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1035 Palabras
Narra Marina. Cuando quiero acordarme, una pelirroja está la mi cama besándome. No tengo idea de cómo sucedió esto, ella simplemente apareció en la puerta de casa y se abalanzó sobre mí cuando abrí, pero no voy a dejar que se acueste conmigo, para nada. Ni sé cómo poner un condón, ni me imagino haciéndolo. Alejo a la chica de mí. —Lo siento, mejor vuelve a tu casa. No estoy listo para hacerlo, ¿sabes? Creo que estoy teniendo problemas mentales en estos momentos –digo. Ella ríe. —¿En serio? Yo te quito los problemas. —No… no podrás. Mira, mejor déjalo así. Otro día te llamo y lo hacemos, no me estoy sintiendo bien. —Bueno…–dice ella, sonriendo apenas–. Es una lástima, pero voy a estar esperando tu llamado. Nos vemos. Me besa –apasionadamente– antes de irse. Me dirijo al baño rápidamente y vomito todo lo que comí. En serio, quiero morirme. Casi lo hago con una chica ¡y yo soy una chica por dentro! Realmente quiero volver a mi cuerpo, estoy desesperada. ¿Qué estará haciendo Javier? ¿Sabrá que tiene que ir a la universidad? Igualmente no interesa si no va, esa carrera no me gusta e iba a dejarla, pero él no debe saber que estoy estudiando. ¿Estará conectado? Capaz ahora está con Nicolás, el chico que me gusta y que es mi novio… o mejor dicho, el novio de él. Es todo tan confuso, esto es una especie de maldición sobre mi vida. Entro en f*******: y me veo conectada entre los contactos, suspiro de alivio. Cuando estoy por hablarle, él me manda un mensaje primero. “Hola. Me estaba desesperando, ¿dónde estabas? ¿Mi cuerpo está bien?” “Hola. Sí, por suerte está bien, pero creo que me voy a llevar un trauma psicológico. Casi me acuesto con una chica.” Contesto. “¿Cómo que casi? ¿Por qué no del todo?” “¡SOY MUJER! Ni loca me acuesto con una chica, ni aunque tenga la llave de la cerradura” “JA JA JA. No me da gracia, todos van a pensar que soy gay.” “¿Sabes qué es ser gay? G-guapo. A-ardiente. Y-yerno de mi mamá” “¿Crees que soy eso?” Sonrío, apuesto que él también está sonriendo. “Yo no dije que fueses eso, solo di la definición de gay. ¿Sigues con mi novio?” “Lamento informarte que lo dejé, solo por tu bien. Me di cuenta que el chico solo quería sexo contigo, ¿sabes? No iba a dejar que eso ocurriera ni aunque me maten. Es un desubicado, te mereces a alguien mejor.” “¿Cómo tú?” cuestiono, todavía sonriendo. “Como yo.” Responde él, afirmando… Narra Javier. La sonrisa no se me borra de la cara ni cuando me voy a dormir. Me quedé hasta tarde hablando con Marina y no puedo creer lo divertida y simpática que es, y también es súper linda, puedo comprobarlo viéndome al espejo todos los días. Lástima que vivimos tan lejos, podríamos haber sido buenos amigos. Cuando me levanto al otro día, me doy cuenta que ya se me había ido la menstruación, así que salto de felicidad, me resbalo con la frazada que arrastraba el suelo y me caigo. Que tonto soy… Alguien toca la puerta y la mamá habla a través de ésta. —¿Estás bien? Escuché un golpe –dice. — Sí, estoy bien, se me cayó la pierna de la cama. — Cualquier cosa me dices. Escucho sus pasos alejarse y me río en silencio. Abro la ventana y veo un sol hermoso, así que me ducho y me pongo ropa que parece de gimnasia para salir a correr, tengo que liberarme de alguna forma. ¿Qué música tendrá Marina en su reproductor? Me fijo y la mayoría de las canciones son de Ayrisol, la banda que fui a ver con Ana y que no me gustó para nada. Sigo pasando la lista, nada que ver con mis gustos. Decido salir a correr sin escuchar música, cuando vuelva descargaré canciones de mi agrado. Igualmente, guardo el celular y algo de dinero en mi bolsillo. Ni le aviso a mi madre que salgo, estoy acostumbrado a vivir solo y no darle razones a nadie para salir. Corro por no sé cuál calle y llego a una plaza con muchos árboles y juegos para chicos. Me siento en un banquito y respiro profundamente, luego miro a mi alrededor y voy a un supermercado a comprar una botella de agua. Después de tomar unos tragos, vuelvo al banquito y de nuevo miro a mi entorno. Creo que estoy perdido, no sé por dónde vine y no conozco el barrio. Que miedo. Decido caminar tranquilamente por donde creo que llegué acá y paso por una obra en construcción. —¡Qué hermosa! –me grita un viejo. —Me gustaría ser la botella para tocar tu boca –dijo otro obrero. Me siento incómodo. Me siguen gritando cosas mientras paso y uno –bien feo– me agarra por la cintura y me atrae hacia él. Le escupo en la cara y el tipo me manosea, que asqueroso. — ¿No quieres nada? –dice. —No, déjame en paz. Si no me sueltas voy a… — ¿Gritar? –se ríe y puedo notar que está borracho. —No, te voy a matar a golpes. Sin dejar que diga nada, lo empujo y se tambalea. Le pego fuertemente y cuando cae, salgo corriendo rápidamente. Siento toda la adrenalina correr por mis venas y eso me impulsa a seguir. Me duele la mano, ya que use toda la fuerza que pude para golpearlo, necesito mi cuerpo de hombre para pegarle de verdad. Cuando estoy lo bastante lejos para que no me encuentren y me tranquilizo, un dolor me va por todos los dedos y el brazo, no puedo moverlos… estoy seguro de que los quebré y lo peor es que no tengo idea de donde estoy. Saco el celular y marco mi número que creo acordarme, espero que Marina atienda.
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