A la mañana siguiente al despertar, recordó con claridad lo sucedido y sin pensar en hacer mención o darle importancia se dirigió al trabajo.
Al llegar a su inmensa rutina miró a Susana y recordó el escrito que no tenía ninguna intención de leer, ni siquiera recordaba dónde lo había dejado.
—Buen día Susana.—Dijo muy serio—¿Qué tenemos de trabajo hoy?
—Será un día tranquilo señor, la reunión de las 12 se canceló y no hay pendientes.
—Muy bien, estaré en la oficina.
Era evidente su mal humor, incluso más que en otros días.
Se encerró en su oficina meditando más que otras cosas, el suceso con el policía y el sentirse vigilado por él, sin motivo.
—Rin, rin, rin…
El teléfono sonaba y sonaba ahora con mucha más frecuencia y durante todo el día. Colgaba y descolgaba pero nadie respondía lo que hizo aumentar su enojo.
—¡Susana!—Gritó con furia.—¡Ven ahora mismo!
—¿Qué sucede señor?—Entró rápidamente y con una voz asustada.
—Este teléfono me está enloqueciendo, todos los días suena y nadie responde.—En sus ojos podía verse un profundo enojo.—Necesito que alguien revise la línea inmediatamente.
Susana lo miró desorientada pero le respondió con cortesía.
—De inmediato llamaré a alguien, ¿Necesita algo más?
—Nada gracias, saldré un rato.
Se fue muy enojado, el estrés por esta situación lo estaba consumiendo. Era evidente que no podía seguir pasándolo por alto, eran demasiadas casualidades, había llegado el momento de analizar y ponerle una solución.
Al atardecer se dirigió a su casa pero esta vez con el proceso psicológico que alguien lo seguía por todos lados.
Veía una camioneta negra cada vez que miraba atrás, sin importar que se metiera por retornos o que regresara en alguna calle.
Esto no le impidió poner el rumbo fijo a su casa.
Justo cuando abría la puerta, el teléfono comenzó a sonar y esto le ocasionó un estrés inmediato. Se acercó para responder pero pasaba lo mismo que en la oficina. Esto se repitió por tercera ocasión y decidió dejarlo descolgado.
El temblor en sus manos reflejaba su profundo nerviosismo y aumentó cuando escuchó que la ventana de su habitación azotaba constantemente lo que provocó que derramara un vaso él mismo. Se sintió tan frustrado que casi quería llamar a la policía, pero dada su mala experiencia decidió no hacerlo.
A los pocos minutos, como si el destino lo quisiera o si él lo llamara con la mente, el oficial Héctor tocó su puerta.
—Buenas noches señor Isaac, ¿Puedo pasar?
—Si, entre oficial.—Le dió un saludo más cordial que en la última ocasión.
—Como le había avisado, estuve recorriendo la colonia para ver si alguien se metía a su casa.—Continuó mientras caminaba y recogía del piso el vaso roto que había quedado ahí.—Yo no pude ver nada pero los vecinos siguen recibiendo llamadas y empezaron a vigilar si usted venía temprano.
Empezó a subir las escaleras, sin duda algo buscaba.
—¿Busca algo oficial?—Intentaba detenerlo pues sentía que invadía su privacidad.
—Estoy observando su casa, es muy bella, muy grande…ideal para que habite más de una persona.—Lo miró fijamente como era su costumbre.—O esconder a alguien.
—Le dije que vivo solo aquí y solo estoy por las noches.—Lo alcanzó en las escaleras.—¿Por qué no me cree?
—Los vecinos aseguran,—lo tomó de los brazos mostrando un poco de autoridad—que otra persona entró aquí en repetidas ocasiones.
—¿Cómo dice?—Preguntó sorprendido y enojado.—Pues si lo hizo debe ser un ladrón.
—Entró aquí con llaves como si viviera aquí.
Isaac se quedó desconcertado, no sabía cómo reaccionar ante aquello, la situación era grave y sin duda las llamadas también las recibía él.
—Puede acompañarme y ver los videos donde la persona entra. Así podrá verlo usted mismo.
—¡Retírese de mi casa!—Le decía mientras lo aventaba a la puerta agarrándolo del brazo.
—¿Vamos a hacer este juego otra vez señor?—Respondió Héctor un poco calmado, era como un sabueso olfateando que estaba próximo a resolver el caso y acorralar a su víctima.—Cada que hay algo que no puede explicar usted simplemente me corre.
—Usted no me está ayudando, me está culpando.—Le contestó con una voz a punto de doblarse.—Salga de aquí.
—No me iré sin las respuestas.—Lo tomó también del brazo para imponer que era más fuerte.—¡Confiese, ya está hundido!
En ese instante los dos escucharon como se cerraba la ventana de la habitación.
Corrieron hacia arriba y al llegar vieron la ventana abierta, siendo esta del tamaño ideal para que alguien saliera de ahí. Se asomaron pero no vieron a nadie correr por las calles.
