Capitulo 4

1529 Palabras
A la mañana siguiente se levantó muy descansado y con otro semblante. Esta vez, un poco más motivado para ir a trabajar. Parecía ser un día tranquilo y el fin de semana se acercaba. Se bañó rápidamente con agua tibia que era su preferencia desde unos meses antes cuando que leyó que el agua caliente por las mañanas era dañina para el cuerpo. Se cambió de ropa eligiendo una camisa rosa con rayas blancas, un pantalón café claro, sus zapatos más cómodos, eran tipo deportivo y complementó con su corbata lisa. Terminó y se dirigió a la cocina para desayunar. Al llegar ahi recordó el percance de la noche anterior y se sorprendió al ver que no había rastro de aquello, ningún cristal y el piso completamente seco. Isaac solo pudo tranquilizarse al decirse que estaba tan cansado que quizá imaginó el suceso y sin mayor problema continuó en el desayuno y con su día. Isaac era un hombre muy solitario y demasiado estudioso, el tiempo que pasaba en su casa lo dedicaba a leer de todo tipo de libros; historia, matemáticas, ciencias y hasta cocina. También se dedicaba a perfeccionar y ordenar su propia casa, cualquier detalle era digno de solucionarse. Por supuesto también veía la televisión, donde destacaba ver en ella noticias y documentales. Se hizo de estas costumbres desde que salió de casa de sus padres para enfrentar el mundo por si solo, al tiempo que terminó su carrera y consiguió su primer empleo. Llevaba viviendo de esta forma 7 años desde que se recibió como licenciado. En este tiempo tuvo múltiples crecimientos y adquirió experiencias. En su casa actual llevaba habitando por un año, mismo tiempo que en su empleo actual y que lo eligió por la cercanía. Todos los días se desplazaba en su Jetta color blanco muy cómodo e ideal para una persona con buenos gustos. Manejaba con bastante precaución y siempre con tiempo suficiente para llegar puntual a todos lados. Al llegar a su trabajo, en este nuevo día, encontró a su secretaria limpiando su escritorio muy tenazmente. De inmediato observó en el sofá el escrito que le había dado el día anterior. Con gran velocidad lo recogió y sostuvo en sus manos como si hubiera llegado con él. Susana, al verlo en la puerta terminó de limpiar y soltando lo que tenía en las manos, lo saludó muy normalmente como todos los días. Se acercó a él y con una voz suave le preguntó —¿Pudo leee mi historia?, ¿qué le pareció? —Aún no la termino.—Intentó improvisar un poco—tuve mucho trabajo por la tarde y no pude terminarlo. Observó a Susana y entendió que el pretexto no fue correcto ya que ella le agendaba el trabajo. —Pero me está gustando mucho, hoy mismo lo termino. -¡Gracias!—Exclamó contenta y dió la vuelta para salir.—Estaré afuera si necesita algo. Al verla salir y que la puerta se cerraba, suspiró. Entró, caminó al fondo y se sentó en la silla de su escritorio. Se recargó en el respaldo, cruzó las piernas y reposó un momento mientras meditaba la situación. A los pocos segundos abrió el escrito que llevaba en sus manos y se disponía a leer la primera página cuando el teléfono sonó. —¿Bueno?, ¿bueno?, ¿quién habla? Pero a pesar de la insistencia nadie respondía y esto empezó a desconectarlo. "Quizá haya interferencia o un empleado esté haciendo la broma. Decía en voz baja para consolarse. Colgó el teléfono aún con estas preguntas pero no le dió más importancia. Recordó que en un par de horas era el desayuno con su cliente favorito y decidió irse inmediatamente para no llegar tarde por el tráfico que tiene sometida constantemente a esta ciudad, y por supuesto, para salirse de su oficina lo antes posible. *** El desayuno con su cliente fue en un restaurante cerca de la av insurgentes sur. Se reunían ahí porque a ambos les gustaba la comida que se preparaba en ese lugar. La carne tenía un excelente sabor mientras que las bebidas eran refrescantes y exclusivas de ahí. La plática fue amena y raramente divertida, aún así, Isaac disfrutaba mucho desayunar con el señor Rubén. Un hombre de 55 años amante de la cultura y la historia. Muy culto, siempre buscaba impresionar con sus pláticas pero lejos de caer mal lograba captar la atención de todos e Isaac no era la excepción. Había aprendido algunas cosas de él en el tiempo