No parpadeé, no me moví, no hice nada. Pero entendí perfectamente que Cory Douglas sí era el que pensaba. De acuerdo. Entendía que Dyl “odiaba” a Cory (por haberse metido a mi habitación), pero ¿por qué esa actitud? ¿Por qué lucía como si le temiera? Cory no podía ser tan malo. Cory no era un asesino ni nada parecido. Solo tenía problemas psicológicos y ni siquiera era su culpa. Lidiar con algún problema de ese estilo no te convertía en alguien a quien temer. —Dyl, Cory no es... —murmuré, pero antes de poder terminar mi frase, me di cuenta de que Dyl había comenzado su propia carrera, cuya meta era llegar a mi habitación—. ¡Dyl! ¿Qué haces? —¡Ven! —exclamó desde la segunda planta. Bufé rodando los ojos pero de todas formas le hice caso. ¿Por qué Dyl siempre tenía que ser tan dramátic

