Prólogo
Entre el frio y el calor del cuerpo que recubre la fragancia de las rosas, se encuentra un solo ser en medio de la nada, un cuerpo flotante que no tiene más que el simple sentido de la inconciencia.
Erick Park navega en medio de la soledad del mar sin saber cuál es su real destino, no sabe hacia dónde se dirige, porque él no es el capitán de su rumbo. Sus ojos cerrados dejando a la deriva de un inmenso manto azul, con las olas en busca de su anclaje perfecto.
Un asesino serial que ha amado a una sola mujer, se ha entregado en cuerpo y alma, y en un momento fugaz termino perdiendo lo más preciado sin siquiera tener la oportunidad de pelear por ello.
La arena del mar se le hace conocida cuando sus parpados se abren y no ve más que agua, arena, sol y un hombre desconocido que no sabe ni siquiera quien es Debra. La mujer de sus sueños.
La chica no está cerca de él, no sabe que es de ella y no entiende que fue lo que paso, aún recuerda la leve voz en su nuca amenazándolo y luego todo es tan oscuro como cuando su padre lo encerraba en aquel cuarto pequeño.
No sabe en dónde está, no sabe quiénes son estas personas, no sabe en donde esta Debra. Y su única misión es encontrar a la única mujer que hace que su corazón lata, aunque en medio de la nada, él se quede sin un centavo.
El dinero no es nada sin la persona que ama, y es capaz de dar todos los millones que ha ganado en el proceso de su sucia carrera de asesino, con tal de tener al amor de su vida en brazos.