Abro los ojos y me toma unos minutos acostumbrarme a la claridad. Anoche se me olvidó cerrar las persianas el sol se ha colado dentro. Me siento en la cama aferrándome al colchón con ambas manos. Tomo un par de respiraciones, se me ha puesto la piel de gallina. Se que debí escribirle, dejarle algún mensaje. Pero ¿Qué podía decirle? Me pongo de pie, estiro mi hombros y giro la cabeza. La saliva sabe amarga en mi boca pero ya me siento mejor que ayer. Observo el reloj y recuerdo que ya hice planes. Necesito compensarla y esa es una manera perfecta de hacerlo. Quince minutos estoy sobre mi motocicleta recorriendo las calles que me llevan hacia ella. Imagino su rostro al verme de pie frente a su puerta. Podría cerrarme la puerta en la cara al verme o ni siquiera abrirme. Sin embargo, es un

