CAPITULO 2 - CONTAGIADA

1301 Palabras
LUNES – DIA UNO Voy a mi trabajo, acompaño a mi hijo a su colegio, justo hoy vuelven a clases presenciales, después de dos años de virtualidad, está muy emocionado, vamos en autobús, al llegar debemos caminar alrededor de 10 minutos, pero este día me siento extraña, estoy lenta, mis piernas no pueden avanzar con la facilidad y rapidez acostumbradas, me siento más agitada, después de dos años de usar tapaboca a diario, nos hemos habituado a su uso, pero hoy simplemente me estorba, no me deja respirar, le digo a mi hijo que se adelante para que no se atrase, le doy la bendición y se va corriendo, sigo avanzando lentamente y al llegar al colegio no me dejan entrar, solo los estudiantes pueden hacerlo, me quedo un momento allí preguntando sobre los uniformes que van a ser exigidos a fin de que los chicos se identifiquen y de ese modo evitar que otras personas se infiltren, debo regresar al mediodía para poder adquirirlos así que me dirijo a mi lugar de trabajo. Es mediodía, salgo por mi hijo para comprarle su uniforme, sigo con el mismo malestar, compro su camisa y lo envío a casa, regreso a mi trabajo, camino de forma lenta, el tapabocas me impide respirar, me lo quito por un momento mientras no hay gente por donde voy, en cuanto veo personas aparecer me la vuelvo a poner pero, no puedo más, entro a una tienda y compro una mascarilla más ligera, me la cambio y vuelvo a mi oficina, sigue el día y termina mi jornada, regreso a mi hogar, el proceso de desinfección no lo hemos descuidado, mi hijo me desinfecta echando alcohol a todo mi cuerpo y a mis zapatos, entro al baño, lavo mis manos, me quito la ropa y la dejo en la cesta de ropa sucia, me pongo pijama y salgo a saludar a mi niña, como tengo trabajo pendiente voy a mi estudio para seguir con mi informe, cenamos y a dormir, desde hace varios meses que duermo en la habitación de mi hija, Fausto y yo ya no compartimos la habitación, tenemos buena relación, nos entendemos perfectamente en los asuntos laborales, de la casa y de los chicos; sin embargo hace tiempo que dejamos de ser pareja, solo somos buenos amigos con hijos en común. MARTES: DIA DOS Angélica, mi pequeña se queja de dolor de garganta, Fausto se preocupa, pido cita con el pediatra, yo también me siento igual y además tengo dolor de cabeza, llamo a mi trabajo y me dicen que me haga la prueba, tenemos un convenio con un laboratorio, pido cita y me la dan para el día siguiente. Hoy debo entregar el informe, salgo al pediatra con mi pequeña, me siento mal, llegamos a tiempo, nos desinfectan y esperamos. La doctora revisa a mi niña, no tiene fiebre pero la garganta está enrojecida, me habla de la importancia de las vacunas, me da la receta y regresamos a casa, debo hacer teletrabajo, el informe debo enviarlo hoy, no puede ser mañana, es el último día, me encierro en el cuarto de mi hija que se ha convertido en el mío, Fausto dejó dinero para comprar comida, Javier sale a eso, se encarga de repartirlo, de dar las medicinas a su hermana mientras yo sigo haciendo mi trabajo, Javier es un chico de 16 años muy maduro para su edad, Fausto llega del trabajo y se encarga de todo, me pregunta cómo estoy, pero no abro la puerta, le digo que me siento peor, mi esposo me dice que descanse, que no me preocupe, ya está en casa, él se encargará de ver a mi niña y que tome sus medicinas, es un buen papá, siempre lo ha sido, a las 10 pm logro enviar mi informe y me permito dormir, mi niña debió dormir con su padre. MIERCOLES - DIA TRES Me hago la prueba muy temprano, tomé un taxi porque no quería ir en bus, no tengo fiebre, pero sigo mal. La prueba es muy molesta, se trata de meter un hisopo en una fosa nasal de forma profunda, duele y te hace toser, me la han hecho demasiadas veces, todas negativas, me cuido mucho, vi como uno a uno mis compañeros iban enfermando, unos con mayores síntomas que otros, al menos los primeros en contagiarse debieron sufrir mucho, la enfermedad era nueva y apenas se sabía cómo tratarla, por suerte todos lograron superarla. Con el pasar del tiempo y ya con vacunas los contagios bajaron y los que enfermaban ya no tenían complicaciones, por primera vez en mucho tiempo las salas de cuidados intensivos estaban disponibles, hace meses eso era impensable y de nada servía que fuera el hombre más rico del país, si no había espacio simplemente no podía acceder al tratamiento, esta enfermedad no distinguió nada y los muertos sobrepasaban la capacidad de respuesta por parte de los responsables, al no haber espacio en las morgues los c*******s debían ser colocados en baños, cafeterías o cualquier lugar, como no se permitían familiares en los hospitales, el Gobierno dispuso la cremación como una forma de evitar más contagios, las autoridades se encargaban de realizar cremaciones gratuitas a las personas que no podían pagar por un servicio privado, pero debido a que ningún familiar estaba en el momento del deceso, sus familias muchas veces no llegaban a saber dónde fueron enterradas sus personas amadas o qué sucedió con sus cenizas, hubo pérdida de reportes y empezaron a confundirse con la ubicación de las fosas. Posteriormente, la empresa que se encargaba del proceso de cremación entregaba las cenizas a domicilio, hasta que un día se escuchó el caso de una persona que se comunicó con su familia pidiéndoles que lo vayan a sacar del hospital, esa llamada causó revuelo, ya que hace varios días habían recibido la urna con sus supuestas cenizas. La angustia que se generó con ese acontecimiento causó paranoia en la población pues no tenían la certeza de que ese caso haya sido aislado o existieran más errores de ese tipo, fueron días de verdadera angustia en general, por suerte esas situaciones fueron corregidas, pero pusieron en evidencia la pésima asistencia que se le daba a los c*******s de la pandemia. Con el tiempo se autorizaron a otras empresas para que se encargaran de este servicio, pero con el costo correspondiente para obtener un servicio más personalizado que garantice la veracidad del proceso, aquellos que por sus condiciones económicas no podían costearlo, debían resignarse a ocupar el servicio otorgado por el Gobierno con el riesgo de no saber si las cenizas recibidas correspondían o no a su ser querido. Tiempos difíciles, tiempos tristes, todavía estoy encerrada en la habitación de mi hija, a las 5 pm llega el resultado de la prueba: POSITIVO, envío por correo electrónico el resultado a mi jefe y a Fausto, él se apresura a volver a casa, se queda con los muchachos y voy al médico, me revisa y me extiende el certificado para el seguro social, salgo de ahí y compro mis medicinas, regreso a mi hogar, al llegar Javier me desinfecta y se retira, entro al cuarto bajo la triste mirada de mi niña, pasaré la noche ahí, mañana deberé irme a la habitación de la azotea, cuenta con un baño y está alejada de todos, el dolor de cabeza es muy fuerte, no puedo pasar la comida sin dolor, mi hijo me prepara la limonada y me lleva la comida, la deja en la puerta y me vuelvo a encerrar, aviso que necesito ir al baño y todos se alejan para que pueda hacerlo, de ese modo evitamos el contacto, vuelvo al cuarto y me acuesto a dormir, Javier se encarga de desinfectar los sectores por los que he transitado.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR