué a separarme. Claro que me hubiera quedado ahí, pero hubiera sido demasiado tonto. —Tu sala es muy linda.  —Gracias. —respondió con la misma sonrisa de antes. Me derrito. —Claro. Camina hacia su sofá y se sienta, conmigo detrás imitándolo. Saco mi laptop y él prende la suya, que ya estaba en la mesa. —A nosotros nos tocó hablar acerca del ácido sulfúrico. —Aburrido... —susurro y escucho como él ríe entre dientes. No trataba de ser graciosa, pero... Genial—. ¿Cómo empezamos? —Investiguemos en ambas laptops, ya sabes, para ahorrar tiempo. —Okay. Hagamos las diapositivas en mi laptop. —sonreí—. Aquí tengo mi USB, podemos guardarlo todo aquí. —De acuerdo. —responde abriendo Google. Hice lo mismo y además aparte abrí Power Point. Empezamos a investigar, copiar, pegar, resumir, hablar, bromear. Fue divertido. Al cabo de una hora habíamos terminado completamente. Nunca me había divertido haciendo un trabajo. Tayler era tan divertido y amable conmigo que definitivamente lo hacía todo más fácil. —Terminamos. —dije satisfecha. —Lo sé. —respondió en otro murmullo—. Es una pena... Me divertí mucho. —Yo igual. —sonreí. Luego saliendo del trance en el que Tayler me había dejado con sus palabras. Guardé todo el trabajo en mi USB, lo quité de la laptop y lo dejé en la mesa a un lado. Se formó un silencio algo incómodo, al menos para mí. —Y... Dime, Heather. —habló Tayler acomodándose en el sofá—. ¿Por qué te mudaste? ¡Espera! No quise decir que... —Lo sé. No te preocupes. —contesté riendo por su repentina preocupación—. Me mudé aquí por el divorcio de mis padres. Estoy viviendo con mi madre. —Oh, lo siento. —dijo con una mueca. Una mueca que lo hacía ver muy lindo. —No, no lo sientas. —respondí sin preocupación—. Quiero decir, no fue agradable la noticia, pero no me dolió tanto como creí. Es más, ni siquiera conozco la razón de su divorcio. —¿No lo sabes? Negué con la cabeza—. Ninguno de los dos me lo dijo. —¿Y no te interesa saberlo? —No. Sí. Bueno, tal vez un poco. —consideré ladeando la cabeza—. Pero respeto su decisión. De hecho, creo que es mejor, así duele menos, ¿sabes? —Supongo... —susurró. —Ya hablamos demasiado de mí. Cuéntame sobre ti. —pedí, ya que quería evitar el tema. Él asintió. —Vivo aquí desde... Siempre, con mis padres, no tengo hermanos. —dijo sin conflictos—. No es nada interesante. —Okay. —dije riendo un poco—. Creo que... Debo irme. —Claro. Te acompaño. Tomé mi laptop. Él se levantó junto conmigo y caminamos hacia la puerta. —Me divertí. —repitió en la puerta. —Yo también. —repetí también, lo cual podría ser estúpido, pero ninguno de los dos lo notó en el momento—. Te veo luego. —Adiós, Heather. Me di la vuelta y salí. Caminé con cuidado de tropezar, ya que no quería volver a hacer el ridículo. Pasé despidiéndome del guardia con una sonrisa común y corriente. Cuando llegué a casa vi a mamá sentada en el sofá. —Hola, mamá. —saludo. —¿A dónde fuiste? —preguntó tranquilamente—. ¿A la casa de un chico, verdad? —¿Ah? No. —¿Entonces porque traes esa sonrisita en la cara? —interrogó. ¿Estaba sonriendo? —Es que... Recordé un chiste. —¿Cuál es? —Ya lo olvidé. Así se hace, Heather. Caminé hacia las escaleras, pero la mujer me jaló del brazo con tal fuerza que me hizo caer en el sillón. La miré horrorizada, pero ella se paro y puso los brazos en forma de jarrón. —Fui a la casa de un chico. —confesé apartando la mirada—. ¿Ahora puedo irme? —¿Te cuidaste? —¡Mamá! Fui a hacer un trabajo. —aclaré incómoda. —Eso decía yo cuando tu abuela me interrogaba. Pero ambas sabemos la verdadera respuesta. Ay, mierda. Eso me va a dar pesadillas. —No, mamá. Fui a hacer un trabajo. En serio. —¿Pero el chico te gusta, no es así? —preguntó acercando su rostro a mí. Me sentía en un interrogatorio y, de alguna manera, eso era. —No. —Sí. —No. —Sí. —Sí. —confesé una vez más—. ¿Ahora si puedo irme? —Puedes. —confirmó. Suspiré aliviada y subí las escaleras. —¿Algún día lo invitarás a venir? —Solo cuando tú no estés. —Eres una sucia. —¡No me refería a eso! Dios, mamá iba a terminar por volverme loca. Llegué a mi habitación y me tiré en la cama boca arriba... Qué día... Me di la vuelta y saqué la laptop de mi mochila para ver el trabajo y asegurarme de que todo estuviera bien. Cuando la laptop estaba prendida busqué… —¿Mi USB? Oh, no. Había olvidado el USB en la casa de Tayler. Mi mala suerte no podía ser peor. Caminé por mi habitación dando vueltas pensando en si debía regresar o no. ¿Regreso o no regreso? Tomé aire y empecé a hablar considerando las situaciones. —Debo regresar. O podría esperar hasta mañana. Pero él pensará que soy una floja olvida USB. O podría ir ahora para que no piense eso. Pero él pensará que estoy desesperada por volver a verlo, bueno, eso es cierto, pero no debo dejar que piense eso... ¿O sí? No, no. Mejor voy ahora. ¡NO! Él pensará que estoy desesperada, un momento, eso ya lo dije. Podría... Y eso, señores, es lo que Heather dice y hace cuando está sola y desesperada. —YOLO. —solté. Salí del cuarto, luego de la casa y caminé en dirección a la de Tayler. Cuando el de seguridad me vio, frunció el ceño. Que linda bienvenida. —Olvidé algo... —le aclaré con una mueca. Él asintió y me dejó pasar, Llegué a su puerta y la toqué. A los segundos me recibió una señora con un delantal, quien debía de ser una de las personas que trabajaba ahí. —Disculpe, estoy buscando a Tayler. —Pasé, él vendrá en un momento. Entré asintiendo, fui a la sala y esperé. A los minutos bajó Tayler. Venía bien vestido, pero lo que más me llamó la atención fue su cabello. Estaba mojado y caían gotas, las cuales mojaban su camiseta que poco a poco se le pegaba más a su trabajado cuerpo. Se veía realmente sexy. Pensamientos pervertidos, ¡fuera de mi cabeza! Por favor. No. Imposible.
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