La respiración de ambos comenzó a acelerarse, los dedos de Lorenzo se enterraron en la espalda de ella. Sacando un gemido involuntario por sus labios. Ella se detuvo, sus ojos se llenaron de lágrimas. Y es que no era igual cuando lo había provocado sin que él supiera la verdad, como en estos momentos. La idea de sentir rechazo por parte de él, era algo que le hacía doler la cabeza. En su vida pocas veces había estado con alguien por voluntad propia, y las veces que había estado con esas personas, no podía dejar de pensar en las manos de los otros, en la manera tan descarada que la tocaban. —No, Lorenzo no te equivoques. Los que sientes en estos momentos no es la necesidad de estar conmigo como bien lo dices, en realidad lo que tienes es lástima. —¿Crees que te acabo de decir eso po

