Los días pasaron, me iba muy bien en clases, de vez en cuando salíamos e íbamos a bailar, pero, nunca volvimos a coincidir con aquellos muchachos, nunca bebía, mis amigas acordaron que no me obligarían sobre todo cuando les conté lo de soplar en el ojo de mi padre, llegaron los exámenes, me dediqué a estudiar mucho, ese día Vanessa tenía una cita y no pudimos ir a su casa a estudiar así que fuimos a la biblioteca, entramos en un cubículo y comenzamos a estudiar y a repasar los temas del examen, se nos dificultó un ejercicio de matemáticas, ninguna pudo resolverlo y las muchachas tuvieron la brillante idea de ir a buscar a nuestro deseado profesor, pero con lo tímida que era no acepté ir con ellas y les dije que me quedaría para que nadie nos quitara el cubículo, ellas se fueron a ver al bombón de nuestro maestro como si se tratara de una búsqueda del tesoro, pues no sabíamos dónde podría estar, me quedé tratando de resolver el ejercicio y estaba tan concentrada en ello que no sentí el momento en el que la puerta del cubículo se abrió, de pronto una voz ronca y muy sexy llamó mi atención:
—Esto se resuelve así, —David tomó mi cuaderno y con mucha facilidad resolvió el ejercicio explicándome el procedimiento, no escuchaba sus palabras por la sorpresa que me embargó, sentí que me temblaron las piernas y no pude despegar mis ojos de su rostro.
—Y listo ¿Lo entendiste?
— ¿Qué?
—La respuesta, el ejercicio, matemáticas, examen.
—Ohhhhh, sí claro, el examen.
— ¿Me pusiste atención?
—Siiiiiiiii.
—Ahora resuélvelo tú.
—Siiiiiiii.
—Chabela, resuelve el problema —chasqueó sus dedos despertándome de mi letargo—
—Lo siento, me distraje, a ver, primero debemos hacer, hacer….
—Despistada, a ver te lo explico otra vez, pero ahora mira el cuaderno.
—Sí, claro.
Fue una explicación muy sencilla, era muy fácil para él, estaba en último año, yo lo entendí y hasta que volvieran mis compañeras me ayudó a resolver lo demás, mientras yo lo hacía, tomó mi celular y tecleó algo, luego me dijo que tenía que irse y se acercó para darme un beso en la mejilla, muy cerca de mis labios, no pude evitar temblar cuando eso ocurrió, estoy completamente segura que se dio cuenta porque la sonrisa de satisfacción que tuvo al salir del cubículo no la podía disimular.
Cuando llegaron mis compañeras decepcionadas de no haber encontrado al guapo profesor, me encontraron literalmente en las nubes.
—No me digas que el profesor estuvo aquí.
— ¿Quién?
—El profe guapo, mira resolviste todo, ¿Cómo lo hiciste? ¿Fue el profe?, mala amiga, debiste llamarnos.
—El profe no ha venido para nada.
— ¿Entonces?
—Un amigo me ayudó.
— ¿Cuál amigo?
—Uno que conocimos en la disco, de los de último año.
— ¿En serio? ¿Entendiste? O solo te dio las respuestas.
—Me lo explicó todo.
— ¿Por eso tan feliz?
— ¿Feliz?
—Sí, ¿Feliz de aprender con el amigo o feliz de quedar bien con el profe?
—Feliz de saber que voy a aprobar el examen.
—Bueno entonces es tu turno de guiarnos.
—Ok, pero pongan atención, en realidad es muy fácil.
Esa vez me tocó hacer de profesora, en realidad David lo hizo muy fácil para mí, no tardaron en entenderlo todo, el día del examen nos lucimos y pudimos aprobarlo, pero luego nos entristecimos al darnos cuenta que ya no veríamos al guapo profesor porque al siguiente semestre nos tocaría otro; en nuestro afán de quedar bien con él no nos dimos cuenta que extrañamente el 90% de las chicas de la clase tuvieron que rendir otro examen para aprobar, porque por alguna razón no muy clara, solo reprobaron mujeres, todos los chicos y nosotras pasamos, Vanessa y las demás se jalaban los cabellos al darse cuenta que fuimos las únicas que no íbamos a estar en las tutorías para el siguiente examen, yo me reía de verlas, pues aunque era agradable recibir clases con él, me interesaban más tener un buen promedio, no podía creer que eso no les importara y solo pensaran en coquetearle al guapo profesor, pero, esas ganas se les esfumaría cuando para las tutorías se encontraran con nada más y nada menos que su esposa, una doctora en matemática y física que se encargó de hacerles la vida difícil, pues conocía muy bien las estrategias que usaban para tratar de impresionar a su marido, todos los semestres pasaba lo mismo y ella cuidaba lo suyo, el examen fue complicado y no todas pasaron, lamentablemente las que reprobaron tampoco tuvieron la suerte de que les tocara el mismo maestro, así que en medio de todo tuvimos suerte.