—¿Seguirá negando su complicidad y acciones?—Quería imponerse psicológicamente.—No complique más esto y le irá mejor.
Pero Isaac no podįa hablar, solo mostraba una mirada desconcertante, no tenía idea de lo que pasaba.
—¡Acompáñeme a la delegación!
Ordenaba Héctor, pero Isaac seguía en shock y al no ver respuesta el policía lo jaló para llevárselo.
En esos momentos Isaac decidió poner resistencia.
—Déjeme tranquilo, yo no sé nada.
Logró zafarse de los brazos policiacos y se hizo para atrás. Héctor lo persiguió hasta tomarlo de nuevo y aprisionarlo en el barandal. El forcejeo seguía cuando escucharon que alguien tocaba la puerta y esa distracción hizo que Isaac diera la vuelta aventado al policía.
Sin buscarlo, este cayó del barandal hasta el primer piso estrellándose en la mesa de cristal que estaba abajo provocando un gran impacto y un inmenso ruido.
Isaac se llevó las manos a la cabeza mientras observaba lo que había hecho, la puerta seguía sonando llenándolo de más presión a cada instante.
Bajó las escaleras y con gran terror corroboró que Héctor no mostraba signos vitales. La desesperación se apoderó de él y dirigiéndose a la puerta intentó salir para correr alejándose de ahí.
Al abrir la puerta pretendía no detenerse pensando que los refuerzos del policía habían llegado. Con gran sorpresa se detuvo por la persona que estaba afuera y que reconoció de inmediato.
—¡Susana!, ¿Qué haces aquí?
Preguntó con una voz temblorosa a su secretaria quien estaba en su casa sin ningún motivo aparente.
Sin que la invitara decidió pasar.
—Vine porque sentí que me necesitabas—Dijo muy tranquila.—Mírate, parece que te han asustado.
Él no pudo más y sintiendo en ese momento un gran refugio en ella se recostó en su hombro, la abrazo y llorando le dijo.
—¡No puedo más!
Él cayó enfrente de mí, el teléfono, la ventana… no se que me pasa.
Después de unos momentos de desahogo, recapacitó lo que dijo y pensó que Susana estaba aterrada por lo que le contaba pero ella parecía muy tranquila y no se veía afectada al ver al policía tirado. Al contrario, se acercó a él, tomó una servilleta y tocó su garganta para comprobar que no tenía signos vitales.
—Tranquilo, te voy ayudar.—Lo miró mientras acariciaba sus brazos—¿Conoces algún lugar donde podamos dejar el c*****r?
Isaac sintió mucho alivio con esta palabras y trató de pensar rápidamente
—Tengo un rancho que está deshabitado cerca de la carretera a Puebla.
—Entonces ayúdame a subir el c*****r con cuidado a mi carro.—Pidió Susana mientras lo cubría con una sábana blanca.
Tomaron el cuerpo sin vida y lo subieron al carro. También algo de ropa y dejaron bien cerrado para dirigirse al rancho.
Después de 3 horas de trayecto y angustia, llegaron y de inmediato percibieron una gran tranquilidad.
El temor iba disminuyendo poco a poco.
—Debemos desaparecer el cadáver.—Dijo Susana.
Se dirigieron a un cuarto apartado muy cerca del establo guiados por él y ahí contemplaron una gran máquina llena de cráneos de distintos animales alrededor. Un olor muy fuerte les llegó de inmediato e Isaac se apresuró a encender la máquina que utilizaban para moler carne de animales.
Susana, con gran trabajo, comenzó a meter el cuerpo del policía ahí. Sonreía mientras la sangre salpicaba la pared e incluso un poco cayó en su pierna izquierda. Isaac, con gran incertidumbre, no se movió ni un instante de la pared donde estaba el botón de encendido mientras observaba aquello.
Susana se acercó para tomarlo de la mano.
—Vamos a dormir, debes estar muy cansado.
Isaac accedió y caminaron juntos a una de las recámaras de aquel desértico y ahora perturbador lugar. Al entrar, Susana cerró la puerta y lo recostó. Le ayudó a quitarse la ropa y ponerle una nueva, terminó y se acostó a su lado.
Lentamente lo acarició mientras besaba su cuello y suavemente subió sus labios a la boca besándolo con gran pasión y al final logró tener relaciones con él.
Al amanecer, Isaac ya estaba más tranquilo, todavía sentía la satisfacción de la noche anterior Trataba de seguir relajado para no pensar en lo vivido pero por más que quería ignorarlo, en su mente pensaba la situación que lo había llevado a ese rancho alejado con su secretaria. Las preguntas empezaron a formularse mientras la veía dormir a su lado.
"¿Cómo llegó a su casa?, ¿por qué lo ayudó tan fácil?, ¿acaso era una trampa y la policía venía en camino?, ¿qué tenían que hacer ahora?
Susana se levantó y con suave voz le dijo que haría el desayuno. Con su gran amabilidad y ganándose su confianza le convenció de quedarse más días en aquel lugar, siguiendo la misma rutina: durmiendo juntos, desayunando, platicando, conociéndose.
