Demian Stoker. –Buenos días, señorita Hanna. –saludé cuando la vi llegar, se veía radiante, los años en ella solo habían incrementado su belleza. Se notaba sonriente, la idea de que el hombre con el que estuvo anoche la haya tocado, me removía las entrañas, pero debía fingir ser profesional, disimular… porque honestamente, me moría por acorralarla contra la pared y besar sus suaves labios. –Buenos días Mr. Stoker. –me dijo sin mucho interés. > pensé. –Te ves un poco agotada, ¿todo bien? –me atreví a cuestionar. –Mi vida personal no le compete. –me recalcó y, Hanna siempre había sido buena para poner límites, pero la conozco perfectamente, está haciendo esto porque mi presencia le inquieta demasiado. –Tiene razón. –sonreí. Se giró. –Bien, comencemos. –afirmó enseñándome tod

