Isabella abrió sus ojos, los rayos de luz entraban por la ventana haciendo que ella sonriera por inercia, fue una buena tarde una buena noche. Y como si sus temores se hicieran presente, mira a su lado para ver si él todavía sigue allí. Ella se mueve separándose de sus brazos y lo mira. Le es inevitable no pensar que él en algún momento va a sentir asco de ella, ese sentimiento en el pecho de inseguridad no desaparece fácilmente. Ella pasa su mano acariciándole el rostro haciendo que él se despierte. —Buenos días… ¿Llevas mucho tiempo despierta? —No, no quería despertarte aún. Quería seguirte observando. —Lorenzo levanta una de sus cejas. —¿Tan mal me veo al despertarme? —ella niega. —No, solo que eres lo más real que he tenido en mucho tiempo. Lorenzo en verdad, creo en ti, confío