Ese día luego del examen, cuando me encontraba acostada en mi camita y muy calientita me llegó un mensaje, me sorprendí al ver el perfil de la persona que me escribía, era David.
—Hola Chabela qué tal el examen.
—Muy bien, gracias.
—Te sirvió la tutoría.
—Sí, no sabes cuánto, nos fue muy bien.
—Excelente, no te conviene suspender con ese profesor.
— ¿Por qué?
—Porque es más difícil pasar si suspendes.
—Supongo que sí.
—Oh sí, ya se enterarán, por las malas, los que suspenden la pasan muy mal, pero no te daré detalles.
—Me estás asustando.
— ¿Por qué? tú no suspendiste.
—Espero que no.
—Claro que no, por eso te voy a invitar a celebrar.
— ¿En serio?
—Sí, es mi último semestre, antes de embarcarme en todos los finales quiero salir contigo.
— ¿Conmigo?
—Sí, contigo, pero esta vez con una cerveza.
—No lo creo.
—Ya lo creo.
—Te veo después de clases.
—No sabes a qué hora son mis clases.
—Lo sé, tranquila, también sé que fuiste la única de tu grupo que aprobaste estadística.
— ¿Cómo lo sabes?
—Tengo mis contactos, mañana tus compañeras se quedarán a tutorías y tú estarás libre, te veo a la salida, más te vale aparecer.
— ¿Amenaza?
—Advertencia, tengo tu horario y la dirección de tu casa, te iré a buscar allí si es necesario.
—Ni se te ocurra mi padre te echará a balazos.
—Claro que no, cuando me conozca me amará.
—No lo conoces.
—Me conozco a mí, todos me aman.
—Presumido.
—Solo conozco lo que soy, todos me aman, tú me amas.
— ¿Qué?
—Tú me amas.
— ¿Estás seguro?
—Completamente y ¿Sabes qué?
— ¿Qué?
—Yo también te amo, te veo mañana.
Me quedo impactada por el calibre de sus palabras, pienso para mí que solo está jugando conmigo, me río, pero no me convenzo del todo, es claro que David me encanta, me gustó desde el primer momento que lo vi, cuando bailaba conmigo y cuando me ayudó a estudiar, debe ser un gran bromista, nadie puede amarte en tan poco tiempo, en fin, mañana lo veré, me cubro mi rostro con mis sábanas y no puedo dejar de reír.
Al día siguiente salí como siempre y me despedí de mis compañeras que fueron a la tutoría de estadística como si se tratara de la pena capital, preferí no contarles nada, estaba segura que David bromeaba conmigo, pero ahí estaba, a la salida, se acercó a mí y nuevamente me besó en la mejilla, muy cerca de mis labios, volví a temblar, él se rió, tomó mi mochila y me guió hasta su auto, un sedán color azul, habían dos latas de cerveza, le dije que no bebería y solo hizo una mueca, abrió mi puerta y subió, condujo con dirección a un parque, bajamos y empezamos a caminar y a charlar y seguir caminando, llegamos a un sector donde había troncos, nos sentamos en ellos y abrió las cervezas, me acercó una a los labios, no quería beberla, igual que la otra vez sentía que era la puerta del infierno, se lo dije y se echó a reír con tantas ganas que me contagió, me tomó del mentón y me dijo que jamás había conocido a nadie como yo, me dijo que parecía un ángel, pero que así como ir a la disco no me hizo daño, me prometió que la cerveza tampoco lo haría, que confiara en él, así que acepté la cerveza, hice una mueca al sentir el sabor amargo pero refrescante, me miró fijamente, pegó su frente a la mía y me dijo:
— ¿Ya ves no te hizo daño?
—Pues no sé, es extraño, amargo, pero me gusta.
—Es una bebida con poco alcohol, tranquila.
—Pues si esto es poco no quiero saber lo que es mucho, empiezo a marearme.
— ¿En serio? No aguantas nada.
—Es mi primera vez.
— ¿Soy el primero? Me encanta esa idea.
—Espera, no imagines cosas, hablaba de la cerveza.
—Yo también, ¿Qué creías?
—Creo que el alcohol me hace pensar cosas, mejor vámonos.
—Claro, no quiero emborracharte, vas a pensar que soy un aprovechado.
—Nunca pensaría algo así de ti.
—Lo sé todos me aman.
—Presumido.
—Tú me amas.
—Claro que no.
—Sí me amas, y yo también te amo.