que llevaba de conocerlo. Cosas que podía aplicar en el trabajo pero también en su vida en el día a día. Las relaciones fueron bien como siempre, llegaron a un acuerdo como vendedor y comprador pronto y sin disputas. El resto de la mañana la pasaron conversando de otros temas. Al finalizar, ambos se despidieron de la mano y tomaron sus rumbos. Esto fue lo más entretenido para Isaac en su jornada laboral. Regresó y salió un par de veces más a su oficina en el día, llevándose el guión consigo pero sin tocarlo siquiera para leerlo, solo para pasarlo de un lugar a otro. *** Al dar las 19:30 llegó a su casa y notó que era un poco más temprano de lo normal. Decidió encender el televisor mientras preparaba su cena. Alimentos ligeros y bien preparados como era su gusto para ese horario. Al terminar se sentó en la sala y pasó horas entretenido viendo documentales y la sección de noticias hasta que decidió ir a su habitación a dormir. La noche era algo fría lo que obligaba a tener dos cobijas y a no querer moverse de su posición encogida. Poco a poco logró adaptarse al punto de quedarse dormido. Pero como si fuera broma, alguien tocó su puerta muy fuerte, tanto que lo despertó inmediatamente. Intentó ignorar por un momento pero los toquidos eran insistentes y convencidos. Se colocó una cobija en la espalda, se puso sus sandalias y con gran molestia se dirigió a ver quien tocaba tan insistente. Al abrir, miró a un hombre de su altura pero más robusto, facciones engreídas, cabello corto de color café y con un abrigo gris que lo mantenía muy caliente. Al verlo, y ver su abrigadora ropa, le recordó la molestia de haberse levantado con ese frío. —Buenas noches señor, mi nombre es Héctor Martínez.—Dijo el hombre sin dejar de verlo a los ojos.—Soy policía y vengo por parte del ministerio. Mientras hablaba, mostraba su placa con su mano derecha. —Buenas noches.—Respondió el anfitrión también mirándolo a los ojos.—¿Qué puedo hacer por usted? Trataba de ser rápido para retomar su descanso. —Vengo a hacer una revisión y unas preguntas para usted.—Dió un paso adelante.—Estamos investigando debido a que hay 10 reportes por el mismo motivo. —¿Cuál es ese motivo?—Preguntó frunciendo el seño. —Si usted me invita a pasar… se lo diré con calma. Respondió el policía que deseaba entrar por dos motivos. Uno de ellos era parte de la investigación observar el lugar. El segundo, era para calentarse un poco. Los dos entraron, uno más molesto y el otro sintiendo alivio por el intenso frío de afuera. —Sucede señor.—Decía Héctor mientras se sentaba en el sillón favorito de Isaac.—Tenemos varios reportes de los vecinos, han estado recibiendo llamadas molestas donde les agreden verbalmente e incluso los extorsionan. Estas llamadas se registraron en la última semana y lo más inquietante es que les dieron datos verídicos, como si alguien los siguiera o supiera donde viven.—Se tomó las manos en señal de seriedad.—Al interceptar las últimas dos llamadas después de sus denuncias, nos dimos cuenta que coincide el número de teléfono y al investigar…—Lo miró a los ojos. —Todas las llamadas han salido del teléfono de esta casa. —¿Cómo dice?—Respondió más estresado y enojado que nunca.—¿Cómo se atreve a venir a mi casa tan tarde y decir que los vecinos se quejan de mi porque hago llamadas tontas? Yo estoy fuera todo el día, no tengo tiempo para eso. —Sus palabras las puedo confirmar con las declaraciones de los vecinos. Ellos dijeron que usted vive solo y llega entre 21:00-21:30 diariamente.—Se levantó bruscamente.—¿Quién puede estar usando su teléfono?, ¿quién tiene acceso a su casa? —Señor Héctor, le pido que se retire de mi casa.—Se levantó muy molesto.—¡No seguiré este juego tonto! Héctor se vio forzado a retirase pues no podía invadir por la fuerza un hogar sin una orden, pero al irse insistió en que avisara si veía algo raro y que lo más sencillo era colaborar. También le advirtió que regresaría y vigilaría la casa. Luego de azotar la puerta tras la salida del policía, Isaac regresó a su cama mientras gritaba consigo mismo. "¡Resulta que hago llamadas tontas!, ¡Policías ineptos! Y con el coraje se fue a dormir nuevamente, esta vez sin ser molestado.
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