Capítulo treinta y siete No creí que mi madre fuera tan traicionera conmigo. Mira que buscarle la llave para que pudiese abrir la puerta del cuarto. —Me voy —me levanto del comedor y dejo un beso en la mejilla de Lea quien come sus cereales favoritos de desayuno —de lo contrario llegaré tarde. —Pero mami, ¿por qué no te vas con el cabezón de mi hermano? ¿te hizo algo? —lo señala con la cuchara —si es así dime y lo torturaré personalmente. Niego sonriendo para ella —No, no es así —miento —lo que pasa es que tu hermano se va más tarde y yo tengo cosas que hacer desde temprano en la empresa, así que por eso me voy antes —pellizco su mejilla y observo de reojo como el princeso se levanta de la mesa dejando su desayuno a medio terminar. —Yo ya terminé, así que no tengo ningún problem