El rancho llevaba 2 años deshabitado pero con la gran cantidad de cosas que ahí había, lograron una estadía muy placentera.
Pasaron 5 días en los cuales Isaac no resistió más a tan tentativa forma de vida y decidió regresar ya que su trabajo y familia debían estarlo buscando.
Se mostraba impaciente por llegar a la ciudad, estaba mucho mejor, más tranquilo y sobre todo, con un profundo agradecimiento a Susana, la cual seguía mostrándose muy seria pero amable con él. Al verla cocinar en esos días, pudo contemplar su hermosura.
Pero aquel remordimiento en su mente le impedía pensar en algo más en su vida. Así que decidieron subir al carro y pusieron rumbo a casa.
El camino fue más ligero y placentero esta vez, plática amena, música y algunas risas, pero Isaac sentía que había defraudado la confianza de tan leal persona cada que recordaba el escrito que nunca leyó y que ni siquiera sabía donde lo había dejado.
Al llegar a la ciudad pasaron primero por casa de Susana e Isaac pidió que lo dejara ahí y él tomaría un taxi para que ella no tuviera que ir más lejos y no cansarse después de manejar tanto tiempo.
Ella accedió y él se bajó dándole las gracias y se fue después de darle un beso en la mejilla.
Llegó a su casa y la encontró tal y como lo imaginaba después de abandonarla por cinco días. Caminó a la sala y aún estaban los cristales rotos de la mesa con sangre seca de Héctor el policía.
Siguió mirando y llegó a su sofá favorito encontrando unas hojas con un título que ya había visto antes “El Guion”.
Era sin duda el escrito que Susana le había dado para que lo leyera. ¿Cómo había llegado ahí si él lo dejó en la oficina?, ¿quién lo trajo?, ¿alguien había entrado a su casa recientemente?
Con tantas preguntas comenzó a leerlo. Cada frase era producto de terror. El escrito contaba exactamente cada parte de todo lo vivido los últimos días, tan detallado como si lo hubiera escrito él mismo. Cosas básicas en su día a día, otras más privadas como las cosas anormales que le sucedieron; las llamadas, los apagones, el vaso que se rompió y que luego ya no estaba, la muerte de Héctor, la llegada de Susana y el encuentro amoroso en su rancho. Todo redactado y escrito por su secretaria descubriendo que todo su plan, las llamadas, el policía, la huida, los momentos en que entraba a su casa, todo para poder estar cerca de él.
Isaac se desconcertó demasiado, quizá si lo hubiera leído habría detenido todo pero no, ignoró el escrito tal y como Susana lo había planeado.
Confesando que lo hizo porque lo amaba profundamente y no sabía cómo acercarse a él.
Todo estaba escrito en ese guion. La última parte decía: "Él la aceptó, la perdonó después de todo, se casaron y vivieron felices toda la vida en su departamento.
Justo al terminar de leer esta parte alguien tocó a su puerta…FIN
***
—¡Excelente historia!, no cabe duda que tienes un don para esto.—Decía regocijante—has ganado un día mas de vida, puedes hacer con él lo que te plazca. Pero mañana por la noche volveré por otra historia o por tu alma, así que más te vale que sea igual de buena. Yo tengo todo el tiempo del mundo y ¿Tú, cuánto tienes?
El diablo se alejó de la mesa y del bar tan rápido que parecía había desaparecido.
Inmediatamente Sandra volvió a respirar sin sofocarse y su cuerpo se puso tan flojo por haberla librado ese día. Pero tenía el presentimiento que lo peor estaba por venir.
Aprovechó para terminar su bebida en esa noche, reflexionar sobre su vida y que esta estaba a una línea muy delgada llamada noche de terminar.
Observó su entorno y que las personas habían dejado de prestarle atención, el cantinero seguía en lo suyo, las personas seguían bailando y sus acompañantes reían en otra mesa.
Poco a poco se iban las personas pues la noche estaba por terminar. Sandra no quería ser la última y quedarse sola. Se acercó con el cantinero para cobrar la cuenta y este ni siquiera la recordaba. El diablo había borrado sus mentes, se había tomado muy enserio el disfrutar la historia sin interrupción.
Al final, su noche estaba completa y lo único que quedaba era ir a su enorme casa, aún con dudas por no querer estar sola y repetir los estragos de ese tormento vivido recientemente.
Sin demoras, manejó con la música a todo volumen para relajar su mente y llegó a su casa.
Aún para entrar lo pensó un poco pero recordó el nuevo acuerdo y confió que estaría sin visitas inesperadas hasta la noche siguiente, así que abrió y recorrió su casa lentamente.
Lo valoró más que antes, más que cualquier otro momento de esos seis meses. Quería moverse disfrutando cada mueble, cada logro, sentarse en cada sillón, recargarse en cada pared y disfrutarlo todo.
Así hasta que llegó a la cama y sin quererlo y pensando en todo lo vivido se quedó dormida.