Hanna Harrison. –El que ustedes perdonen e incluso consientan las infidelidades de sus esposos no significa que yo lo haré. –les aseguré, porque me mantendría firme a mi decisión, estas mujeres no saben reconocer lo pesado que es cargar con este garrote que nos aleja de la felicidad. –Patrañas Hanna, nada que otras cosas no puedan compensar. –exclamó Esther. Sí, en sus palabras encontraba de forma implícita: dinero, viajes y artículos banales. –Estoy de acuerdo con Esther. –añadió Mariane, una mujer que se esconde en drogas y alcohol. –Por supuesto, somos el sostén y apoyo de nuestros maridos. –terminó Alicia la dama que cree que no sabemos que su esposo la golpea. Hice un mohín con la boca y eché un gran suspiro. –No me retractaré. Todas me fulminaron con la mirada, porque la

