Soberbia

643 Palabras
Un largo sendero de piedra recibió a Raven, el bajarete se sentía gélido bajo sus pies descalzos. Ante el silencio puro, la chica verde se puso en guardia, había demasiada paz como para ser cierta e irrevocable. Comenzó a correr como lo demandaban las reglas del juego, pocos metros de carrera bastaron para que decenas de personas hicieran sus respectivas apariciones. Una chica rubia de piel pálida, labios finos y ojos azules, se interpuso en su correr, haciendo que se detuviese. Raven frunció el ceño e hizo el amago de rodearla, pero la chica se movía en su misma dirección. —¿Por qué intentas rodearme si evidentemente soy un obstáculo? —su voz era tan delicada como la más fina porcelana—. No eres muy lista, me parece. Raven gruñó como respuesta y se cruzó de brazos. —¿Qué quieres? —¿Te parezco bonita? —inquirió la rubia, pestañeando con coquetería y colocando un mechón de cabello dorado tras su oreja. —No —contestó Raven, sonriendo con malicia. Era obvio que la rubia era bonita, pero las féminas no eran la debilidad de la chica verde. —Claro que sí, hasta soy más bonita que tú —la rubia sonrió con una inocencia fingida. —No eres mi tipo —aseguró Raven al hacer el segundo intento de rodearla y, esta vez, lográndolo. —No es necesario que tú orientación s****l incluya mujeres en su concepto para admitir y aceptar el hecho de que soy atractiva, que tengo más cualidades y atributos a mi favor con los cuales tú ni siquiera podrías llegar a soñar —ante esas palabras, Raven suspiró, descubriendo que el nivel que atravesaba se basaba en la soberbia. —No es conveniente que sienta envidia aquí —farfulló Raven, dejándola atrás. La libertad en su camino fue tan efímera como el encuentro de dos amantes desdichados, puesto que otra persona se plantó frente a ella, un hombre esta vez—. ¿Y ahora qué mierda quieres tú? El hombre, de tez canela y ojos cafés, le sonreía. —Soy un obstáculo, deberías saber que mi intención es impedir que avances —chaqueó la lengua y se tomó el atrevimiento de extender su mano y dar un pellizco al mentón de la chica verde, ésta blanqueó los ojos—. La rubia tiene razón, para haber llegado hasta aquí, no eres muy inteligente. Bufando, ella lo rodeó y siguió andando. —¡Huyes de la verdad porque tú minúsculo cerebro es incapaz de siquiera contraargumentar mis aclaraciones con mentiras! —agregó el hombre a su espalda, carcajeando. Hubieron más personas que la interceptaron para intentar herir su moral, incluso casi lo lograron en ocasiones donde se burlaban de su físico carente de atributos y de su inexperiencia al ser novata, sin embargo, ella cada vez aprendía más a fortalecer su autocontrol, a ser perseverante mediante una paciencia que solidifican conforme avanzaba en el juego y, todavía más importante, a ser más rápida al movilizar sus piernas y llevar a cabo sus estrategias de defensa. Cuando la soberbia personificada se despejó del camino, Raven tuvo que admitir algo: los niveles más sencillos se tornaban aburridos y tediosos por la misma razón. No pudo evitar pensar que la adrenalina de estar en peligro era exquisita, sobre todo cuando los atacantes de Ludxaven eran de todo, excepto inofensivos. Dante tenía estilo, pero no dejaba de ser un hombre macabro con pensamientos y posibilidades infinitas de destruir y crear cosas a merced de su mente sádica y malévola. Era egoísta, ese albino no hacía nada por ayudar a nadie sin antes cerciorarse de poder recibir algún beneficio a cambio, Raven lo descubrió al pasar al próximo nivel tras tocar una piedra flotante que, simbólicamente, la felicitaba por resistir a la soberbia y no combatirla con b********d y vehemencia.
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