9. Días fértiles

1334 Palabras
—No puede estar bien. —¿De qué hablas?— la mira Bennett dándose cuenta que no está bien— se supone que eres una mujer sana, tenemos un contrato— se desespera un poco— mírame— la toma del rostro para revisar qué le pasa— mírame. —!No me toques!— se suelta rápido odiando la palabra contrato— yo estoy perfectamente bien— finge estar repuesta pero sigue pálida— estoy bien. —Claro que no— la ve temblar— mírate como estás, pareces una hoja, estás pálida— intenta tocar su frente pero se aleja a la defensiva— déjame— respira hondo y se empieza a recomponer— yo estoy muy bien y no necesito de tu ayuda. Las palabras siempre pueden ser simples si no cargarán tanto detrás, Hellen ya no luce feliz como estaba por ver el dinero, ahora tiene la mirada oscura como su alma y eso se lo hace saber a Bennett que no está feliz con lo que ve mucho menos ahora, la dureza de la mujer es incómoda a diferencia de la dulzura con la que sabe tratar a Sandra y pensar que la mujer joven, hermosa y amargada que tiene frente a él será la madre de su hijo lo hace cuestionar todo otra vez. —Los contratos se hacen— dice bajando un escalón alejándose de ella— y también se deshacen— indica ante la expresión de sorpresa de ella. —¿De qué hablas?. —De que tienes dos opciones ahora mismo, disolvemos el contrato y busco a un humano y no una máquina que pueda tener a mi hijo— su voz suena severa— o te dejas de estar a la defensiva y nos vamos ahora mismo a ver al médico. —Estoy bien— habla nerviosa viendo peligrar todo lo que la rodea— de verdad estoy bien. —¿Disolvemos el contrato?— le repite y saca una pluma de oro de su saco— ¿O vamos al hospital?— avanza otro escalón haciendo el gesto de invitarla a caminar— tu decides. La pone en jaque y después de varios segundos dónde el nudo en la garganta que tiene le dice que quiere llorar y gritar, pasa saliva bajando las escaleras yendo por el camino que los dirige al auto de Bennett, el mismo que al verlo les recuerda a ambos el accidentado encuentro que tuvieron pero nadie dice nada, los dos ingresan al auto y el viaje es de un silencio incómodo en el que Hellen no puede dejar de observar el lujo que hay en un vehículo, Bennett no puede dejar de atender sus negocios y con el auricular inteligente se comunica con diferentes personas haciendo que la joven escuche nombres desconocidos, cantidades de dinero exorbitantes y dos idiomas que el magnate maneja a la perfección lo cual logra hacer que por fin hable. —¿Eso fue portugués o brasilero?— pregunta ella haciendo que él la mire extrañado. —¿De qué hablas?, en Portugal y en Brasil se habla el mismo idioma— responde viendo que no le entiende. —Imposible— le dice la castaña— estamos hablando de un país europeo y uno de Sudamérica, no tienen nada en común. —¿Es broma verdad?— la mira esperando que le diga algo pero es evidente que Hellen no está jugando— escucha, cuando los ciudadanos portugueses se establecieron en Brasil, el portugués se mezcló con el idioma nativo y con el paso del tiempo— le explica tranquilo cuando la ve atenta— el portugués se convirtió en el idioma que se habla ahí. Sigue explicando y aunque parezca una información primaria, la atención con la que Hellen escucha a Bennett hace que el le siga explicando lo que sabe haciendo que la mujer no solo se enfoque en lo que oye sí no que sienta algo de vergüenza pues ver la soltura con la que el magnate habla la hace sentir pequeña más aún cuando sabe que ella apenas terminó la secundaria y de mala gana, el camino se hace algo informativo entre temas culturales donde ella solo se limita a escuchar hasta llegar a la clínica. —¿Dónde está tu esposa?— pregunta sintiendo que el corazón se le quiere salir al caminar con él hacia el consultorio. —No es mi esposa— responde— aún no lo es— dice en un tono neutral— mira Hellen si has decidido venir hasta aquí es porque piensas seguir adelante con lo del embarazo y yo… — se queda a medias. —¿No lo quieres verdad?— pregunta ella— tu no quieres esto, no quieres que una mujer como yo tenga a tu hijo y es entendible, estás enamorado de tu novia y han sufrido mucho, no merecen todo esto— se sorprende ella misma hablando con sinceridad— definitivamente no merecen nada de lo que les pasa. Habla y se incluye a ella misma sabiendo todo lo oscuro que rodea a Sandra y a Bennett que está totalmente intrigado por sus reacciones, la joven mujer que ha decidido alquilar su vientre es una que debe y necesita conocer pues será ella el cuerpo que lleve a su hijo, sin embargo, la barrera puesta entre los dos es algo que no les permite avanzar en ningún sentido y eso es notorio de inmediato para muchos incluyendo a Nicolás, el médico. —Bienvenidos— habla el atractivo hombre de blanco que saluda a su amigo— ya Sandra me contó. —Bien, Nicolás ella es Hellen Miller, Hellen él es Nicolás Flyn, el médico, experto en fertilidad, quien llevará el proceso y un gran amigo— los presenta serio y ambos se saludan aunque definitivamente Nicolás es más entusiasta. —¿Eso dolerá?— ingresan los tres al consultorio y la ansiedad juega sus mejores cartas cuando Bennett está nervioso, Hellen no deja de temblar y Nicolás pregunta por Sandra. —Esta con su madre, necesito saber si el estado de salud de ella— mira a la joven— es bueno, hace un rato estaba a poco de desmayarse— explica la situación y el médico hace las preguntas y exámenes rutinarios tomando varias horas dónde el teléfono de ella no deja de sonar y a diferencia de él, no responde. —Todo está en orden— habla el galeno— eres muy sana, joven y el conteo ginecológico ha arrojado que todo está en orden— continúa— estás en tus días fértiles— informa viendo que Hellen está muy incómoda— pero para que el proceso funcione quiero que sepas que necesitas estar relajada, no solo se trata del cuerpo si no también de la mente. ¿Realmente quieres hacer esto Hellen?. La pregunta parece una llamada de atención a lo que siente y del mundo que quiere huir pero mostrarse débil como ella lo piensa no es una opción, la preocupación y el mundo los encierra como siempre y con una sonrisa indica que si haciendo que Bennett la mire por varios segundos teniendo en cuenta cómo cambiará todo. —¿Significa que ella ya puede?... —Deberíamos aprovechar esos días que después se repetirán dentro de casi un mes— explica— si lo quieren hacer pronto como tengo entendido, necesitamos tu producto— intenta ser divertido pero lejos de eso, Bennett lo mira mal mientras que Hellen se ríe fuerte al ver su cara. —Ya dejate de cosas. ¿Cómo crees que se hará el bebé?, ustedes tienen la decisión. ¿Estás lista Hellen?. —Si— responde ella nerviosa. —¿Bennett?— le estira un frasco haciéndolo sentir incómodo sin dejar de mirar a Hellen. —Ni creas que te voy a dar una mano— dice la mujer cruzándose de brazos. —Terminemos esto de una vez— arranca el frasco y se va molesto al lugar indicado.
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